Doce máximas para un escritor cubano menor de treinta años

Ilustración: Mayo Bous / Cachivache Media.
Ilustración: Mayo Bous / Cachivache Media.

Por: Carlos Ávila Villamar (Tomado de Cachivache Media)

Uno. Escribir es, primero que todo, una excusa para que no te molesten con cosas que no quieres hacer. No tienes que escribir tanto, en realidad. Prende la luz, cierra tu cuarto con llave, duérmete y di que pasaste toda la madrugada corrigiendo un párrafo. Tendrás que aprender a dormir con la luz encendida, pero es un pequeño precio a pagar. La gente (empezando por tus padres) va a respetar más tu tiempo.

Dos. Ocasionalmente tendrás que enseñar algo. Eso significa que ocasionalmente tendrás que escribir algo, o robárselo a alguien. Que sea lo más breve posible, tanto si lo escribes como si lo robas. No te sientes a redactarlo como una obligación. Mejor lleva siempre una libreta encima y espera que se te ocurra, o que te lo encuentres en algún libro poco conocido. No le muestres tu libreta a nadie, pero siempre llévala contigo. Y nunca hables de lo que escribes. Es de mal gusto. La gente no soporta escuchar los delirios de grandeza de otras personas. Por eso es que tantos escritores jóvenes no tienen verdaderos amigos, sino aliados (socios) que guardan un puñal tras la espalda. Lo repito: si quieres conservar amigos no les hables de lo que escribes, salvo raras excepciones.

Tres. No hables de tus influencias. No trates de legitimar tu nombre poniéndolo al lado de otros nombres. Es un golpe bajo. Si por una casualidad un día triunfas, te va a molestar que un enjambre de jovenzuelos escriba en tu nombre tanta mala literatura. Declárate original. Una vez que lo declares, la sociedad te obligará a serlo.

Cuatro. Casi todo lo que he dicho va de poses, no de escritura en sí. Ahora diré un par de cosas que te pueden ser útiles en el momento de escribir. No hagas trucos de ningún tipo. Aprender a escribir significa aprender a huir de los trucos. Déjaselos a la gente que no tiene nada que decir, y necesita exhibir su técnica para llenar hojas. Supongo que tú tienes algo que decir. Si no lo tienes mejor ni sigas leyendo.

Cinco. No trates de imitar a ningún escritor cubano contemporáneo. Casi todos son muy malos. Mucho menos les rías las gracias esperando obtener algún beneficio. La mayoría de sus lectores, de hecho, son malos escritores esperando obtener algún beneficio. Fíjate un día, en la presentación de cualquier libro, y lo comprobarás.

Seis. Está de más decir que tampoco te preocupes mucho por lo que escriben las personas de tu generación. La actualidad es un refugio para mediocres. Es el único modo que tienen los mediocres de estar por encima de aquellos muertos que no fueron mediocres. La actualidad se inventó para que pudiéramos soportar el peso de todos aquellos que fueron o serán mejores que nosotros. Pero tú eres un escritor, así que tienes que enfrentarte a ese peso.

Siete. No trates de escribir como un cubano, porque ya lo eres. Ni como un ciudadano del mundo, porque ya lo eres también.

Ocho. No trates de ser contestatario porque sí. Es el modo de propaganda más barato y sucio que hay. No te declares censurado solo porque a nadie le importa lo que escribes.

Nueve. No escribas pensando que van a hacer una película de tu novela. Se nota cuando alguien escribe cosas que sólo funcionarían en una película. La literatura tiene sus propios puntos débiles, y sus propios puntos fuertes. También pasa que mucha gente que no lee intenta escribir, y les salen cosas de las películas que ven, o de los videojuegos que juegan. Es en serio.

Diez. Por duro que parezca decirlo, a veces uno tiene que ser juguetón, y escribir estupideces como esta, para ganar algún dinero o para tener publicidad en un público bien desinteresado. Ya después maduraremos juntos, público y escritor. Es como coquetear con alguien. Las primeras palabras nunca son sinceras, correctas o significativas. Están hechas para captar la atención. En un primer encuentro, nunca nos interesa alguien sincero, correcto o significativo. Coquetear es jugar a ser superficial. A veces escribir también lo es.

Once. Trata de parecer menos inteligente de lo que eres realmente.

Doce. Es importante pasar tiempo sin hacer nada. No escribir, ni estudiar, a veces ni siquiera pasar tiempo con tus amigos, a veces ni siquiera leer. De la absoluta inactividad suelen salir buenas ideas. No las busques. Resístete a cualquier idea que venga. La pereza ante el teclado será tu mejor amiga. Cuando no puedas más, y haya madurado la idea en tu cabeza, entonces la escribes, sin ningún apuro. No escribas más solo porque existe la demanda. Trata, de hecho, de escribir menos. La menor cantidad de palabras que puedas. Yo, por ejemplo, debería alcanzar las mil palabras en este artículo, y casi sería capaz de dar un último mal consejo para conseguirlas.

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