El Ciudadano Yoss

Foto: Fernando Medina Fernández / Cachivache Media.

Por: Yudith Vargas Riverón (Tomado de Cachivache Media)

Mi primer día de estudiante universitaria lo recuerdo perfectamente porque fue raro. Era septiembre del año 2008 y yo estaba triste y –para qué negarlo– asustada. La corta distancia entre mi facultad y la beca se cubría caminando en unos 20 minutos. Sin embargo, como toda guajira recién llegada a La Habana, decidí montarme en uno de esos aparatosos ómnibus chinos. Por suerte, los “camellos” habían pasado a mejor vida, si es que alguna vez tuvieron una buena.

En la misma parada donde yo estaba, abordó el vehículo un personaje variopinto. Tenía una edad indefinida, mediana estatura, de complexión atlética, melena heavy metalera, camisa de mezclilla abierta sobre un pecho no muy velludo. Llevaba un pañuelo anudado a la cabeza, en una franca imitación de Axl Rose, pensé. Y las botas de cuero de alta caña no parecían aumentarle la temperatura corporal, si bien todos sudábamos plomo derretido esa mañana. Como yo, iba leyendo un libro, pero era un título de ciencia ficción.

En aquella época ese género no me llamaba demasiado la atención. Aún no sospechaba que ese mismo personaje jugaría un papel trascendental en mis preferencias literarias. Noté que las personas en la guagua lo miraban descaradamente, sin el disimulo que dictan todas las normas del decoro. A él no parecía importarle, o tal vez ya estaba acostumbrado a las miradas extrañas y extrañadas. Esa rara situación duró sólo unos minutos. Al apearse en la parada del hospital materno de Línea, lo vi besar en los labios a una joven de aspecto élfico que lo esperaba bajo una multicolor sombrilla.

Y pasó el tiempo y pasó un águila sobre el mar. Luego, llegó febrero, y con febrero, llegó la Feria Internacional del Libro de 2009. Entre los títulos vendidos como pan caliente, sobresalía uno en particular: “Pluma de León”. El autor se hacía llamar Yoss, y era la primera vez que leía algo sobre él. Me pareció interesante que usara un seudónimo y no su nombre de pila, como todos los escritores cubanos que yo había leído hasta entonces. Pero él era un escritor diferente.

Me sorprendió lo explícitamente erótica de esta novela de ciencia ficción, al tiempo que caía en largos y profundos debates filosóficos sobre el ser, la xenofobia, la “otredad”, y el sexo en sí.

Recordé algunos puntos en común con cierta animación erótica nipona. Me sorprendió el estilo del autor, su desfachatez, su desacralización del status quo. Y lo sospeché valiente. Un amigo me comentó que conocía personalmente al escritor en cuestión. Le pedí organizara una cita: quería un autógrafo del responsable de tamaña profanación literaria en nuestro país.

El encuentro ocurrió varios días después. Libro en mano, asistí con el amigo a la casa del escritor. Nos recibió en un primer piso del Vedado habanero el mismo personaje extraño que varios meses atrás montó en la guagua: era, claro está, el Yoss. Esa vez, no llevaba sus abalorios de friqui, sino simplemente un diminuto short azul prusia… y nada más.

Con una voz a medio punto entre tenor y barítono, nos mandó a pasar. Contrastaba demasiado su semidesnudo aspecto con lo correcto de su comportamiento y hablar. Era tan incongruente como un dandy inglés decimonónico bailando timba en el Salón Rosado de la Tropical. Aquello no tenía ningún sentido.

Muchos años después –porque aquel fue el inicio de una amistad que perdura hasta hoy– bromearíamos con la idea de lo difícil que es atribuirle alguno de los falsos estereotipos clásicos del escritor: gordo y borracho. De su vida, conozco la parte que todos conocen, supongo. Nombre: José Miguel Sánchez Gómez (suena fatal para un escritor de ciencia ficción, donde sobresalen nombres menos “castizos”). Lugar de nacimiento: La Habana, 1969. Estudios realizados: graduado de Biología en la Universidad de La Habana en 1991. Ocupación: escritor a tiempo completo; cantante de la banda de rock´n roll Tenaz a tiempo parcial; fisiculturista por elección; judoca y karateka amateur por vocación.

