¿Cómo se pone a La Habana en el mapa?

Mapillary Habana Cuba

Por Félix Manuel González Pérez (Tomado de Cachivache Media)

El 14 de noviembre de 2015 Jorge L. Batista (alias PB) subió al escenario de la sala Avellaneda del Teatro Nacional, en calidad de primer orador de la segunda edición de las charlas TEDxHabana, y convenció a la audiencia de la necesidad de poner a Cuba en el mapa. Pero no en un mapa cualquiera. Junto al resto de la comunidad cubana de OpenStreetMap (OSM), PB quiere incluir a la Isla en lo que se conoce como The Free Wiki World Map, una plataforma colaborativa que desde hace años busca desarrollar un mapamundi completamente libre y editable, una especie de “Wikipedia de los mapas”.

Pero, deseos aparte, la comunidad OSM cubana es todavía muy pequeña y fragmentada. “Por razones que muchas veces simplificamos con la brecha tecnológica, el proyecto no acaba de despegar. Solo un puñado de personas contribuye y en su mayoría lo hacen desde el exterior. Hasta donde yo sé no hay ningún proyecto de los conocidos basado en OpenStreetMap, como no hay ningún proyecto real basado en software libre ni en tecnologías abiertas”, explica PB.

OpenStreetMap es una base de datos geográficos que depende completamente del aporte de sus voluntarios. Todos los datos que la conforman son obtenidos mediante el método de crowdsourcing. Por tanto, las limitantes tecnológicas y de conectividad que enfrenta Cuba entorpecen también la dinámica de la comunidad, a la vez que constriñen su expansión. Es difícil (y lo seguirá siendo al menos a corto y mediano plazo) gestionar el conocimiento o abrir las discusiones sobre el Open Data en un país donde una hora de Internet sigue costando 50 pesos (algo más de dos dólares).

Bajo estas condiciones, es comprensible que para los internautas cubanos sea más importante gestionar un jean azul navy o una recarga doble de ETECSA con sus familiares, amigos o conocidos en el extranjero, que contribuir al desarrollo de una base de datos que pretende construir un mapa del mundo que habitan. Una simple cuestión de prioridades.

Pero durante la Conferencia Internacional de Software Libre (CubaConf) realizada entre los días 25, 26 y 27 de abril en el Colegio Universitario San Gerónimo de La Habana, se consolidó una alianza que comenzó a gestarse on-line, entre la comunidad cubana de OSM y Mapillary, un servicio de street view fundado en Malmö, Suecia, a cargo de Jan Erik Solem y Johan Gyllenspetz, que se dedica entre otras cosas a desarrollar mapas visuales y recorridos virtuales. Cinco meses después, el fruto de esta coalición generó un mapeo de La Habana Vieja y de las principales rutas de transporte público de la capital.

El primer contacto de PB con Mapillary fue de la mano de un colaborador y amigo, Fredy Rivera, líder de varios proyectos de OSM en Colombia. Se lo presentó como alternativa para una aspiración personal que tenía hace un par de años. Después pasó por La Habana Félix Delattre (Mapanica, Nicaragua) que se lo presentó como herramienta para mapear de manera lúdica, porque es muy visual y tiene pocos requerimientos técnicos. Durante CubaConf hubo una pequeña campaña con Mapillary y OpenStreetMap y entonces surgió la idea de mapear La Habana toda de un golpe.

Un fin de semana de mapeo

No voy a mentir. Cuando escuché que había un grupo que pretendía mapear La Habana Vieja en un solo fin de semana, imaginé una pequeña flota de autos de Google Street View tratando de girar en las angostas calles del Casco Histórico.

Pensé incluso en la cantidad de veces que los automóviles iban a ser detenidos por la policía ante la amenaza de robo de información confidencial por parte del enemigo, y en las poses acrobáticas que ejecutarían los habitantes de la ciudad para ser capturados por las curiosas cámaras postradas en los techos de los vehículos.

Pero no fue así. Google, que probablemente estaba muy ocupado con el lanzamiento de su smartphone, no había desembarcado en Cuba. En su lugar estaba un representante de Mapillary junto a una docena de entusiastas de la comunidad cubana de OSM, dispuestos a sacrificar un fin de semana de sus vidas para ayudar a crear un mapa visual de La Habana. Porque si bien resulta incómodo “estar perdido en el mapa”, es aún peor estar perdido sin el mapa.

