Enigmas de un horario de verano

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Por: Félix Manuel González Pérez (Tomado de Cachivache Media)

Ayer domingo los cubanos finalmente atrasamos una hora a los relojes, una semana después de que nuestras computadoras, celulares, tablets y otros dispositivos habían hecho el cambio de “inteligentes” que son.

Pero, ¿cómo surgió esta tradición de cambiar la hora dos veces al año? ¿Cuál es la necesidad de establecer el horario de verano? ¿En realidad se ahorra energía con este trueque? Aprovecha que ayer ganaste una hora extra de tiempo y dedica unos minutos a conocer estos detalles.

Échale la culpa a Franklin

Cierto día de 1784, Benjamin Franklin, que por aquel entonces fungía como embajador de Estados Unidos en Francia, se levantó algo contrariado con el parsimonioso estilo de vida de los franceses y escribió una carta al diario Le Journal de París, donde confesaba que luego de haberse levantado varias veces a las seis de la mañana, se había percatado de que el sol iluminaba la ciudad antes de tiempo.

Pero claro, un padre fundador de los Estados Unidos no se iba a limitar a narrar lo que sucedía mientras el resto de la ciudad todavía dormía. Por supuesto que no.

Franklin, tan acostumbrado a redactar enmiendas y elaborar constituciones, acompañó su carta con una serie de medidas que debían implementarse para ahorrar aceite durante el día y aprovechar al máximo la luz solar, entre las que figuraban: imponer impuestos a las personas cuyas ventanas impidieran la entrada de luz a “sus” habitaciones; regular (léase: obligar a controlar) el consumo de velas y cera; y hacer repicar las campanas de las iglesias para que todo el mundo se levantara a la misma hora y se pusiera en función de sus obligaciones personales.

Pero, como era de esperar, los franceses no le hicieron mucho caso a las “sugerencias” de Benjamin. Me imagino que los galos se miraron los unos a los otros y, después de controlar los ataques de risa, concluyeron que esas medidas comprometían la liberté, “égalité, fraternité” por las que cinco años más tarde le arrancarían de cuajo las cabezas a sus reyes, y lo mandaron a probar más suerte en la “home of the brave and the land of the free”. C`est la vie!

No fue hasta la Primera Guerra Mundial que hubo consenso sobre la necesidad de cambiar el horario para reducir las horas de iluminación artificial y de esa manera ahorrar energía (energía que luego se utilizaría en la contienda militar). Fue Alemania el primer país en decretar la Sommerzeit (horario de verano) para ahorrar carbón durante la temporada bélica. Los Estados Unidos, Europa y Rusia hicieron lo mismo en 1918.

Pero cuando terminó la guerra los relojes volvieron a la normalidad y no cambiaron su estado hasta la Segunda Guerra Mundial, cuando el horario de verano volvió a instaurarse con carácter temporal. Al parecer el mundo del siglo pasado solo entendía de ahorro en épocas de extrema crisis.

La impronta de las crisis energéticas que vivió buena parte del planeta en los años setenta facilitaron la promulgación diversas leyes de política energética en varios países, particularmente en Europa y Norteamérica, aunque a lo largo del tiempo numerosos países han utilizado el mecanismo de manera intermitente.

¿En realidad se ahorra energía?

El propósito fundamental del establecimiento del horario de verano ha sido siempre el ahorro de energía eléctrica mediante el aprovechamiento de la luz natural. Pero muchos científicos han cuestionado la efectividad de este plan en una sociedad que precisa de aires acondicionados, ordenadores, microondas, lavadoras, y toda una larga lista de electrodomésticos que se usan constantemente sin tomar en consideración las horas solares.

Los resultados de las investigaciones sobre el asunto tampoco son muy definitorios, puesto que, con bastante frecuencia, llegan a conclusiones contradictorias.

La mayoría coinciden en que el cambio de horario sí se revierte en un ahorro considerable de energía eléctrica durante las noches. Pero un estudio publicado en el Journal of Economics and Statistics, que analizó el comportamiento del consumo en el estado de Indiana, donde hasta 2006 algunas regiones no habían adoptado la medida, arribó a la conclusión de que los poblados donde se instauró el horario de verano consumían más electricidad que aquellos que decidieron no hacerlo. Cuando se le preguntó a los autores de la investigación sobre este resultado, ellos explicaron que el fenómeno se debía a un mayor uso de ventiladores y aires acondicionados durante las extensas tardes de verano.

