The Curious Expedition: exploradores por un día

Imagen: gameit.es

Por: Javier Montenegro (Tomado de Cachivache Media)

Junto a los piratas, los exploradores de los siglos XVIII y XIX están rodeados de un romanticismo que nada tiene que ver con la realidad. Aquellas nuevas tierras “descubiertas”, los templos saqueados, las tribus engañadas con trueques burlescos, los animales cazados y alguna que otra escaramuza con lugareños que defendían lo suyo, podrían ser un resumen del currículum de muchos de estos hombres. No obstante, al igual que los piratas, esa sensación de incertidumbre, de nuevas aventuras, de tierras inexploradas y preciados botines esperando por la llegada del hombre civilizado, provocaron un aura mística… y el deseo de muchos de ser exploradores por un día.

The Curious Expedition es un RPG por turnos donde nos ponemos en la piel de un explorador que parte de Inglaterra en busca de aventuras y tesoros ocultos en tierras inexploradas. Puede ser África, Asia, Sudamérica, América del Norte, incluso algún paisaje perdido donde aún viven dinosaurios o algún portal que nos lleve a otro mundo lleno de riquezas. Básicamente, cualquier territorio que no incluya a Europa. Lo divertido es que cada viaje se disfruta como si fuese el primero, con las expectativas de encontrar algo maravilloso, ya sea un cementerio de elefantes, un templo para saquear o una tumba con una momia intacta esperando un pasaje sin retorno, en caso de que esté realmente muerta.

Recreado en el siglo XIX y con un diseño pixelado a la vieja usanza (quizás porque la pornonostalgia está de moda, quizás por las ventajas a la hora de desarrollar el producto), The Curious Expedition nos transporta con mucha facilidad a la época que pretende emular. En el club de exploradores, del cual somos parte, se pretende saber quién es capaz de obtener más fama luego de seis expediciones. Con este pretexto, escogemos un personaje que nos guiará (o guiaremos) a través de territorios inhóspitos y desconocidos.

Así iniciamos la partida que se compone de seis expediciones que debemos sobrevivir, donde el objetivo es siempre el mismo: encontrar la gran pirámide de oro. Luego de escoger un explorador entre múltiples opciones nos embarcamos hacia nuestra primera aventura. ¿Quiénes están entre esos personajes que podemos escoger? Grandes hombres y mujeres que aportaron conocimiento a la humanidad. Ahí están Richard Francis Burton, reconocido explorador y polígota, Marie Curie, primera mujer en ganar un Premio Nobel, o Johan Huizinga, entre otros personajes que como podrán ver no necesariamente fueron exploradores, pero que hacen la experiencia más divertida gracias a sus particulares habilidades, objetos con que inician en el inventario, y a las personas que los acompañan.

El juego tiene dos vertientes básicas. La primera se basa en la experiencia del viaje, donde disfrutamos de cada expedición por su sentido romántico y la historia que vivimos: compromisos en que nos envolvemos antes de partir de Inglaterra, cuevas que esperan ser exploradas, cataclismos que desatamos al robar un ídolo dorado de un templo, las buenas relaciones que establecemos con los nativos, las venganzas que consumamos en nombres de los caídos a manos de monstruos increíbles, el descubrimiento de una tribu de dinosaurios, un encuentro fatal con un cangrejo (o escorpión) gigante, o peor, un tiranosaurio rex… En otras palabras, la mística de ser explorador. Cada mapa es creado por generación procedural, nunca vivimos las mismas experiencias y las desgracias que nos esperan cada vez son diferentes: de esta forma las maldiciones colocadas en cada templo varían, algunas más peligrosas que otras. Incluso ocurren eventos no relacionados con nuestras acciones, como erupciones volcánicas o abruptas subidas del nivel de las aguas de los ríos que dificultan nuestros chances de encontrar una ruta ideal. Son tantas las posibilidades de que algo salga mal, que se vuelve bien difícil encontrar la gran pirámide dorada sin algún tipo de contratiempo.

La segunda vertiente tiene que ver con la mecánica del juego. Tras navegar hasta nuestro destino, desembarcamos en tierras inexploradas; cada movimiento consume un recurso que podría considerarse una suerte de cordura. Cuando esta llega a cero, nuestros compañeros de viaje pueden abandonar la expedición, comerse unos a otros, exigir el sacrificio de uno de nuestros animales de carga, perder piezas de nuestro inventario, o incluso podemos a llegar a asesinar a uno de ellos en un acto de locura inconsciente.

