La maquinaria de Bailando en Cuba

Imagen: Portal de la Televisión Cubana.

Por: Maite López Pino (Tomado de Cachivache Media)

Jara y Osmany resultaron ganadores de la primera edición de Bailando en Cuba y junto con los premios (una beca en una prestigiosa escuela de danza de Italia, un trofeo y una medalla), también marcaron una pauta –ellos, el jurado y los realizadores del programa– en la manera de disfrutar e interpretar el baile cubano hoy.

Los medios nacionales han hecho su agosto con Bailando en Cuba, su modelo de producción, la calidad y conocimientos de sus conductores, la experticia de sus jurados… tal y como sucedió con Sonando en Cuba. Y es que las propuestas televisivas nacionales que se asemejen de alguna forma a productos internacionales reconocidos, traen en su signo la adoración o condena visceral por parte de la audiencia y medios nacionales. 

A muchos les resulta original la forma desenfadada y natural de presentar a los concursantes bailando en escenarios habaneros; y si bien no resulta muy justo que las parejas sean compuestas en su mayoría por un integrante profesional y otro amateur, tampoco es el fin del mundo. Desaciertos apartes, es bastante compartida la idea de que cada domingo en la noche se disfrutó de un espectáculo televisivo de calidad.

La complejidad de las presentaciones, la limpieza en los movimientos y la defensa a todas voces de los ritmos cubanos han sido las rutas trazadas por este show y en cada entrega dominical se han acercado, a veces más y en otras menos, a estos objetivos.

Uno de los elementos más polémicos ha sido la conceptualización de la competencia: donde muchos esperaban ruedas de casino hasta el hastío, Bailando en Cuba trajo una propuesta de baile más estilizado con un alto componente coreográfico y técnico. Se estaba evaluando a bailarines y no bailadores –como han comentado algunos periodistas y críticos–.

En una entrevista ofrecida al portal de la Televisión Cubana, Noel Bonilla, profesor, crítico y asesor de danza cubano, declaró que “ya no estamos en los tiempos de las parejas de baile a la vieja y rica usanza de esta práctica social-cultural cubana”.

Más allá de preferir el baile cubano a la vieja usanza o estar abierto a nuevas interpretaciones de la danza y su forma espectacular de mostrarla en televisión, la gran parte del público está de acuerdo en que ha sido una atractiva propuesta televisiva que en principio entretiene y educa a la misma vez.

¿Y cómo se llega a esos niveles en la factura televisiva? ¿Qué elementos intervienen en la conceptualización de un producto como este?

Al preguntarle a Manuel Ortega, creador del programa, acerca de la dirección de un producto audiovisual participativo como Bailando en Cuba, reconoce que ha sido todo un reto y una escuela. “Hace casi 30 años que no se realizan estos trabajos en la televisión cubana”, dice, “además, ni en FAMCA [Facultad de Medios Audiovisuales], ni en la Escuela de Cine de San Antonio de los Baños nos enseñan a realizar este tipo de programas, por ello lo catalogo como un proceso de aprendizaje para todos”.

El director reconoce que partieron de los referentes mundiales para comenzar a gestar este tipo de programa, “que no se encontró ajeno a las limitaciones que tiene el país y por supuesto la televisión. La casa productora RTV Comercial realizó un esfuerzo increíble para realizar este tipo de formatos, sin dudas son costosos, pero que logran tener un altísimo nivel de teleaudiencia”.

Uno de los principales elementos en Bailando en Cuba fue la interacción con el público, que decide qué parejas salvar y cuáles condenar mediante sus votos por diversas plataformas. Sobre el tema, Ortega asegura que “para medir el rating del programa se encuentra el Centro de Investigaciones sociales del ICRT que cada semana realiza encuestas en diferentes territorios del país para contabilizar los gustos de los diferentes públicos que consumen el programa cada semana”.

Para el director, “lo reconfortante de hacer el programa cada semana fue justamente eso: poder nutrirnos de las opiniones del público y afinar mejor el tiro. Trabajamos para el público y tener en cuenta sus criterios es muy favorable; hace el programa más participativo y los televidentes sienten que se toman en cuenta sus sugerencias”.

La dirección del programa también les otorga especial connotación a las redes sociales. “Hoy es imposible trabajar sin ellas, sobre todo en cuanto a inmediatez se refiere”. Al referirse a las votaciones por SMS, teléfono y otras vías, explica que llegan a un sistema donde se computan y de ahí sale el resultado de la pareja con más votos cada semana.

“Las aplicaciones se encuentran de moda –explica Ortega–, sobre todo entre los jóvenes y ese es uno de nuestros públicos. Tratamos de hacer el programa atractivo para ellos y sin dudas que tengan en su móvil una aplicación los motiva, porque ahí tienen información de los participantes, sus fotos, le pueden enviar comentarios y votar directamente por ellos. La aplicación fue creada por la empresa Desoft, que trabaja con nosotros en estos proyectos, y puede ser descargada en la web entumovil.cu o entrando a nuestra web bailandoencuba.icrt.cu”.

Resulta particularmente interesante el hecho de intentar equilibrar todos los factores para concebir un reality show “a la cubana”, que se adecue a las tendencias mundiales pero que a la misma vez respete al público cubano y su cultura. Ortega cuenta que “a la hora de realizar un reality show se deben mirar los referentes que existen el mundo, no para copiarlos sino para saber las tendencias y por donde va cada uno para poder diferenciarnos. El principal atractivo de Bailando… es la música y ritmos cubanos 100%; en el caso de los concursantes, en lugar de contar las ‘calamidades’ de sus vidas, nos enfocamos en su preparación y en lo que pueden hacer por los otros, de ahí las actividades de corte social que realizamos.

“El público nos puede sentir cerca, con sus mismas necesidades. Tienen la posibilidad de ver y tocar a sus ídolos que en este momento son las parejas de baile, y eso lo hace totalmente auténtico. Sentimos mucho respeto hacia nuestro público y nuestra cultura cubana”.

Las motivaciones y esencias que movieron a Manuel Ortega y su equipo de trabajo para cada semana entregar la mejor propuesta de un programa de participación en la Televisión Cubana son claras. ¿Será que ya no es solo el que baila quien gana y ahora aquí resultan beneficiados los modelos de gestión de las casas productoras, los televidentes por sentirse parte y también los bailarines? En cualquier caso, parecen quedar pocas dudas de que una nueva ola de programas de participación tomará los telerreceptores cubanos en las noches de domingo. Habrá que esperar por el desarrollo a largo plazo de estas experiencia, y mientras tanto deberíamos hacernos la pregunta –menos espectacular, pero más compleja y necesaria– de cuánto gana y cuánto pierde la cultura cubana con este tipo de propuestas.

2 thoughts on “La maquinaria de Bailando en Cuba

  1. En la TV cubana siempre hubo ese tipo de Programas, Todo el Mundo Canta, Mi salsa buscando el Sonero, Para Bailar, para bailar Casino , este tipo de Programas siempre le gustó al Publico, ahora con las nuevas tecnologías se hacen superespectaculares programas, muy costosos para el pais pero que valen la pena como estos últmos y que hacían falta porque la programación del fin de semana está como para salir de casa o para acostarse a dormir. Esperemos ahora que programa sustituirá a Bailando…

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