South Park: la evolución del humor y la corrección política

Ilustración: Mayo Bous / Cachivache Media.

Por: Alejandro Amaro Seguí (Tomado de Cachivache Media)

Dentro de pocos meses se cumplirán veinte años desde que por primera vez se emitiera South Park (SP) en la cadena televisiva norteamericana Comedy Central. Con el capítulo titulado Cartman Gets an Anal Probe, era de esperarse que esta serie no siguiera el rumbo de otras como The Simpsons. Si bien esta última, aunque contenga una dosis satírica y crítica bastante severa, con varios niveles de interpretación, viene dirigida a una audiencia más general, una sitcom animada que los niños podrían ver “en compañía de un adulto”. En cambio, la de Trey Parker y Matt Stone en raras ocasiones debería ser vista por niños, e incluso los adultos pueden quedar muchas veces con la sonrisa frustrada ante la complejidad de las cuestiones que el show decide satirizar o parodiar. 

En aquellos años no había mucho precedente para un episodio como los que emitía la nueva serie; The Simpsons era lo más parecido, y hasta el día de hoy nunca han llegado a mostrar cosas como que un personaje se disfrace de Hitler para Halloween (Cartman) o que los hombres del pueblo se auto inflijan cáncer testicular para poder comprar marihuana (y estos son ejemplos “suaves”).

El que haya visto SP solo de forma casual, o aquellos que vieron únicamente las primeras temporadas, pueden caracterizar –y restringir– el humor de la serie como dependiente de lo vulgar, de lo escatológico, del uso de “malas palabras” por niños y la parodia a celebridades.

A diferencia de en las recientes temporadas, en aquel entonces la sátira no era parte importante del show. SP estaba enfocado sobre todo en producir risas. Sin embargo, con el estreno de su película South Park: Bigger, Longer and Uncut (1999), se produjo un giro hacia este tipo de humor, con énfasis en los sucesos del momento. El éxito de la serie y del filme atrajeron una mayor atención hacia SP, lo que les permitió fijar una frecuencia televisiva semanal, un ritmo que les ha permitido una increíble simultaneidad respecto a los hechos reflejados y criticados en ella. Desde entonces, SP nunca ha mirado atrás, construyendo historias cada vez más complejas.

La muerte de Kenny puede tomarse como una de las evidencias de la madurez alcanzada por SP. “Oh my God, they killed Kenny. You bastards!”, fue durante un buen tiempo la catchphrase más reconocida de la serie. El personaje parecía existir solo para ser asesinado en cada episodio, pero al final de la 5ta temporada muere “realmente” y continúa de esta forma durante toda la 6ta, marcando así uno de los primeros intentos de los creadores de darle alguna continuidad a los capítulos. Además, su ausencia permitió el crecimiento como protagonista de un niño hasta el momento relegado a un papel muy secundario, pero que ahora es más popular en las encuestas que Kenny e incluso Kyle: Butters. El fin de “la era del Kenny inmortal” indica de alguna manera la transición de un humor crudo a algo mucho más sustancial.

Los dos factores de cambio mencionados, la producción –incluido el guion y la animación– con un ritmo semanal y la “madurez humorística”, con una mayor inclinación a la sátira, convirtieron a SP en una series cargada de referencias a eventos de la actualidad. El rescate del niño cubano Elián González, que fue seguido por todos los medios noticiosos de manera espectacular, fue reflejado en el episodio Quintuplets 2000, solo cuatro días después de que fuera emitido por las televisoras.

Los años han pasado y SP sigue en el aire sin interrupción. La mayoría de las veces su estilo ha producido buenos resultados, tanto con la crítica especializada como con la audiencia, entonces, ¿por qué cambiar la fórmula? Si he tratado superficialmente su evolución en sus primeros 15 años es porque prefiero detenerme en el nuevo giro de la serie.