Cada movimiento tampoco consume una misma cantidad de cordura. Si tenemos más elementos en nuestro inventario de los que podemos llevar, cada paso gasta una cantidad monstruosa; lo mismo ocurre si avanzamos por una jungla sin machetes, si cruzamos un río sin sogas o si escalamos una montaña sin el equipo adecuado. ¿Cómo la recuperamos? Alimentándonos, ya sea con carne de los animales que asesinamos (para lo cual es necesario un cocinero), conservas, chocolates, frutas tropicales, whisky (al riesgo de que nuestra tripulación se vuelva alcohólica) y hojas de coca (lo cual desarrolla numerosas fobias como el miedo a las mariposas o una tendencia a quemar todo a nuestro alrededor). Es un equilibrio difícil de mantener, y eso es lo que lo hace tan divertido. Pero ahí no termina el sistema de juego.

Para comprar machetes, sogas, alimentos, medicinas o armas es necesario tener dinero, y conseguirlo no es sencillo. Del botín de cada viaje, ya sean piezas de oro robadas de templos o trofeos de caza, debemos elegir si lo donamos al museo (lo cual nos proporcionará fama, el principal objetivo del juego) o si lo vendemos por un precio determinado. La elección es difícil: el altruismo o el dinero, el reconocimiento o la posibilidad de financiar nuestra siguiente expedición. Queda en nuestras manos.

También está el tema de los expedicionarios que nos acompañan. Todos tienen algo positivo que nos ayuda en nuestro viaje. Unos son cocineros, otros son buenos a la hora de negociar (lo cual facilita los trueques), los hay expertos en whisky que nos ayudan a aumentar la cordura con cada botella consumida, están los políglotas para establecer mejores relaciones con los nativos, los exploradores para facilitar nuestras andanzas por nuevas tierras, los soldados que nos ayudan a aumentar la cordura con cada combate, y otros acompañantes con determinadas características. Pero por supuesto, muchas veces estos hombres ya tienen algún trastorno que también afecta el viaje, como los ya mencionados alcoholismo y piromanía, además del racismo. No es fácil gestionar a nuestra tripulación.

The Curious Expedition cuenta con otra mecánica muy llamativa: los combates. A través de un sistema de lanzamientos de dados debemos establecer combos para atacar a nuestros enemigos. Cada uno de nuestros compañeros de viaje posee un tipo de habilidad: ofensivo, defensivo, asistente y mago, además del perro explorador que es una suerte de comodín. Combinando diferentes dados podemos atacar y mantener una posición defensiva (ofensiva más defensiva), envenenar a nuestros atacantes (magia más ataque), curar a nuestros hombres (magia más defensa) o establecer una posición defensiva fuerte (observación más defensa). A esto sumémosle las armas de fuego que podemos comprar o que algunos personajes traen por defecto. Por ejemplo, con el rifle más dos dados de observación podemos lograr un disparo maestro capaz de quitar doce puntos de vida. Depende del azar y de conocer las combinaciones, y del tipo de enemigo: no es lo mismo enfrentar una manada de hienas, débiles y numerosas, que un cangrejo gigante al más puro estilo de Ray Harryhausen, con gran cantidad de vida y ataque. Por si fuera poco, cazar a cada uno de estos animales deteriora nuestra relación con los nativos.

Lo más importante de The Curious Expedition es su capacidad para consumir el tiempo a una velocidad endemoniada. Lo que en un inicio pensamos sería un pequeño break para refrescar y volver al trabajo con la mente despejada, puede convertirse en horas y horas de aventuras. Esas ganas de convertirnos en el más grande explorador, o al menos, de terminar las seis expediciones que el juego nos pide, provocan unas ansias de conquista exacerbadas. Ahí radica el mayor acierto de The Curious Expedition: una adicción que bien podría compararse con la motivación de aquellos exploradores; esa “una más y ya” que nos decimos para calmar nuestra conciencia porque en el fondo sabemos que es una gran mentira. Una que disfrutamos muchísimo.

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