Ingenieros y productores reunidos por América y su música

Tweey González, legendario productor musical argentino, durante las sesiones profesionales de AM-PM, “América por su Música”. Foto: Fernando Medina / Cachivache Media.

Por: MSc. Ing. Alfonso Peña (Tomado de Cachivache Media)

En estos días, cuando con la entrada del verano los habaneros comenzamos a secarnos más seguido el sudor de la frente, se celebró en nuestra capital el evento América por su Música. También conocido por sus siglas AM-PM, este programa está dirigido al análisis y promoción de la nueva música cubana y latinoamericana, a través del estudio a fondo de las profesiones del ecosistema musical y sus tendencias de desarrollo. En las noches, la Fábrica de Arte Cubano, anfitrión por excelencia del evento, se vistió de gala con la actuación de importantes grupos musicales que ilustraron lo expuesto en las sesiones teóricas diurnas.

Este año el eje central del evento AM-PM, celebrado entre los días 12 y 18 de junio, fue “La producción musical y la ingeniería de sonido”, aunque también se trataron otros temas de importancia. Sus organizadores eligieron, con gran minuciosidad, un selecto grupo de especialistas cubanos y extranjeros que ofrecieron amenas conferencias y efusivos debates de actualidad, exhortando a hacer más por la música en América Latina.

Antes de caer de plano en los temas del evento, me gustaría hacer una larga digresión acerca de la profesión del ingeniero de sonido y del productor musical, en aras de una mejor comprensión del asunto por parte del lector lego.

El ingeniero de sonido

La ingeniería de sonido es una vasta ciencia que no solo estudia el accionar de la tecla REC en una grabadora, o el control de volumen de una consola mezcladora. Abarca todo el estudio del fenómeno sonoro, y su aplicación en diversos campos; desde la grabación, la reproducción y el procesamiento de las señales de audio, hasta su reforzamiento o amplificación, el diseño de sistemas electroacústicos, y proyectos de aislamiento y acondicionamiento acústico de locales.

En sentido general, la carrera del ingeniero de sonido se puede dividir en dos grandes perfiles: el ingeniero de diseño y proyecto, y el ingeniero operador de sonido. El primero abarca, a su vez, dos distinciones:

a- El ingeniero electroacústico, quien es el encargado de diseñar, calibrar e instalar dispositivos de audio como: micrófonos, altavoces, amplificadores, consolas mezcladoras de audio, softwares de grabación y procesamiento; así como de crear normativas y estándares para los equipos e instalaciones.

b- El ingeniero acústico civil, responsable de crear proyectos destinados a acondicionar acústicamente un determinado recinto (teatros, estudios, salas de conferencias, salas de cines, etcétera). Para ello emplea diversos materiales acústicos con características reglamentadas, para que los sonidos emitidos en la sala se difundan adecuada y uniformemente, generando las reflexiones correctas y deseadas según el uso del local. Este se encarga, igualmente, de proyectar sistemas de aislamiento acústico de locales e instalaciones. Su objetivo es minimizar la transmisión de ruido o vibraciones provenientes del exterior o generadas en el interior del local, a través de paredes o estructuras, conductos de ventilación, puertas y ventanas; garantizando así los niveles de ruido mínimos reglamentados para cada espacio. Entra en su perfil el desarrollo e investigación de normativas y reglamentaciones en el campo de la acústica ambiental.

Por su naturaleza, el segundo perfil, el de los ingenieros operadores, se auxilia entre otras cosas de imprescindibles conocimientos de electricidad, electrónica, técnica de programación e informática, así como de amplios conocimientos de música.

A su vez, los ingenieros operadores se dividen también en dos grupos:

a- El ingeniero de grabación o de estudio, quien se encarga de registrar en uno u otro soporte (cinta magnética analógica, cinta magnética digital de tipo abierto o en formato de video, soporte magneto-óptico, o en disco duro dentro de una DAW), los sonidos emitidos en un estudio u otra locación –generalmente de forma individual– por intérpretes que utilizan instrumentos musicales u otras fuentes sonoras. Los sonidos son captados por micrófonos cuidadosamente seleccionados y posicionados. Luego de registradas, las señales son balanceadas y procesadas durante la mezcla en cuanto a timbre, dinámica y desarrollo temporal. El resultado final lo define la masterización, en la cual se alcanza la dinámica, tono y balance correcto entre todas las pistas de la grabación; se introduce la información adicional y los códigos pertinentes según el destino del fonograma y se conforma el máster de audio definitivo. Listo el fonograma puede ser utilizado en medios audiovisuales, en la radio o en un disco de consumo doméstico. En resumen, el trabajo del ingeniero de estudio se divide en tres etapas básicas: grabación, mezcla y masterización. Estos procesos pueden llevarse a cabo en diferentes estudios y por diferentes ingenieros.