Incluso en aquellos lugares donde el calor no es un problema tan grave, algunos estudios han demostrado que la energía que se salva durante las noches, termina gastándose en la mañana en las horas de oscuridad previas al amanecer. O sea, al final el ahorro depende en gran medida de la posición geográfica y las condiciones atmosféricas del entorno del lugar que se examina y no tanto del cambio de horario como medida per se.

Otras miradas macro al fenómeno, respaldadas en cifras fríamente calculadas, indican que, con el horario de verano, el consumo global de energía se reduce en un 0,02 por ciento. Un número que a simple vista puede parecer pequeño, pero que seguro tiene una equivalencia significativa cuando lo convertimos en barriles de petróleo y esos barriles de petróleo los convertimos en mamuts que tuvieron que morir para después de millones de años convertirse en oro negro. Sí, después de La Era del Hielo la explicación de los mamuts hace que la gente se identifique.

¿Puede el cambio de horario afectar la salud?

Está demostrado científicamente que el jet lag, ese malestar fisiológico que sienten las personas cuando realizan viajes intercontinentales y sobrevuelan los usos horarios en cortos períodos de tiempo, es un fenómeno real. Resulta bastante difícil creer que el atraso o adelanto de una sola hora pueda provocar síntomas similares. Pero parece que sí.

Según los científicos el cambio de horario puede tener efectos nocivos sobre la salud humana. Aunque algunos investigadores, principalmente asociados al deporte, defienden la idea de que el horario de verano potencia la práctica de ejercicios físicos al aire libre, porque las tardes son considerablemente más largas y las personas aprovechan mejor la luz solar, la gran mayoría de las investigaciones apuntan en el otro sentido.

Un cronobiólogo de la Universidad Ludwig-Maximilians de Munich, que responde al nombre de Till Roenneberg, tiene una teoría que explica la relación entre nuestros relojes biológicos circadianos, definidos por la luz y la oscuridad, y el cambio de hora en verano. El científico alemán manifiesta que para nuestros cuerpos y nuestras mentes resulta sumamente difícil ajustarse para obtener una hora “extra” de luz al final del día, y en consecuencia, “la mayoría de la población disminuye drásticamente la productividad, disminuye también la calidad de vida, aumenta la susceptibilidad a enfermedades y uno siempre se encuentra cansado”.

Otros estudios identifican una relación dinámica entre la luz y la oscuridad y sobre los efectos de la iluminación natural en distintos momentos del día. Supuestamente: “la luz por la mañana activa el ritmo, pero la luz durante la tarde demora el ritmo”.

Otra de las fatalidades del cambio de horario pudieran ser los accidentes de tráfico al alterarse los ritmos biológicos y provocar trastornos del sueño; el aumento de la depresión y la tendencia al suicidio, puesto que las cifras indican que en las primeras semanas del cambio de horario principalmente los hombres exhiben una mayor tendencia a quitarse la vida; e incluso un riesgo mayor de ataques al corazón, ya que un estudio sueco demostró que en los primeros días del cambio, los ataques al miocardio se elevan entre un cinco y un diez por ciento.

Así que si usted siente la necesidad de irse temprano de su centro laboral, cuando lleguen las cuatro de la tarde explíquele a su superior que, después de unos meses de playa, arena y días interminables, ya se había acostumbrado al horario de verano, y si se queda en el trabajo pudiera sufrir un ataque al corazón, o tener un accidente de tráfico o incluso pensar en suicidarse si llega vivo a casa.

O simplemente pudiera argumentar que no está de acuerdo con que se cambie nuevamente el horario, porque esa es una idea injerencista fruto del pensamiento de uno de los padres fundadores de los Estados Unidos, a la que nuestro país no debería resignarse. Al fin y al cabo, Cuba es un eterno verano.

One thought on “Enigmas de un horario de verano

  1. Está muy interesante e instructivo este artículo, me gustaría que se hablara más de los antecedentes del cambio de horario y de cómo, cuándo y quién o quiénes llevaron a cabo, por primera vez, dicho cambio en Cuba.

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