DC-Warner Bros.: universo en construcción, regrese más tarde

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Por: Javier Montenegro (Tomado de Cachivache Media)

“Tarde pero seguro”, podría decir la DC, “estamos construyendo nuestro universo cinematográfico, para ajustarnos a la competencia. Marvel hace lo suyo y no queremos quedarnos atrás”. El problema es que, para la crítica y un buen sector de consumidores de cómics, este universo no está siendo de su agrado. ¿Los motivos? Muchísimos. Desde los puristas que no aceptan las adaptaciones y modificaciones de personajes hasta los haters de un actor en específico, como es el caso de Ben Affleck, a quien acusan de tener un rostro inexpresivo durante todo el metraje de Batman, como si en eso no se hubiese basado buena parte de las dotes histriónicas de Christian Balee en la saga dirigida por Christopher Nolan.

Ese quizás sea el primer problema de la dupla DC-Warner Bros a la hora de crear un universo cinematográfico basado en los personajes de la primera. Crítica, público y toda persona con o sin criterio coinciden en que la trilogía de Nolan del caballero de la noche, muy apegada a la estética del cómic de Frank Miller, es lo mejor que se ha hecho en cuanto a adaptaciones recientes. Unanimidad que, en mi humilde opinión, debería preocupar.

Para comenzar con el pie izquierdo, Bale no se quiso apuntar a esta nueva aventura. Ya esto significaba buscar un nuevo Batman y darle un nuevo rostro al emblema de DC. Aunque en esta misma situación se vio la Marvel con el cambio de Edward Norton por Mark Ruffalo en la interpretación de Hulk. “Ni hablar, no hay comparación”, dirán los entendidos. Tengo mis dudas. El increíble hombre verde es uno de los íconos de la casa de las ideas, sobre todo por la profundidad sicológica de su personaje y sus conflictos internos. Además, la cinta de Norton es por mucho, superior a la de Ruffalo, por no hablar de la calidad de los actores. Pero Batman es Batman, y la memoria reciente, cuando se trata de buenos ratos, no perdona. No obstante, los consumidores de cómics olvidan cómo se construyen historias paralelas de un mismo personaje en las historietas, y cómo incluso Batman, además de moverse en diferentes realidades, muchas veces cambia de personalidad, en dependencia del guionista detrás de sus historias; esto no funciona de igual manera en el cine. O si se prefiere, para que una nueva adaptación sea aceptada, tiene que superar a la anterior, no solo en cuanto a calidad del metraje, sino también en la complejidad del personaje. Si los cómics siguieran esa política que tanto piden los fans –“si no es superior a la anterior entonces no lo hagas”–, yo creo que el mundo del noveno arte se hubiera quedado sin historias hace mucho tiempo.

Que el Batman de Affleck no sea superior al de Bale, no significa que sea malo. Este nuevo Batman, de momento, está consumido por la soberbia, la frustración, el miedo y odio hacia un ser superior como es Superman. Muy pegado al Batman de Frank Miller en el aspecto sicológico, acá Bruce Wayne no ha superado la muerte de sus padres, sufre de constantes pesadillas y carga con el trauma de la muerte de Robin –de momento no se sabe si es Dick Grayson o Jason Todd (lo más lógico)–. Y, además, evoluciona –forzadamente– en el metraje. El Batman de Nolan es plano. Ante cada rival (Ra’s al Ghul, Joker, Bane, Talia al Ghul) Bruce Wayne logra superarse a sí mismo, pero su forma de pensar no cambia, no se reinventa ante cada hecho significativo en su vida, y estemos claro, el Batman que se enfrenta al Joker no puede ser ni remotamente el mismo Batman que enfrenta a Bane, al perder a un ser querido. En la tercera entrega, si acaso, hay un poco de cansancio y decepción, pero su forma de ver el mundo no ha cambiado. Este nuevo Batman comprende su error al pelear frente a Superman, y con la muerte del hombre de acero, acepta que en estos nuevos tiempos necesita aliados poderosos, en este caso metahumanos. Por desgracias es una escena patética, tal vez por la escasez de recursos de Affleck o por las propias limitaciones de Snyder.

Es cierto que la película tiene esos plot-holes a los que se refirió en su momento un señor obeso especializado en el cine de suspenso, a los que llamó icebox scene (algo así como escena de la nevera). Inexplicablemente, Superman sabe a cada segundo dónde está Lois Lane: a punto de ser abatida en África, ahogándose bajo el agua, o rumbo a estamparse en el concreto. Sin embargo, no tiene idea de dónde Lex Luthor tiene a su madre… ¿Qué pasó con el sexto sentido del hombre de acero? ¿Lo hacemos desaparecer a conveniencia del guion? ¿O cómo acusan a Superman de involucrarse en los problemas internos de un país africano después de crear un monumento a las víctimas de la batalla con Zod con la figura de Superman, tan culpable como su coterráneo de las miles de muertes? ¿No es un poco inconsistente la política americana hacia el hombre de acero? Por no hablar de la creación de Doomsday a partir de la mezcla de sangre de Lex Luthor y Zod.