b- El ingeniero “live” (dedicado al trabajo en vivo), es el responsable de la mezcla y procesamiento de las señales captadas por los micrófonos situados en un escenario, donde transcurre la presentación de uno o varios intérpretes, para su inmediata amplificación o reforzamiento sonoro. A diferencia del trabajo del ingeniero de grabación, la labor en vivo se caracteriza por una mayor dinámica e inmediatez: lo que suena se procesa y amplifica, y es percibido por el oyente-espectador simultáneamente. En un espectáculo se acostumbra a contar con al menos dos ingenieros. Uno de ellos se conoce como Front of House (FOH) por su posición al frente de la sala, y es el encargado de mezclar lo que será amplificado para la audiencia mediante el sistema de PA (Public Addressed System). El segundo ingeniero se dedica a la mezcla de monitores, es decir, es el responsable de mezclar lo que escucharán los músicos en el escenario a través de los monitores.

El productor musical

El término productor musical data de los mismos albores de la industria discográfica, cuando resultó indispensable contar con una persona que tuviera la capacidad de detectar a priori la potencialidad de una obra musical o de un intérprete, y de hallar el modo de llevarlos a su máxima expresión artística y comercial. En adición, debía ser lo suficientemente perspicaz para manejar con sabiduría y destreza la obra de compositores, orquestadores, músicos e ingenieros, en aras de alcanzar el mejor resultado, siendo por excelencia el enlace entre todos estos elementos.

Por ello, el proceso de producción comienza en el mismo momento de la composición musical. Una pieza bien compuesta simplemente silbada suena bien; si no, intente silbar los primeros compases de la Sinfonía no. 40 de Mozart o la Garota de Ipanema de Antonio Carlos Jobim…

A partir de aquí, el productor es el encargado de llevar toda la logística, la toma de decisiones respecto al formato musical, sus intérpretes y la organización del proceso de grabación, para optimizar el tiempo requerido en cada etapa y obtener la sonoridad prevista en el proyecto. Para ello se apoya en los conocimientos técnicos y habilidad del ingeniero, capaz de llevar a la práctica las ideas artísticas del productor musical. Sucede con mucha frecuencia que los años de trabajo junto a eminentes productores, le aportan al ingeniero la experiencia necesaria para convertirse en uno de ellos. Tal es el caso de los dúos de celebridades de la industria musical como: el ingeniero Humberto Gatica y el gran productor David Foster, o el ingeniero Al Schmitt y el mundialmente famoso productor Tommy Li Puma, recientemente fallecido. Hoy ambos ingenieros han devenido excelentes productores musicales.

Con la aparición y desarrollo de la tecnología digital, y la disminución de los costos de producción que ha hecho accesible la industria musical a muchos, se hace cada vez más fina la línea que divide la profesión del ingeniero de grabación de la del productor musical. Incluso, con la proliferación de los estudios de proyecto y home studios, muchos músicos se han convertido en productores e ingenieros de audio de sus propios discos. Sin embargo ¿merecen todos ser catalogados como tal cuando muchas veces su experiencia en la música es escasa, al igual que sus conocimientos en tecnología de audio, los cuales rara vez no van más allá del software de grabación que utilizan?

La sociedad de ingenieros de audio en AM-PM 2017

Como elemento distintivo de la actual edición, AM-PM sirvió durante los días 17 y 18 de junio por primera vez de sede a dos sesiones de conferencias de la Audio Engineering Society (AES); sociedad que agrupa a los más prestigiosos ingenieros de audio, grabadores, diseñadores acústicos, y productores musicales del mundo.

La AES fue fundada, en 1941, con sede en Nueva York, aunque cuenta con otras secciones en más de cuarenta ciudades del planeta. Desde entonces organiza anualmente conferencias internacionales y exposiciones, que proporcionan un espacio de encuentro para investigadores, fabricantes y usuarios de la industria musical. Por otra parte, AES elabora normativas, estándares y propone nuevas directivas en la esfera de la ingeniería de sonido. Asimismo, desde 1953, publica la revista científica The Journal of AES, y proporciona servicios educativos para motivar a la juventud en la carrera de audio.