Su sobrenombre lo debe a una cruel profesora, medio fañosa, que le tenía manía. En vez de llamarlo “Jose” (sin tilde, como se les suele llamar en Cuba a todos los “José” del mundo) el sonido estrangulado y nasal que brotaba de la garganta de la maestra era –sin embargo– “Yoss”. Y Yoss se le quedó. Se podría incluso afirmar que José Miguel eligió el nombre con el que sería luego reconocido –en la isla y fuera de ella– para burlarse un poco de esa docente que nunca aceptó ni comprendió a ese alumno “rarito”. Hoy día, los lectores del género fantástico en Cuba reconocen en Yoss a uno de sus principales autores, con una enjundiosa producción que ha sido publicada dentro y fuera del país. Los premios y reconocimientos le sobran, por demás.

Su prestigio en ese ámbito queda fuera de toda duda: ha sido antologador, compilador, editor y co-autor de varios títulos. Fue el único escritor cubano elegido para formar parte de la saga rusa “Metro 2033”, un proyecto que aúna a varios autores del mundo entero con el propósito de crear noveletas futuristas cuya trama se desarrollan en un metro post-apocalíptico. Con la literatura del Yoss, decidí darle una oportunidad al género fantástico. Fue entonces que leí a Assimov, Terry Pratchet, George R.R. Martin, Daína Chaviano, F. Mond (Félix Mondéjar), J. R. R. Tolkien, Scott Card y Suzanne Collins.

Entrevistarlo –más que una satisfacción– era un deber casi sagrado. Unas semanas atrás, coincidimos en el Submarino Amarillo, donde acordamos una cita. Fue difícil encontrar el lugar: el Yoss no bebe café, ni alcohol, y entrevista que se respete requiere de algún lubricante social. Pero es adicto al chocolate, de manera que nos vimos unos días después en una dulcería. Así, brownie mediante, comenzaron mis preguntas encaminadas a “sacar” a la persona Yoss, no al personaje urbano, ni al escritor famoso.

Yudith Vargas (YV): Quienes conocen al escritor Yoss, desconocen al ser humano José Miguel Sánchez Gómez. Háblame de tu infancia, del rock and roll como tu filosofía de vida, y el porqué de la ciencia ficción como medio expresivo en tu literatura.

Yoss: Yo me crie en un barrio donde había dos niveles de cultura. En mi casa, gracias a mi abuela y a mi padre, lo único que se oía era música clásica. Mi abuela tenía una buena colección de discos de ópera. Crecí escuchando Berlioz, Pergolesi… pero cuando bajaba por la cuadra, los socios míos del solar lo que oían era Los Muñequitos de Matanzas. Y se armaban tremendos titingó y tremendos bembé en la esquina de mi casa. Hasta los once años pensé que la música se basaba sólo en esos dos extremos.

Entonces Sacha, el hijo de una rusa y un cubano que vivían en los bajos del edificio, me prestó el primer cassette de rock and roll que escuché. Era un variado con Led Zeppelin, KISS, Van Halen, y yo me quedé fascinado porque esos temas tenían la fuerza de la cultura popular y su espontaneidad, y al mismo tiempo la sofisticación de la música clásica. Empecé a pedirle más cassettes a Sacha. Después de varios meses de escuchar rock, mi vecino ruso-cubano me prestó una revista de rock and roll soviética, del año 79. Estaba en ruso, pero con mucho trabajo y con la ayuda de un diccionario, yo iba descifrando el nombre de las bandas.

Entonces descubrí que aquella gente que tocaba esa música maravillosa vestían como los héroes de mi infancia: Sandokan y el Corsario Negro. Usaban melenas, usaban muñequeras, cinturones anchos, usaban collares. Y pensé: “yo quiero ser así”.

Antes de eso había pensado: “qué bueno sería andar por ahí como Sandokan, pero van a pensar que estoy loco, y ¡yo no estoy loco! Bueno, al menos no tanto”. En el año 80, decidir ser roquero en Cuba no era tan complicado como lo fue en los 70, pero desde luego, no era nada fácil. Tuve que esperar a terminar el preuniversitario en el año 86 y entrar a la universidad en septiembre de ese año, con una discreta melenita. Eso me costó meses de llevar el pelo doblado hacia dentro con presillas, para disimular.

Creo que mi gusto por el rock, lo mismo que por la ciencia-ficción, viene dado por mi carácter contradictorio y rebelde. Mi abuela me decía que yo era un espíritu de la contradicción. Siempre me trato de preguntar: “¿y si lo hiciéramos de otra manera?” Básicamente la ciencia ficción surge de la pregunta “qué pasaría si… ?”.