¿Los medios de transporte? Un automóvil alquilado por Claudio Cossio, el enviado de Mapillary, quien ya se había encargado de mapear las principales rutas de transporte de la ciudad e importantes centros culturales como el Rincón y el Estadio Latinoamericano, así como todos los alrededores del Anillo del Puerto, Berroa y Santiago de las Vegas; dos motos particulares; una que otra bicicleta y el empuje de las piernas del resto de los miembros del grupo, quienes fotografiaron a pie el interior de La Habana Vieja, por donde era imposible circular con vehículos motorizados.

¿El equipamiento para filmar? Un puñado de cámaras Garmin virb x, muy parecidas a las GoPro, pero con un sistema GPS integrado que en otros entornos con mayor conexión, sube inmediatamente las fotos a la nube; unas pocas cámaras 360 y sobre todo teléfonos móviles incrustados en palos de selfie, montajes de pecho (chest mounts) y otros mecanismos de agarre que fijaban los dispositivos al automóvil, las bicicletas y los cascos de las motos, al más puro estilo Teletubbie.

¿El resultado? La captura de más de 100 GB de información visual, que representan aproximadamente un cuarto de millón de fotografías de La Habana, que serán procesadas con softwares desarrollados por Mapillary y que contribuirán a la cobertura desplegada por OpenStreetMap en Cuba. Las imágenes, que normalmente son distribuidas bajo una licencia CC-BY-SA, estarán completamente disponibles para los cubanos. La API de la empresa sueca permanecerá abierta para el uso libre de todos los residentes en la Isla, incluso para aquellos que quieran lucrar con el contenido, dígase cualquier negocio o aplicación cubana que necesite la información para prestar algún servicio relacionado con la geolocalización.

Mapillary había desarrollado experiencias similares en otras latitudes, donde incluso han sumado a la actividad a personas con discapacidad que, auxiliados por los mismos mecanismos, han foto-mapeado su entorno desde los sillones de ruedas. En las Islas Feroe, por ejemplo, los mapeadores se auxiliaron de ovejas para cubrir los terrenos, cuando Google rechazó su petición de cubrir el archipiélago del Atlántico Norte. De esta manera, además de mapear, disfrutaron de la ironía.

La clave del mapeo, el software libre, el Open Data y otros temas similares, tal y como expresara en su charla en TEDXHabana, está en la construcción colectiva del producto final; en la verdadera socialización y democratización de los procesos, en la implicación de las personas con la actividad.

Por lo pronto, OSM Cuba y Mapillary defienden la intención de seguir colaborando y desarrollando proyectos conjuntos.

“Con Mapillary vamos a seguir avanzando”, dice PB. “Tenemos que aclararnos con el tema legal, porque todavía hay quien tiene la opinión de que contribuir para una de estas plataformas es pasarle información al enemigo, y eso no nos deja avanzar, al menos no de manera abierta. Para cuando resolvamos esto ya tenemos varios proyectos para levantar sitios arqueológicos y organizar campañas en pequeños poblados, en la medida que consigamos recursos y juntemos tiempo para hacerlo”.

Entre los emprendimientos futuros de la comunidad cubana se encuentra también completar el mapa de La Habana en OpenStreetMap que, aunque a primera vista parece bastante completo y avanzado, la calidad es mala, según explican sus propios desarrolladores.

Así mismo desde hace algún tiempo existe la intención de crear un mapa del transporte público impreso para su distribución gratuita, pero tanto la falta de información como el desinterés de los organismos del estado en contribuir al proyecto, han diezmado la aspiración. “El Ministerio de Transporte se niega a compartir la información de las rutas de las guaguas y los que tienen los datos todavía se muestran reacios a compartirlos”. Por alguna razón, las rutas del transporte “público” en Cuba son información “privada”.

“En un futuro muy idealizado”, explica PB, “nos gustaría que las aplicaciones que pululan por ahí y los servicios públicos de información nos consumieran. Usar OSM como fuente de datos haría despertar el interés en la plataforma y por supuesto la necesidad de mejorar la calidad de la información”.

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