Y claro, tampoco se olvida el tema de Martha. Miren, con lo previsor que suele ser Batman (y si alguien lo duda, dele un repaso al arsenal de armas de kryptonita que crea para batirse con Superman) a mí lo que más me sorprende es que Bruce Wayne no conozca el nombre de la madre de Clark Kent. ¿Pero que, en el medio de la batalla, a punto de asesinar al héroe de Metropolis, Bruce Wayne, este Bruce Wayne de Zack Snyder que es un asesino sicópata traumado aún con la muerte de sus padres, cambie de parecer porque el nombre de sus madres coinciden? Usted puede acusar a Snyder de que la escena sea poco verosímil –personalmente no lo creo–, pero para nada es poco realista. Por cosas menores se han creado mayores cofradías. Y este Batman, lleno de odio y resentimiento, que no ha superado la muerte de su madre, descubre que las últimas palabras de un semidios a punto de morir es que salve a su madre Martha… en serio ¿qué película estuvo usted viendo hasta este momento?

Así arrancó DC-Warner con Batman vs Superman: Dawn of Justice. Un nuevo murciélago con la difícil tarea de hacer olvidar al anterior, un Superman que sí se montó en el tren del nuevo universo y entregó parte de su historia, y la entrada de par de personajes emblemáticos más como Lex Luthor y Wonder Woman. Y con Lex volvemos al tema la necesidad de respetar al original. Para el hombre de acero no concebimos otro némesis que no sea el empresario frío, despiadado y calculador. ¿Por qué? ¿Todo debe regirse por el canon? Les recuerdo que para el señor Neil Gaiman, Alfred, el mayordomo, el anciano ecuánime, el cable a tierra de Batman, es el Joker en su Whatever Happened to the Caped Crusader?. O que en Los Nuevos 52, Snyder y Capullo juegan con ideas tan alocadas (y ninguna descartada) que van desde la existencia de un hermano de Bruce Wayne hasta la posible inmortalidad del Joker, un ser de más de trescientos años. ¿Cuál es el problema con no aceptar nuevas versiones en el cine? ¿Por qué si se hacen estas concesiones con las cintas de Marvel, llenas de libertades e irrespetos hacia los originales? ¿Porque son más graciosas y para ver en familia?

La familia. Ese es otro de los grandes problemas de la Warner Bros. Hasta que no acepten (y jamás lo harán) que sus películas son R, sus adaptaciones quedarán en una nebulosa sin un público definido. Esa clasificación de PG-13 les ata las manos de una manera de una manera monstruosa.

Pero a pesar de estos problemas, o de las ideas-conceptos de justicia que no logran terminar en buen puerto, Batman vs Superman es superior a la gran mayoría de cintas de superhéroes de la Marvel, no solo por la oscuridad de los cómics de Frank Miller que toma de Batman y, al parecer, aplica a todo el universo DC. Un Batman errático, arrogante, violento, que nada tiene que ver con el código de conducta del “no matarás”, al menos a mí, se me antoja mucho más interesante que cualquiera de los Avengers. Un Superman benévolo, enamorado, que sufre por su madre y asume la destrucción de toda una ciudad por sus intereses personales, me parece mucho más interesante que un Capitán América llorando por autonomía a la hora de enfrentar a los villanos en un giro brusco de su personalidad. Lo que se cuece dentro del DC-Warner, a pesar de la poca preparación y el vértigo con que se han lanzado a hacerle la competencia a la Marvel-Disney, es mucho más humano y terrenal que las perretas de Robert Downey Junior y Chris Evans. Por no hablar de Hawkeye, padre ejemplar en su tiempo libre, o del semidiós Vision, creado por Iron Man, una especie de Doctor Manhatan tan fuera de lugar como sus reflexiones de la vida.

Y si nos referimos a lo cinematográfico puro y duro, esta nueva nuevas cintas salen ganando. La perspectiva de Bruce Wayne ante la batalla entre Zod y Superman, las escenas oníricas de Batman, desde su caída en el agujero y los murciélagos, hasta la muerte de sus padres, sin olvidar el viaje temporal de The Flash. Cada una de estas escenas se quedan grabadas a fuego en la mente del espectador. Sin olvidarnos de la coreografía Batsy vs Kal-El. Es que por mucho que lo odiamos, Zack Snyder conoce su oficio, al punto de que pocos pueden presumir de emplear mejor los recursos que brinda el cine para ponerlos a disposición de los superhéroes.