Una de las críticas que suele hacérsele a The Simpsons es que se ha quedado rezagada, con poca evolución en su estilo durante sus 27 años. Afortunadamente para SP, si es “molesto” que su precursor haya “hecho de todo” –como dramatizan en uno de sus capítulos–, por lo menos también ya cometieron el error por ellos y Parker y Stone aprendieron que la monotonía no era lo mejor. Al inicio de la temporada 19 decidieron enriquecer la fórmula y corrieron los riesgos. Al rehusarse a seguir el “camino fácil”, que consistía en seguir igual y apostar por lo seguro, hicieron evolucionar aún más la serie. Si en sus comienzos, en 1997, el humor que hacían podía considerarse infantil y típico, cercano al de su precursora, ahora la diferencia en madurez es significativa. El núcleo de SP sigue presente, solo que actualmente las acciones y bromas continúan de capítulo a capítulo, desarrollando una metáfora durante una temporada entera.

Los realizadores de SP ya habían experimentado antes con la idea de un solo arco argumental: con la ausencia de Kenny en la 6ta, con sagas de dos y tres capítulos como “Cartoon Wars”, “Imaginationland”, y con los dedicados a parodiar Game of Thrones y a promocionar su videojuego The Stick of Truth, pero no con la misma complejidad narrativa. También acostumbraban a tener historias de trasfondo que se iban desarrollando, como el cambio de sexo de Garrison, y la vida secreta de Randy Marsh como la cantante de pop Lorde, pero no tenían repercusión en el argumento de cada capítulo.

Antes de la temporada 19, cada episodio usualmente trataba algún tópico moral, social, sexual o político, y lo sucedido en ellos era irrelevante en el siguiente. En cambio, la crítica hecha por la serie durante los dos últimos años, aunque sigue siendo diversa desde el punto de vista temático, está subordinada a uno o varios asuntos centrales, por lo general de corte político o social, lo cual permite una mayor profundidad en el análisis.

Así, mientras la mayoría de los shows se valen de la continuidad para hacer progresar los personajes, SP la emplea para perfeccionar su sátira mordaz al enlazar aspectos dispares del modo de vida estadounidense. En la penúltima temporada, por ejemplo, el personaje de PC principal –PC por political correctness o por pussy crushing–, el nuevo director de la escuela a donde asisten los niños, es el hilo que lo conecta todo y también la encarnación de lo que está mal con la nueva ola obsesionada con lo “políticamente correcto”, pero que en el fondo es una gran hipocresía, pues las discriminaciones solo son disfrazadas, nunca vencidas.

PC principal –personaje– es además el símbolo de SP –serie– con algunos cambios. Su discurso de presentación dice algo más o menos así:

“No sé ustedes, pero estoy cansado de que se marginalicen minorías en la sociedad actual. Estoy aquí porque este lugar está perdido en un bucle temporal. [Sigue enumerando personajes que se caracterizan por hacer o decir cosas ofensivas] Googleé South Park y no pude creer la m…. que decían o hacían y se salían con la suya. Esto se acabó”.

Salta a la vista indiscutiblemente que ese discurso viene dirigido hacia el pueblo ficticio de Colorado, pero también hacia la serie. Y ese precisamente es otro de los puntos fuertes de SP, se adelanta a las críticas externas y es capaz de autoflagelarse. Pero el manifiesto de sus creadores no queda sin decirse, al final del capítulo, Cartman, el verdadero “principal” de la serie, lo dice: “queda demostrado que, a veces, bromear con cosas políticamente no correctas es beneficioso, porque puede conducir al diálogo”.

Todo este clima “PC” continúa en la última temporada. De hecho, este ambiente de represión, donde muchas personas callan lo que piensan para encajar, es uno de los catalizadores de la victoria de Trump. La libertad con que el ahora presidente ofende a minorías en EU y dice todo lo que piensa, por muy alocado que sea, hace que muchas personas sientan que es alguien en quien pueden confiar. Lo interesante de todo esto es que SP exagera la realidad y realmente nunca se creyó que Trump ganaría. Esta vez, la realidad sobrepasó la ficción. SP se ha caracterizado en estos 20 años por mostrar un caos a partir de la realidad, pero cuando esta se vuelve más caótica de lo que sus creadores pudieron imaginar –la victoria de Trump, por ejemplo–, la serie se estremece.

