Alejandro Pérez y los frijoles mágicos

Foto: Ernesto Matrascusa / EFE.

Por: Yudith Vargas Riverón (Tomado de Cachivache Media)

I. Currículum Vitae

Con más de 400 materiales audiovisuales en su haber, el realizador cubano Alejandro Pérez es hoy mundialmente conocido. Pero antes de ser mundialmente conocido, el realizador cubano Alejandro Pérez era un ciudadano común, graduado de la Facultad de Medios Audiovisuales del ISA, especializado en fotografía. De hecho, el ciudadano Alejandro Pérez dio sobradas muestras de su talentoso ojo tras la cámara en varias películas cubanas. Pero siempre coqueteó con el videoclip.

La vaquita Pijirigua, del cantautor cubano Pedro Luis Ferrer, fue el primer videoclip que dirigió Alejandro Pérez, hace 28 años. Y su buen karma y duro currar le han procurado una próspera y larga carrera desde entonces. Hoy, Alejandro Pérez ha trabajado con y para artistas de fama nacional e internacional: Marc Anthony, Pitbull, Descemer Bueno, Paulina Rubio, Enrique Iglesias. Al hijo de Julio le ha hecho varios videoclips; incluso Bailando se convirtió en un fenómeno en youtube al alcanzar los 600 millones de vistas online. Y ese fue solo el detonante. 

II.Bájame la radio (y apaga el televisor)

Hace algunas semanas atrás, Enrique decidió viajar a Cuba para filmar su más reciente éxito en colaboración con Descemer Bueno y Zion & Lennox, bajo la dirección de –¡¡lo han adivinado!! — Alejandro Pérez. El clip, lejos de superar las expectativas del ávido público, usa los mismos ingredientes en una receta infalible: imágenes habaneras, multitudes pintorescas carnavaleando (léase también “multitudes carnavalescas pintoresqueando”), pioneritos bailando a ritmo de reguetón, música, color, sudor, malecón. Y mulata macizas, por supuesto.

A lo cubano, vaya. Cuba y su gente es retratada como una horda ávida de baile y sabrosura. Una tropa fanática que inunda las calles ansiando el beso cariñoso del ídolo español. Y a Dios gracias por traerlo aquí. ¿Cuál es la historia en Súbeme la radio? Es necesaria una línea argumental para realizar un clip de video? No siempre. ¿Es necesario un plot para narrar visualmente una canción? Definitivamente sí. Sobre todo cuando queremos vender un producto que llegue a esas masas entusiastas que aparecen de extras en el propio video, por ejemplo.

Y en mi opinión ese es el talón de Aquiles de esta producción: su historia. Tan antigua como la de Eva y Adán –o la de Julieta y Romeo– las tramas amorosas venden bien. El mercado apuesta por el sentimiento humano, y nos ofrece los productos a puro golpe de lazos simpatéticos. En el caso que nos ocupa, el “amor” se transforma en persecución y acoso. Sí, acoso. El héroe (Enrique Iglesias) persigue a la heroína (chica-mulata-joven) por toda la urbe habanera: ha quedado prendado de su belleza luego de robarle un tímido beso mejillero durante un concierto.

En su travesía, acaba compartiendo con la carismática gente de barrio, y se suceden planos del cantante saludando, bailando humilde, festejando, en las abarrotadas cuadras vecinales que han salido a testificar el suceso. Pocas veces se han rodado videoclips en nuestras calles con artistas extranjeros.

El efecto shock se usa a favor del clip: mujeres llorando se persignan ante el milagro de Enrique. Así se suceden igualmente imágenes clásicas, postales contemporáneas de la bien vendida estética del deterioro: almendrones de los cincuenta, edificios del pasado glorioso arquitectónico devenidos en viviendas multifamiliares, la misteriosa imagen de la iyabó portando girasoles para la virgen… ¿Es eso La Habana? ¿Es esa Cuba?

Ciertamente, esa es la imagen que de Cuba resulta exitosa/atractiva a nivel visual. Imagen que por demás, Alejandro Pérez ha aprovechado –y aprovecha– muy bien en sus producciones. Es ese uno de los puntos destacables: la fotografía, que es indiscutiblemente buena. Porque Alejandro Pérez es un gran fotógrafo.

Cámara en mano ha filmado este clip, para hacerlo de factura más inmediata, más artesanal, más popular, más masivo. No es complicado descifrarlo semánticamente, puesto que no hay complejidades semánticas en el clip. El colorido ochentero combina perfectamente con el espíritu irreverente y descomplicado que lo caracteriza. De manera que los signos visuales funcionan cual mecanismo de reloj suizo.

Destaco la secuencia en que aparece Enrique Iglesias parado de brazos abiertos –como un Cristo redentor– en la cima de un edificio, mientras es aclamado por la multitud a sus pies: la metáfora es más legible que la caligrafía de una maestra de primer grado. También alabo las cualidades danzarias de nuestros niños, que aportan un toque “cute” a cualquier secuencia. A todos nos gustan las imágenes de juventud, lozanía, vitalidad.

Esa es la idea que rige el clip, y la que mejor se vende también: vendemos un sueño de un lugar exótico, donde todos son felices y tienen tiempo suficiente para armar largas filas de conga. Porque así evadimos la realidad, y nos desestresamos. Así, nos olvidamos del pollo por pescado, de los taxis inexistentes y del alto precio de los alquileres. Porque así validamos la moraleja del chico que cambió su vaca por frijoles mágicos, y toda su vida cambió.

Cambió la vida de Alejandro Pérez, pero créanos, –señor director– aquí no ha pasado nada.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *