Ciencia ficción a lo cubano

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Por: Odette González Villaescusa (Tomado de Cachivache Media)

Vivir en una época donde la inteligencia artificial es parte de lo cotidiano; donde los viajes al espacio dejaron de verse lejanos para convertirse en reales; donde la mayoría de las personas se comunican con celulares cada vez más sofisticados; y donde las cadenas televisivas emiten series como Mr. Robot, X-files y Star Trek, ha llevado a que la ciencia ficción (CF) se convierta en uno de los géneros literarios más demandados del siglo XXI.

Precisamente la inevitable correlación ciencia ficción / desarrollo tecnológico hace que muchos pongan en duda la calidad de este género e incluso se cuestionen su existencia en Cuba, país subdesarrollado y en el que el sistema editorial no lo ha tenido entre sus prioridades.

Sin embargo, cualquiera que sea la latitud desde donde se escriba, la CF atiende a las mismas interrogantes universales del hombre ante lo que está por llegar: ¿Hacia dónde vamos? ¿Existen civilizaciones más allá de la Tierra?, ¿Qué ocurrirá por el calentamiento global? ¿Hasta dónde seguirá avanzando la ciencia? Y, como bien ha definido Michel Encinosa Fu, uno de los autores nacionales más representativos de la CF, “siempre queda un terreno intermedio, el terreno humano”.

Esas supuestas trabas para el género en la Isla no imposibilitan su devenir, simplemente contribuyen a sus peculiaridades y a que los autores imaginen y ofrezcan respuestas diferentes ante cuestionamientos similares, a partir de la perspectiva de nuestro contexto.

Desde su surgimiento, este tipo de creación en nuestro país se ha caracterizado por ser heterogénea y poner en práctica la habilidad del cubano de “hacer limonada si lo que hay son limones”.

Tampoco escapa a nuestra ciencia ficción esa capacidad identitaria de mezclar cualquier situación con el humor o el choteo como hilo conductor, apoyo o, citando a Jorge Mañach, para “obedecer al propósito de desahogo”.

No pretendo reivindicar la ciencia ficción cubana ni convencer a escépticos, sino, simplemente, demostrar que cuenta con una historia de casi cincuenta años, que sus autores y fandom han ido conformando.

1964…

La ciencia ficción, como movimiento propiamente dicho, surge en Cuba a inicios de los 60 del pasado siglo, y desde entonces los teóricos –enfrascados siempre en establecer conceptos, términos y espacios temporales– han coincidido en agrupar su desarrollo en tres etapas muy bien delimitadas (al menos esta vez han coincidido en algo).

La primera de estas etapas la marcan con la publicación, en 1964, de los libros La ciudad muerta de Korad, de Oscar Hurtado (1919–1977) y ¿A dónde van los cefalomos?, colección de cuentos de Ángel Arango (1926). Les seguirían Asesinato por anticipado, de Arnaldo Correa (1935), El libro fantástico de Oaj, de Miguel Collazo (1936–1999) y un grupo de autores influenciados por los iniciadores anglosajones.

Este comienzo de grandes aciertos se vería interrumpido de manera abrupta en 1971 con el lacerante Quinquenio Gris, donde apenas había cabida para la literatura que no se ciñera al realismo socialista y a tener de protagonista al hombre como ente creador de un mundo “mejor”.

En 1979, gracias a factores como la creación del Concurso David de Ciencia Ficción de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (Uneac), del taller “Oscar Hurtado” y la aparición de jóvenes autores se da un resurgir de la temática.

En este segundo periodo se delinean dos tendencias fundamentales: por un lado, la creación aún influenciada por la estética soviética, y por el otro, la mixtura entre elementos surrealistas, fantásticos, sobrenaturales, humorísticos y eróticos.

Sobresalen autores como Daina Chaviano, F. Mond, Eduardo del Llano, Alberto Soto y Agustín de Rojas. Este último, ganador del Premio David en 1980 con su novela Espiral, está considerado el mejor novelista de CF en la década.

Estos escritores, en su mayoría decididos a enfocar de manera novedosa la CF nacional y hallarle soluciones, lograron hacer de los años 80 el mejor momento para el género.

Con los 90 llegó el Periodo Especial, a cuyos consabidos efectos no escapó el sistema editorial. La crisis de las imprentas, el papel, las publicaciones, el éxodo de autores… afectaron la literatura en general, y por tanto la CF. No obstante, se dan acontecimientos significativos como la creación del taller literario El negro hueco (1993–1995) y el evento Quásar Dragón, en el icónico Patio de María, organizado por el escritor Raúl Aguiar, quien actualmente es uno de los autores más involucrados con el acontecer del género en el país.

