Fidel y la computación: algunos pasajes

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Por: Ania Terrero (Tomado de Cachivache Media)

Corre el año 1969. Acaba de comenzar la polémica Zafra de los Diez Millones y Fidel le cuenta a los soldados y oficiales de las Fuerzas Armadas Revolucionarias que participarán en ella cómo el uso de nuevas tecnologías servirá para lograr mejores resultados en el proceso.

“Y muchas de las tareas son complejas: las tareas de dirigir todo el tráfico en un central azucarero, el itinerario de los trenes, el programa. De tal manera que nosotros estamos ahora analizando, incluso tratando de producir una primera computadora que diariamente en cada central azucarero señale cuál debe ser el itinerario óptimo de los trenes (…). Vean ustedes cómo incluso nuestra industria azucarera, tradicional e histórica, necesita de la técnica moderna, necesita de la electrónica, necesita de las computadoras, para poder realizar el trabajo en condiciones óptimas”.

Meses más tarde, en abril de 1970, un grupo de especialistas liderados por el ingeniero Luis Carrasco pone en marcha la primera computadora cubana, la CID 201, con la finalidad de coordinar las actividades del transporte ferroviario durante la zafra. Con frecuencia el equipo de desarrollo recibió la visita de Fidel, para verificar personalmente por los derroteros de aquel primer intento.

Hablar de automatización de la industria en pleno siglo XXI parece, efectivamente, descubrir otra vez el agua tibia. Pero en 1970 el mundo aún no sabía de cámaras digitales, computadoras personales o celulares y, en materia de automatización, los avances en el campo de la agricultura eran discretos. En Cuba todo aquello sonaba a ciencia ficción. Fidel explicaba:

“Igual que hoy no se puede hacer el viaje a la Luna sin las computadoras, porque la cantidad de cálculos que se requieren y la velocidad con que deben ser resueltos complicados problemas, harían imposible la tarea al cerebro humano. Tampoco sin las computadoras, sin los centros de cálculo, se puede llevar el control de la economía, de los inventarios, de lo que falta, de lo que hay, de lo que se necesita en la enorme escala que impone la economía socialista”.

Alguien dijo que Fidel solía ir al futuro, regresar y explicarlo. Otros dicen que soñó mucho. En asuntos de tecnología, al menos, lo hizo. Cuba arrastraba un pésimo panorama y en medio del subdesarrollo heredado las perspectivas no eran buenas. Fidel se empeñó en que a nuestro modo y con nuestras limitaciones, estuviéramos al tanto, no perdiéramos el ritmo.

Sin embargo, el reto más grande seguía siendo romper el cerco que mantenía a las tecnologías como asunto de unos pocos. Desde las primeras décadas de la Revolución, Fidel impulsó el estudio de la computación en la Educación Superior y poco a poco se volvió una prioridad enseñar Informática en todos los niveles de educación. En 1984, durante el aniversario del Asalto al Cuartel Moncada, explicaba:

“Creo que será fundamental, ya que hemos alcanzado estos logros, ya que hemos avanzado hasta aquí, que miremos a largo plazo, y prestemos la mayor atención a la enseñanza y a la utilización de las técnicas de computación; para ello hay que preparar a los maestros, hay que empezar por las universidades, de lo contrario será imposible en el futuro manejar algo sin el uso de las computadoras (…). El desarrollo industrial y social requiere que nos posesionemos ambiciosamente de esas técnicas, y también que desarrollemos la producción de los equipos necesarios, que tienen, repito, una importancia tremenda en todos los aspectos”.

Cinco años después insistía: “Todas esas etapas las hemos cumplido. ¿Qué nos queda por delante? Nos queda la calidad, la cuestión de la calidad. ¿Qué es calidad? Calidad es introducir la enseñanza de computación en toda la enseñanza universitaria, lo primero que hicimos en los últimos años. Calidad es introducir la computación en todos los preuniversitarios del país, en todos los tecnológicos, en todas las escuelas de maestros, en todas las escuelas secundarias del país; eso es calidad, y esa es la calidad que hemos estado introduciendo en los últimos años”.

En ese sentido, el intento más audaz de llevar tecnologías, informática y computación a todos fue la creación de los Joven Club de Computación y Electrónica, en octubre de 1987.

“Ese desafío implica un dominio, por ejemplo, de la computación. No se podrá sobrevivir sin ese dominio de la computación, de la electrónica, de los medios de comunicación. Nadie se imagina lo que significan esos Joven Club que se han creado en toda la república y donde tantos miles y miles de jóvenes han aprendido a manejar las computadoras. Nadie se imagina lo que valen los programas que realizó la Revolución para introducir la computación, primero en los centros superiores, después continuarla en otros centros, y tenemos que hacer el mismo esfuerzo para llevarla hasta los niveles totales de la enseñanza”.

A principios de la década de los noventa, aunque incipiente, Internet comenzaba a desarrollar su escala global. En Cuba la primera conexión no sería hasta 1996, y aún hoy, veinte años después, estamos lejos de ser un país plenamente conectado. A pesar de que la política de extensión no ha estado a la altura de la temprana comprensión de la importancia de esta herramienta, desde sus inicios Fidel entrevió la magnitud de aquel invento e impulsó los primeros pasos para que Cuba también se pensará en red. En medio de los días negros del llamado Período Especial, apoyó y fomentó la creación de las redes informáticas de la Salud (Infomed) y de las universidades (Reduniv), entre 1992 y 1993.