Durante los dos días de conferencias y debates en su primera sesión en La Habana, se abordaron diversos temas del campo de la ingeniería de sonido. La primera charla impartida por el ingeniero Hugo Caviedes (Chile), quien actualmente es consultor de sistemas e investigador en la empresa Riedel Communications de Alemania, fue sobre la interconexión de sistemas de audio y video mediante redes IP.

A esta le siguió un amplio análisis de las técnicas microfónicas necesarias para garantizar una mezcla exitosa, a cargo del ingeniero Ian Corbett, profesor de sonido en Kansas Community College y autor del libro Mic it!, que circuló entre los presentes, aunque lamentablemente no tuvimos la oportunidad de adquirirlo.

En la tarde, sesionó un panel en el que se analizó la formación académica de los ingenieros de sonido en nuestro continente, y que estuvo presidido por Valeria Palomino (México), vicepresidenta de la AES para América Latina, e integrado por los ingenieros colombianos Marcela Zorro y Ricardo Escallón, y por los cubanos Jerónimo Labrada y Alexei Pérez, jefes de Cátedra de la EICTV y del ISA, respectivamente.

La lluvia matutina del domingo 18, no restringió la asistencia de los participantes a la segunda jornada de conferencias. La sesión de la mañana fue dedicada al proyecto Oro de la Allosphere, programa de exploración tecnológica y cooperación entre la Universidad Javeriana de Colombia y la Universidad de California en Santa Bárbara. A ello le siguió un análisis del principio de funcionamiento de los arreglos lineales (line array), a cargo del ingeniero Oscar Barrientos, gerente de Meyer Sound para Latinoamérica.

En la tarde, aun lluviosa, tuvo lugar el último panel del evento titulado El rol de la ingeniería en la producción musical, presidido por Andrés Mayo, productor e ingeniero argentino, ganador de dos premios Grammy y primer presidente latinoamericano de la AES. Otros miembros del panel fueron los célebres ingenieros de audio Juan “Cana” San Martín, presidente de la AES de Argentina, desde 2005; Javier Longhi y Pablo Soñora, del Uruguay. El que escribe participó como representante de los ingenieros del patio.


Un hecho distintivo de las convenciones de la AES –cuya anfitriona suele ser Nueva York, aunque en ocasiones cede el galardón a otras ciudades–, es la coexistencia de dos eventos de naturaleza diferente dentro del mismo edificio: uno comercial y otro académico. De esta forma, a diferencia de las ferias de la NAMM (National Association of Music Market) –solo accesibles a ejecutivos de la industria, expositores, distribuidores y fabricantes–, se expone ante el más diverso público una vasta gama de equipos recién introducidos por las reconocidas marcas de tecnología de audio. Mientras tanto, en otro piso del inmueble de Manhattan, grupos de académicos discuten sobre innovaciones tecnológicas, alteraciones menores a diseños ya reconocidos, y la introducción de nuevos estándares y normativas; a la par que imparten tutoriales de nuevos equipos a músicos e ingenieros.

Algo similar ocurrió durante la sesión cubana. Mientras la nave 3 de la Fábrica de Arte Cubano servía de mesa de discusión en paneles y conferencias a ingenieros, músicos, diseñadores y productores musicales; la nave Santiago Feliú, fungió de show room de la firma AVID, la cual exhibió su nueva consola Digidesign SL6. El ingeniero cubano Mauricio Blanco estuvo a cargo de mostrar las posibilidades y recursos que hacen de la SL6 una sucesora muy superior, en prestaciones y características técnicas, de las mundialmente famosas Digidesign Venue y Profile, aclamadas por los ingenieros consagrados al trabajo de audio en vivo.

Como cierre del evento, la firma AVID sorteó entre los participantes dos ejemplares de su software original Protools (versión 12), estación de trabajo de audio digital mundialmente utilizada; y un ejemplar del software de edición musical Sibelius.

Es digno de destacar la labor encomiable del colectivo de organizadores del evento al dedicar esta edición a la imprescindible labor de las figuras, a veces anónimas, de los ingenieros de sonido y productores, actores de vital importancia en la industria musical. ¡Gracias AM-PM!

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