El principio de la tercera etapa se enmarca a finales de los 90 e inicios del siglo XXI, con la paulatina recuperación económica. Aunque se dieron numerosos intentos fallidos, llenos de lugares comunes y golpeados por la escasez de comunicación con el resto del mundo, en este periodo despuntan autores como José Miguel Sánchez (Yoss), Vladimir Hernández Pacín, Juan Alexander Padrón, Juan Pablo Noroña, Michel Encinosa Fú, Erick Mota, preocupados por probar nuevos estilos, que conducirían a las tendencias actuales de la ciencia ficción.

Ciberpunk, ciencia ficción verde, slipstream y otras tendencias

Con aciertos y desaciertos, la CF cubana vive un momento –que ya los críticos se encargarán de delimitar como cuarta etapa cuando deje de ser inmediata− de rica variedad temática y de tendencias definidas como la clásica, el ciberpunk, la ciencia ficción verde, la fantasía heroica y elslipstream.

Intentando seguir la estética de los grandes Isaac Asimov (Yo, robot; El hombre del bicentenario), Arthur C. Clarke (Una odisea espacial, Expedición a la Tierra) y Robert A. Heinlein (Estrella doble, Forastero en tierra extraña), incurren en la tendencia clásica autores de la primera etapa, especialmente Bruno Henríquez, pero lamentablemente con más torpezas que méritos.

Surgido en los ochenta como reacción a la ciencia ficción clásica, el ciberpunk nos llega con años de desfasaje, pero sus cultivadores se han mantenido fieles a los precursores William Gibson, Rudy Rucker, Bruce Sterling.

De acuerdo a la etimología de la palabra (mezcla de cibernética y punk), por lo general el argumento gira en torno a la inteligencia artificial, la informática, los hackers y las historias se desarrollan en un futuro distópico.

Vale mencionar que había sido muy popular en el cine con grandes aciertos como Blade Runner o Akira. Pioneros de esta vertiente en la Isla son Vladimir Hernández Pacín con Nova de cuarzo y Yoss con Timshel.Actualmente uno de los más prolíficos es Michel Encinosa Fu (Niños de neón, Veredas, Dioses de neón, La cuarta estrella, por solo citar algunos).

Se inscribe aquí también Erick J. Mota, cuya excepcional novela Habana underguater mezcla la ciencia ficción con (o se da a partir de) la religión afrocubana: debido a que la ciudad ha quedado sumergida, en distintos barrios habaneros tienen que establecerse grupos dirigentes. Por ejemplo, en Miramar, las Corporaciones Religiosas; en El Vedado, los babalawos; en Alamar, los abakuás; en Centro Habana, seguidores de la Regla de Ocha.

Esta tendencia en Cuba mantiene los elementos de la novela negra, pero no abandona los temas habituales de la literatura cubana de los noventa hasta hoy y que pareciera no van a dejar de demandar los lectores (prostitución, droga, marginalidad, etcétera)

Otra de las tendencias predominante es la ciencia ficción biológica o ciencia ficción verde, en la que han incursionado la mayoría de los autores del género y en la que vuelve a sobresalir Yoss, biólogo de profesión, con textos como Condonautas o Súper Extra Grande.

También bióloga, Laura Azor crea una literatura que parte de los ecosistemas alienígenas. Su excelente relato Se aleja el invierno cuenta la historia de una exploradora que al no poder escapar del planeta a donde ha llegado tiene que relacionarse con una especie depredadora para sobrevivir.

Mientras que el físico Gabriel J. Gil es otro de los mayores exponentes con textos como Por casa tengo el espacio (Gente Nueva, 2012), cuentos donde los terrícolas se expanden por el cosmos, los alienígenas se reproducen y las plantas razonan.

Cuando los autores ajenos a la ciencia ficción incursionan en el género para abordar una realidad más cercana y sin rigor científico se ha dado en llamarslipstream. En la literatura universal tiene sus mejores exponentes en Un mundo feliz (Aldous Huxley), 1984 (George Orwell), Tokyo ya no nos quiere(Ray Loriga) y El Talismán (Stephen King). En Cuba ha sido experimentado por Jorge Enrique Lage (Los ojos de fuego verde), Yonnier Torres (Delicados procesos), Raúl Flores Iriarte (La carne luminosa de los gigantes).