Yo comencé a escribir ciencia ficción en 1984, justamente luego de que mi padre regresara de su expedición habitual del verano por todas las librerías y me dijera: “Oye, no hay ningún libro de ciencia ficción en las librerías que no hayas leído”. Y me pregunté: “¿¡cómo es posible!?”. Y entonces hice como Clark Kent cuando se convierte en Superman: me rasgué las vestiduras y me dije: “Pues yo los escribiré”. Debía ser muy fácil, pensé.

Mirando ahora en retrospectiva, tal vez si yo hubiese vivido en EE.UU. –donde se publican decenas de historias de ciencia ficción todos los días– probablemente nunca hubiera podido escribir o publicar mis libros. O tal vez sí. Porque en este mundo la diferencia entre público pasivo y activo y los creadores es mínima. Casi todos los creadores son un público lector que descubrió un buen día que también podía ser escritores.

YV: ¿Cuán difícil es ser roquero, escritor, cantante de rock y sobre todo, qué implica ser EL YOSS?

Yoss: Un amigo me dice: “¿dónde te ponen tu estatua?” Yo le respondí: “en la cola del Coppelia, levantando la mano y pidiendo el último”. Creo que cuando uno decide ser uno mismo, cuando decide no prestarle atención a los comentarios de la gente, uno se siente muy libre. Y al mismo tiempo –pa´que negarlo– uno se siente un poco segregado.

Luego te das cuenta que no eres tú el segregado: ¡son ellos! Has pasado al otro lado de la línea sin regreso y empiezas a mirarlos así con pena… ¡pobrecitos! Siguen poniéndose las ropas que se usan por moda, aunque no les quede bien.

YV: ¿Nunca te has sentido bicho raro?

Yoss: Me he sentido bicho raro, pero no entiendo por qué la gente no es como yo. Alguien me preguntó una vez, que si todo el mundo se vistiera como yo, cómo me iba yo a vestir. “Probablemente igual”, le respondí. Hace mucho tiempo elegí una manera de vestirme, de ser, que es un poco “mi alma externada”. Si las demás personas comienzan a vestirse como yo, pensaré en primer lugar que estoy marcando tendencia. Lo mejor sería que cada cual decidiera vestirse como es. Para mí es una gran experiencia cada vez que visito ciudades como New York o Londres, donde todo el mundo viste como le da la gana: nadie mira al tipo que va caminando por el centro de Londres con una antena sobresaliente de su bombín.

YV: ¿Será que los cubanos estamos poco condicionados para aceptar lo diferente?

Yoss: Durante mucho tiempo ser roquero fue sospecho. Escuchabas música en inglés (el idioma del enemigo) y de alguna manera el estilo de vestir roquero –a la mirada de los pocos entendidos– negaba el concepto de “hombre nuevo”. Se entendía como una forma de protesta (¿contra qué?) y ya aquí se hizo una Revolución, no hay que rebelarse contra más nada. Eso, olvidando que los propios rebeldes fueron unos de los que impulsaron el paradigma de la barba, el pelo largo, como atributos de libertad, de no seguir el modelo estándar burgués: ir afeitado y correctamente pelado, trajeado. Gracias a la Revolución cubana se regresó al origen de ese concepto casi medieval de dejarse crecer libremente el pelo, hasta que encuentre su propio acomodo.

Es curioso que normalmente la gente que se rebela contra algo, cuando llega al poder, por miedo a perderlo acaban reprimiendo a los mismos que se rebelan contra lo que ellos una vez lucharon. Hay una frase de Kafka que dice “quien está dispuesto a sacrificarse en nombre de una idea, demasiado a menudo está más dispuesto todavía a sacrificar a otros en nombre de esa idea. Ese único paso es lo que separa a un mártir de un verdugo”. Cuando una persona muere luchando por sus ideales es magnífico; cuando una persona triunfa y está decidido a mantener los ideales por los que luchó, se convierte en el represor de los otros como él que piensan distinto. Si en el caso hipotético que fuera el Rey de Cuba, y me preguntasen acerca de nuestro código de vestimenta, yo jamás diría: “todo el mundo se tiene que dejar el pelo largo”. “Como les dé la gana”, diría.

YV: Recuerdo una entrevista en la televisión acerca del síndrome de Peter Pan donde te autodeclarabas negado a crecer. ¿Hoy día mantienes esa actitud ante la vida?