Pero al parecer los críticos también forman parte del club “si no vas a hacer nada mejor, entonces no hagas nada”, como si cada director, antes de ponerse a filmar, supiese que su cinta será la quintaescencia de la vida.

Después de la mala recepción crítica que tuvo Batman vs Superman, la productora entró en pánico, y su siguiente cinta, Suicide Squad, que debió ser un desmadre de sangre y vísceras, cayó en el mismo peligroso limbo del PG-13. No es posible que te vendas como la nueva Deadpool con ese lastre. ¿Cómo representar lo peor del universo DC con solo algunas goticas de sangre? Deadshot: asesino. Harley Quinn: sicópata. Killer Croc: animal con instinto asesino. Diablo: rostizador de seres humanos. Y para colmo, las expectativas por el cielo debido a los numerosos tráilers. La debacle estaba servida. Pero… ¿Qué tan mala es Suicide Squad? La gran mayoría la cataloga como una mierda –incluso en nuestro podcast le fue otorgado el calificativo–. Yo no lo creo así.

El principal problema de Suicide Squad es su guion infantil, el cual afecta también las actuaciones de algunos de los actores. Ciertos parlamentos parecen elaborados hace treinta años, cuando el cine de superhéroes era algo menor. Pero el mundo ha cambiado mucho, y es imposible que David Ayer, su director y uno de los guionistas, no lo sepa. Se dice que la película cambió mucho en la sala de edición después de las malas recepciones de BvS, y Jared Leto –el Joker en esta cinta– lanzó un dardo al referirse a todo el metraje que él filmó y no aparece en la versión final. Pero nada de esto le importa al espectador. Como en cualquier obra, lo único que valora el receptor es el resultado final, el proceso es solo una anécdota, un aderezo; si acaso adquiere importancia cuando la obra triunfa. Pero no es el caso.

Uno de los primeros errores de la cinta es colocar a Will Smith como protagonista y líder de esta banda de villanos. Su Deadshot no tiene liderazgo, no impone respeto, no es superior en ningún aspecto al resto de estos criminales, y sin embargo todos, sin chistar, le aceptan como líder. Además, falla como elemento bisagra de estos “héroes” improvisados, al repetir constantemente “recuerden, nosotros somos los malos” y a la vez fungir de conciencia colectiva, lo cual no debería ser necesario si todos actuasen como Harley Quinn, siendo los pedazos de porquería que deberían ser. Killer Croc ni despedaza ni le rompe el cuello a nadie. Capitán Bumerang, a pesar de ser el más antisocial y menos integrado al grupo, tampoco sobresalta por ninguna actitud de villano clásico, ningún acto de maldad, y ese es otro de los problemas de la cinta. No explota a estos dos personajes, los mantiene muy alejados, sobre todo se nota mucho con Jai Courtney, que logra en los pocos minutos que tiene robar la atención de la cámara y mantener cierto hipnotismo sobre el espectador con su Capitán Bumerang, pero si le sacamos de la película, argumentalmente, nada pasaría. Es un personaje de relleno, que emplean como presentación para uno de los villanos de la película The Flash, pero que ni siquiera logran aprovecharlo.

El personaje más interesante de estos villanos es Diablo. Es el único que se nos presenta con ciertos conflictos, en busca de una redención por sus crímenes monstruosos, conocidos por el espectador, a diferencia del resto de los integrantes del escuadrón. Él, junto al carisma de Harley Quinn, nos da una idea de qué debería ser este Suicide Squad pero no logra.

Otro de los desaciertos de la cinta es el fichaje de Cara Delevingne como el villano principal. Esa necesidad de desdoblarse en dos personalidades diferentes supera a la modelo y su personaje queda sin trascendencia. No obstante, es muy probable que ella sea la menos culpable. En primer lugar, porque el villano es muy flojo, nada desarrollado. Esta hechicera solo quiere destruirlo todo, nada de subyugar a la humanidad, y hasta cierto punto deja de ser consecuente con los propios motivos por los cuales levanta el rayo mágico –y omnipresente en el cine de los últimos tiempos– sobre Middle City. El segundo motivo es el compañero romántico que le ha tocado, un descafeinado Rick Flag que ni impone respeto sobre el escuadrón, ni resulta creíble como héroe enamorado en busca de la princesa y tiene muy poca química en las pocas escenas que comparte con Delevingne.