Antes de “Oh Jeez”, emitido el 9 de noviembre del año pasado, no era vaticinado el triunfo del republicano, y, ante lo absurdo de que esa posibilidad se convirtiera en realidad, el show daba por sentado otro mandato demócrata. La intención de los creadores al darle al Señor Garrison el papel de Trump, al parecer se sostenía en la seguridad de que fuese algo pasajero, no permanente.

La desestabilización de la historia en las otras tres emisiones de la temporada revela que se hicieron ajustes que no se habían anticipado del todo. Ahora, para bien o para mal, tendrán “estancado” a Garrison –quien no olvidemos se ha hecho dos veces la operación de cambio de sexo– en el rol de presidente. También dejaron de mencionar inexplicablemente el “Club de caballeros” de Bill Clinton, no hubo explicación para las Member berries –aparte de representar la nostalgia estadounidense por un pasado “grande” que explica el éxito de un reboot de la saga de Stars Wars y el triunfo de Trump a la vez– y nunca se logra hacer encajar a SpaceX en la trama. No obstante, hay que darle crédito a Parker y a Stone por tratar de seguirle el ritmo a una campaña electoral tan impredecible como la reciente.

Por primera vez en la serie, se siente como si los “malos” hubiesen ganado. Cartman, una vez más, es el reflejo de esto. Desde que es “derrotado” en su intento de vencer a PC principal en el primer episodio de la 19, nunca ha vuelto a ser el mismo. En la 20, cuando todos pensaban que debía ser el troll de internet que ofendía sin encomios, resultó que no lo era. Por si fuera poco, se busca una novia y solo quiere irse a Marte para reiniciar su vida; es Butter, su sidekick, quien asume su rol de rebelde frente a PC principal y tiene que seguirlo para tratar de regresarlo a su anterior yo.

La pregunta es entonces si esta nueva continuidad es algo positivo o negativo para SP. ¿Funciona o funcionará mejor este nuevo cambio de ritmo? Por un lado, los chistes y sátiras pueden llegar a ser más profundos y elaborados, lo que podría redundar en una mayor calidad, pero por otro, ata el show a cierto “realismo crítico”. Si antes no importaba cuanta destrucción ocurriera en un episodio, pues en el siguiente era un reinicio total, ahora deben arrastrar cada suceso como un peso que finalmente oprimirá las posibilidades argumentales. Y si antes la serie podía saltar de una investigación sobre las Torres Gemelas a otro capítulo donde jugaban al Señor de los Anillos, ahora eso puede resultar complicado. De la misma manera, tampoco la crítica casi instantánea de un nuevo suceso cultural, deportivo o político encontrará lugar en el argumento a menos que se relacione con la línea que enlaza toda la temporada. En este sentido, el nuevo ritmo es dañino para South Park.

Sin embargo, Parker y Stone parecen haberse percatado de esto y de seguro se sintieron la nueva ancla al cuello, pues el último episodio hasta la fecha parece marcar el final de la nueva tendencia. Su título es bastante explícito: The End of Serialization as We Know It. En contexto parece referirse al reinicio del universo online, pero lo más probable es que su significado se expanda a todo el show. Incluso Cartman parece al final volver a convertirse en el malvado de siempre.

Un estado intermedio como el de la antepenúltima temporada parece ser la mejor apuesta: arcos pequeños cuando el tema exija mayor dedicación, elementos que resurjan por su efectividad humorística, y capítulos individuales donde haya completa libertad para exagerar y darle cabida a la fantasía. Eso mantendrá a South Park en su puesto de una de las mejores series –entre todos los géneros– de la historia televisiva. Solo resta esperar con impaciencia el siguiente estreno, y la segunda parte del aclamado videojuego, esperado para marzo de este año.

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