Diez años después, en la clausura del Tercer Congreso Pioneril, explicaba sus ventajas: “Súmenle a esto, el desarrollo de Internet en nuestro país, las redes. Una, por ejemplo, que se llama Infomed, con la cual pensamos comunicar todos los hospitales y policlínicos, de modo que cualquiera de nuestros más de 60 mil médicos, a través de esa maravillosa técnica, puedan tener acceso al último libro prestigioso de cualquier materia médica que se haya publicado simplemente con ir al policlínico, y puede ser un sábado, puede ser el día que sea. El personal docente en su momento tendrá también una red similar para hacer las consultas necesarias”.

Fidel además entendió Internet no solo como una herramienta para acceder a la información, sino también como un medio más para “la lucha de ideas” y la globalización y complejización del conocimiento a través de la contribución colectiva. Un fin que hoy parece mantra en los pasillos de cualquier Facultad de Comunicación.

En 1998 declaraba: “Nuestra humanidad hoy alcanza 6 000 millones de habitantes, donde millones y millones saben leer y escribir, y existen muchos medios para divulgar las ideas. Planteada la lucha de ideas a nivel mundial, muchas veces no se tiene acceso a los medios de divulgación masiva controlados por las grandes transnacionales, o no se tiene acceso a las grandes cadenas de televisión o de información; pero siempre hay alguna forma de hacer llegar el mensaje al mundo, siempre hay alguna posibilidad, y mientras más se desarrollen las comunicaciones, ello es más posible. Bien, un equipito de tan pequeño volumen y tan relativamente poco costoso, o de mínimo costo, una computadora conectada a la red de Internet es ya una posibilidad de hacer llegar un mensaje, un pensamiento a millones de personas en el mundo”.

Un año después explicaba: “Las nuevas tecnologías de las comunicaciones han dividido al mundo entre los conectados y los no conectados a las redes globales. Conectarnos al conocimiento y participar en una verdadera globalización de la información que signifique compartir y no excluir, que acabe con la extendida práctica del robo de cerebros, es un imperativo estratégico para la supervivencia de nuestras identidades culturales de cara al próximo siglo”.

Con el siglo XXI llegó la Batalla de Ideas, un proyecto también promovido por Fidel que a pesar de su raíz humanista y buenos conceptos tuvo un alcance e impacto que a largo plazo puede ser valorado de incompleto. Sin embargo, en el calor del momento, gracias al proyecto, las escuelas se llenaron de televisores y computadoras hasta alcanzar proporciones de una por cada treinta estudiantes. Los niños de la época que pasaron largas horas enganchados con las colecciones de softwares educativos “Multisaber” y “El Navegante” se cuentan por miles; se incrementó el acceso a Internet de periodistas, personal de salud, las ciencias y las universidades; se crearon las salas de televisión en zonas montañosas que nunca antes habían tenido acceso a la señal televisiva y se creó la Universidad de las Ciencias Informáticas (UCI).

En 2006, cuando el Palacio Central de Computación cumplió quince años, Fidel describió el sueño que representaba la UCI: “Es una universidad modelo (…), una fuente reveladora de las posibilidades de la sociedad futura en Cuba y en el mundo. Ya veremos qué ocurre cuando todos esos talentos se desplieguen y se consagren a la creación. Tenemos que acostumbrarnos a un mundo nuevo que va cambiando alrededor de nosotros”.

En 2004, durante la graduación del primer curso de las Escuelas de Instructores de Arte, otro programa de la Batalla de Ideas, explicó: “Para poder vencer estos objetivos, las escuelas cuentan con salas de video, bibliotecas, laboratorios de computación, cubículos de música, tabloncillos para la danza y el teatro, así como talleres de artes plásticas. Los televisores y videos con que cuentan los centros escolares, junto con las computadoras, serán también instrumentos de trabajo del instructor. Ellos conducirán a niños y adultos en las visitas que podrán hacer, a través de los discos compactos o el video, a museos del mundo”.

Con mirada descarnada podríamos decir que a esta Isla pequeña le faltan demasiados recursos para convertirse en potencia de cualquier tipo, mucho más para ser abanderada en materia de tecnología. Sin embargo, medio siglo después tenemos uno de los primeros astronautas del mundo; científicos que descubren vacunas y medicamentos de valor internacional; médicos prestando servicios por todo el planeta y miles de informáticos graduándose cada año con habilidades suficientes para inventarse todo tipo de alternativas, desde Infomed hasta la SNET o el Paquete.

Difícilmente podamos atribuirle tanto a un solo hombre. Difícilmente somos lo que somos solo por un hombre. Difícilmente alguien pueda negar que este hombre se esforzó porque Cuba fuera más de lo que estaba destinada a ser. Y en cuestiones de ciencias y tecnologías, este hombre siempre tuvo el fin último claro: “Si las computadoras y máquinas automáticas pueden obrar milagros en la creación de bienes materiales y servicios, ¿por qué el hombre no se podría servir de la ciencia que ha creado con su inteligencia para el bienestar humano?”.

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