No todos son desaciertos en el casting. Ahí está Viola Davis interpretando a una implacable Amanda Waller, el ser humano más despreciable que pasa por la pantalla, que sin ningún problema asesina a sus propios subordinados en pos de un bien mayor. O Margot Robbie, cómplice del asesinato de Robin (quizás el mayor crimen en el Universo DC), desquiciante, carismática y desequilibrada. Si Harley Quinn no es un personaje superior en esta cinta, una vez más se lo debemos al guion. ¿Qué trabajo costaba una escena gratuita de su bate estampado en la cabeza o columna de algún guardia o civil casual?

Otras de las críticas a la película han estado referidas a esta nueva versión del Joker, más centrado en la mafia, y de momento menos loco. Debemos entender que el payaso solo orbita durante la película alrededor de Harley, como una introducción a lo que podría venir luego en futuras cintas de este universo. No es un eslabón importante en la cinta, es una subtrama de unos de los personajes fuertes, Harley, y funciona como una cuña en busca de picos de intensidad y una complicidad con el espectador. A pesar de que muchos fans no están conformes con esta reinterpretación del payaso de Gotham, las mejores escenas de la película se las roba Jared Leto, lo mismo cuando hace a Harley lanzarse en el ácido con esa posterior danza y beso desquiciante, hasta la toma cenital que se aleja para mostrarnos a un Joker rodeado de armas, imagen digna de un póster. ¿En serio alguien duda de la ausencia de cordura de este personaje? El problema de recepción que ha tenido Leto tiene más que ver con las expectativas creadas en los tráileres que con la propia interpretación y construcción de este emblema.

Pero el problema del payaso es uno menor; como decía más arriba, todo gira alrededor del guion. Una escena que debió funcionar como cohesión de todo lo que la película proponía, la de los villanos tomándose un trago antes de la pelea final, termina por hacer menos creíble este Escuadrón Suicida. Y hasta cierto punto es entendible, si Will Smith no encuentra una contraparte en Rick Flag, el personaje no tiene con quien competir, no tiene que demostrar sus fortalezas o liderazgo sobre el otro. Y como le das todo el peso de la cinta a DeadShoot y Harley y te olvidas del resto del escuadrón, la película te falle estrepitosamente. Además, tan acostumbrado que estamos a los asesinos a sueldo en el cine, DeadShoot nunca se te presenta como un verdadero villano, el acto más despiadado que comete es aceptar el sacrificio de Diablo (un punto a favor de la cinta al asumir la muerte del personaje más fuerte moralmente de la cinta). ¿Y se supone que este hombre sea lo peor del escuadrón, o al menos, el líder?

Lo más terrible es que se hace difícil comprender cómo esta película falla, teniendo de su lado la mitad del trabajo hecho con estos personajes, ya bien desarrollados en el cómic. Está claro, no debemos asumir que son los mismos, pero esos primeros minutos que dedican a los flashbacks de cada personaje debieron ser mucho más impactantes, vendernos a estos monstruos como lo que eran, lo que solo logran con Harley y Diablo. El resto no cumple con los requisitos para formar parte del Escuadrón Suicida, al menos por cómo Ayer los construye y muestra.

Suicide Squad es el preludio a la Liga de la Justicia, no solo visto como la película que le antecede sino también como el intento fallido del gobierno de estar listos para cualquier amenaza. Los villanos son incontrolables, y ese afán de manejar a conveniencia a otras personas en beneficio propio es lo que provoca la crisis que DeadShoot y compañía deben enfrentar. Sí, son unas cuantas las alegorías de situaciones reales a las que la película puede hacer referencia, sobretodo referidas al cercano y Medio Oriente. El punto de la película es que los villanos logran trabajar en equipo cuando se enfrentan a un mal mayor, pero son demasiado inestables y peligrosos, por eso debe crearse un grupo más fuerte y con unos valores más… humanos. Esa es la justificación para que Batman reúna a los principales superhéroes de la DC. Pero la idea se diluye y no queda del todo clara.

No obstante, aun con todos los fallos que tienen Batman y Escuadrón Suicida, por el momento yo me quedo con este universo cinematográfico que está construyendo DC, muy apresuradamente y sin ocultar las costuras. La oscuridad (no solo visual) que por el momento nos muestra, con un Batman terrible, con buenos tan espeluznantes como Viola Davis, la prefiero a la bondad de los héroes de la Marvel. No es que prefiera un supuesto realismo en los personajes –que algunos de los avengers son espectaculares–, es que me siento más identificado con el humanismo que desprenden los héroes de la DC, visto ese humanismo como una oscuridad de la cual no pueden desprenderse y que les acompaña en cada momento. A fin de cuentas, nuestros héroes favoritos siempre han sido aquellos con los que nos hemos sentido más identificado. De momento, yo me quedo con este universo en construcción.

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