Yoss: Al final de esa entrevista la gente me cuestionaba y me decía: “bueno, Peter Pan al final encontró una Wendy”. “Yo supongo –les dije– que en algún momento tendré una Wendy. Mientras tanto sigo probando con la sirena, con Campanita, la princesa india”. Pocos meses después de aquello encontré mi Wendy. Hace 7 años que vivo felizmente con Dania, que creo es la mujer de mi vida. Tiene un montón de cualidades que no suelen tener las mujeres, no sólo las cubanas sino las de ninguna parte: es tolerante, es amable, no es celosa. Ella me ha permitido seguir siendo yo de esta manera. Decidí no tener hijos porque la vida del escritor freelancer es muy azarosa económicamente. La mía, dentro de lo que cabe, puede considerarse afortunada.

YV: Eres el escritor cubano de ciencia ficción más publicado dentro y fuera de Cuba. Eres uno de los que más premios y reconocimientos ha alcanzado también.

Yoss: Muy a menudo digo que yo vivo del cuento. Lo cual en realidad significa que me muero de hambre con cierta dignidad. Mi vida se parece –económicamente hablando– a la de Tarzán: me voy moviendo de liana en liana y abajo están el león, el leopardo, el cocodrilo, tratando de comerme. Pero como Tarzán era el héroe nadie lo tocaba. Y yo voy de un premio, al pago de una publicación, a un jurado, o una conferencia y de vez en cuando entre una liana y la otra hay un gran espacio y caigo y me destarro y me muerde el león.

Pero gracias a mi esposa, hemos llegado a un acuerdo. Ella tiene un buen salario, y me ha dicho: “mira, yo me he dado cuenta que tú nunca estás deprimido, nunca tienes mal humor, no tienes problemas existenciales. El hecho de que a menudo no tengamos dinero es un precio que tenemos que pagar porque tú eres mi apoyo emocional”. Entonces nuestro contrato social de pareja es: ella con su salario mensual mantiene la casa. Así, cada vez que yo cobro dinero, que gano un premio o algo, yo pago los lujos. Eso no evita que a veces me diga: “oyeeeeeee, ¿cuántos meses hace que no te cae un premio?!” Porque nadie nunca es tan bueno que ponga siempre la tercera mejilla. “Caray, llevas tres meses viviendo de chequecitos de 200 pesos”, me dice entonces Dania. La vida del escritor es una sorpresa. Y a veces, sencillamente, es así.

YV: El Yoss, el personaje urbano. ¿Quién es? ¿Cómo es?

Yoss: El Yoss es una persona que tiene rutinas. Se levanta por las mañanas en la casa de la esposa y va a visitar a su madre, le enciende el motor del agua, llama a la esposa por teléfono desde la línea fija en la casa de su mamá (todavía el Yoss no tiene teléfono fijo). Después me voy al gimnasio, bajo todos los días por la calle L…

YV: Resulta asombroso que Yoss no beba alcohol, no fume, no tome café…

Yoss: Ni fumo, ni tomo café, nunca en mi vida he consumido drogas.

YV: Estás bien lejos del estereotipo del roquero.

Yoss: Del roquero con el cerebro hecho papilla porque no se sabe qué sustancia alucinógena consume. Yo soy un obseso del deporte, tengo cinturón negro en judo y en karate, le dedico dos horas diarias a entrenarme. Incluso cuando obtuve mi cinturón negro en judo me propusieron formar parte de las brigadas de respuesta rápida. La verdad que no sería negocio: no me veo en La Tropical cuidando un concierto de Pupy y los que Son Son. Para eso hay que tener una mentalidad especial, y no solo destreza física. Hay que tener el síndrome de micro-poder que es el que tienen los porteros de discotecas: “tú pasas, tú no, tú tampoco…” y cuando me pregunten el porqué: “porque me da la gana a mí”.

YV: ¿Eres feliz?

Yoss: Totalmente. De hecho, hace muchos años me cuestioné qué era más importante en la vida: ¿tener dinero o ser feliz? Noté que muchas personas tenían mucho dinero, pero no eran felices. Que con el dinero compraban sucedáneos de la felicidad. Nunca en la vida voy a tener tanto dinero: easy comes easy goes. Pero soy una persona feliz.

Vivo haciendo lo que me gusta, vivo escribiendo. Ser escritor me funciona como la coartada perfecta para poder estudiar lo que me da la gana. Si de pronto estoy estudiando cuáles son los patrones rítmicos de composición de los valses peruanos, en la Biblioteca Nacional me miran asombrados y yo les digo que estoy acumulando información para un libro: que algún día escribiré sobre eso. Todo puede acabar convirtiéndose en un libro. A menudo uno tiene intereses que son algo así como el violín de Ingres: una segunda afición. Yo tengo un libro de educación científica, La espada y sus historias, que fue el resultado de toda una vida de estar interesado en las espadas y en la evolución de las espadas a través de distintas culturas.

YV. ¿Qué significa para ti Japón? Mi amiga Yuko Mita tradujo uno de tus libros al japonés. ¿Qué se siente ser un autor publicado en idioma japonés?

Yoss: Mira, para mí como escritor de ciencia ficción, lo más parecido que hay a una cultura extraterrestre en este planeta es Japón. Es lo más lejano a nuestros patrones occidentales. Al mismo tiempo, como practicante de artes marciales, es algo así como la Meca para un musulmán. También tengo mucha relación personal con Japón. Cuando yo tenía 7 años mi padre se pasó 8 meses allí. Yo había visto animados y comics de robots. Era el año 1977. Pintaba robots gigantes que se convertían en otras cosas, en árboles, en animales. Nunca en autos, no se me ocurrió la idea de los transformers.

Japón para mí es un sueño. No es que estoy haciendo mi sueño realidad, pero ya comienzo a “arañarlo”. Ayer justamente me llegaron tres números de una revista de fantasía y ciencia ficción que se publica en Japón. Tiene un largo apartado dedicado a latinoamericana. Y precisamente el autor que eligieron para ilustrar su cuento fui yo. Estoy luchando por ir a Japón: sé que es caro, y que está lejos. Caramba, si cuando yo estuve en el 2011 en Machu Pichu decía: “Bueno, nunca pensé que pudiera estar aquí”. Supongo que dentro de cuatro o cinco años, siendo optimistas, voy a estar en Ginza. Cuando uno trabaja duro, los sueños se hacen realidad.

YV: ¿La mejor literatura escrita por el Yoss es esa que ya se publicó o todavía permanece inédita?

Yoss: Tratándose de un autor como yo –que he publicado fuera de Cuba libros que no se han publicado en Cuba– uno de mis sueños es publicar aquí uno de mis títulos más importantes: Se alquila un planeta, que es mi novela más publicada: salió en España, en Francia, y en algunos países de habla inglesa. La entregué en el año 2015 a una editorial cubana, y me dijeron que saldría para el año 2018. Es una novela llena de metáforas. Alguien me recordó que el tiempo todo lo cura…y que tal vez ya es hora de publicarla en Cuba.

Pero esta semana me dijeron que no saldría en el 2018, que tal vez en el 2019. Si yo terminé de escribirla en el 95, y estamos en el 2017, han pasado sólo 22 años. Quien espera 22 puede esperar 30.

YV: ¿Qué es lo que te gusta?

Yoss: El desafío. Me encanta trabajar bajo presión.

YV: ¿Qué es lo que menos te gusta?

Yoss: Las imposiciones. Yo reacciono muy mal ante cualquier tipo de chantaje. Cuando terminé mi servicio social, –en Las Tunas– querían que me quedara en ese lugar. Les dije que no. Me ofrecieron carro, casa, maravillas. Yo ya había cumplido con mi servicio social, y quería volver a La Habana. A mí no me gusta manejar, y ya tenía una casa en el Vedado, así que les dije que no. Entonces trataron de presionarme.

Me dijeron que si no me quedaba allí, ellos me harían la vida muy difícil como biólogo. Mi reacción fue sacar el título y romperlo delante de ellos. Por supuesto, regresé a La Habana y nunca más volví a trabajar como biólogo. Pero creo que al final salió ganando la literatura. Aunque la biología es muy importante en mi formación como escritor. De hecho, elegí estudiar Biología ya plenamente consciente de que lo que quería hacer con mi vida era escribir ciencia ficción.

Pero en aquel momento yo decía, “¿y si no soy tan bueno como yo creo que soy? ¿y si no vendo libros? ¿y si escribir de ciencia ficción es más difícil de lo que yo creo?”. En resumen, nunca he resistido que me digan “tienes que hacer esto o si no …” “Si no” es siempre mi elección.

Creo que es importante para un creador hacer lo que quiere. Por supuesto, debe estar preparado para que siendo un escritor dependiente del sistema editorial, en su país no se publique todo lo que quiere. Pero si no lo publican aquí, lo publicaré en otro lado. Yo no me autocensuro.

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