La ciencia ficción no escapó a la resonancia y seducción de la fantasía heroica, tan popular en el siglo XXI. En Cuba también hay quienes experimentan con esta mezcla de CF/magia, siguiendo principalmente el estilo, salvando distancias e imponiendo lo autóctono, del emblemático J. R. R. Tolkien.

Me refiero a autores como Gina Picard, Juan Alexander Padrón, nuevamente Encinosa Fu y Eduardo del Llano, con Los viajes de Nicanor, cuyo consabido humor llevaría a los materiales audiovisuales tan demandados por el público cubano.

Entre las creaciones más recientes y acertadas, publicadas por la Editorial Gente Nueva, se encuentran Historias del Altipuerto, de Carlos C. M. García del Pino y David Alfonso Hermelo, y Guerra de dragones, de Eric Flores Taylor y Jesús Minsal Díaz.

Si bien estas son las tendencias claramente apreciables, no faltan en los autores contemporáneos otros móviles como el erotismo, la guerra e incluso el deporte para crear a partir de ellos su peculiar ciencia ficción.

Para leer…

Algunas sugerencias que creo imprescindibles para quienes pretendan adentrarse en el género o se consideren sus seguidores.

La ciudad muerta de Korad, de Oscar Hurtado, está considerada una obra precursora de la ciencia ficción en Cuba y el segundo poema del género en el mundo.

El hecho de ser una novela completamente versificada es uno de los elementos por los que dejó precedentes, unido a la jocosidad, ya mencionada como elemento habitual en la mayor parte de la CF cubana.

Este humor se mezcla con la tragedia, la ciencia y la fantasía, en una historia en la que un cosmonauta se enamora de una bella marciana, a quien debe rescatar de prisión luego de que, como todo héroe que se respete, haya vencido numerosos obstáculos.

Reafirmando los preceptos del filólogo ruso Mijail Bajtín, de que “todo texto se construye como mosaico de citas, todo texto es absorción y transformación de otro texto”, Hurtado crea a su protagonista femenino a partir de la princesa Dejah Thoris, invención del estadounidense Edgar Rice Burroughs.

Pone además a coexistir personajes clásicos de la literatura infantil universal con pasajes de la Ilíada y episodios del arquetípico detective Sherlock Holmes.

Durante la conformación de este mosaico aprovecha para reflexionar (o intentarlo) sobre la poesía, el intelecto y los misterios humanos.

Publicada en 1964 y compuesta por veintiún poemas, La ciudad muerta de Korad sirvió de inspiración a Misión Korad, primer ballet de ciencia ficción a nivel mundial, estrenado en 1980 por Alicia Alonso.

El fantástico mundo de Oaj, novela inicial de Miguel Collazo y publicada en 1966, se desarrolla en el siempre pintoresco escenario de La Habana Vieja en los años 50.

Mediante la estructura Fix up −término acuñado por A. E. van Vogt para referirse a una novela creada a partir de historias publicadas inicialmente de manera independiente−, se entrelazan relatos fragmentados y absurdos que describen la invasión de saturnianos a la Tierra.

Reminiscencia caricaturesca a Crónicas marcianas, del escritor estadounidense Ray Bradbury, donde tampoco se sigue un hilo conductor pero igualmente los terrícolas colonizan Marte y se condenan hechos −al parecer lamentablemente vitalicios− como la guerra y el racismo.

Pese a los paralelismos con literaturas foráneas, el resultado fue un producto cubano propio de alta calidad estética.

También de Collazo, El Viaje (Ediciones Unión, 1968) es otro acierto del género.

Su trama es la siguiente: En el planeta Ámbar la energía se agota y sus habitantes, quienes han sobrevivido a una catástrofe, intentan impedir la inminencia de su desaparición. Sin poder descifrar lo que ocurre en este espacio ni en ellos mismos, tratan de crear una sociedad otra que les permita sobrepasar esta situación límite.

Calificada por Yoss como “obra excepcional: inquietante, metafísica, reflexiva, profundamente simbólica y de rara belleza, más preocupada por el conflicto existencial y metafórico de sus extraños personajes que por relatar todo un entorno tecnológico o científico”, utiliza el viaje, leit motiverecurrente en la literatura universal, como medio para acceder a lo desconocido y encontrar respuestas a los eternos cuestionamientos sobre la condición humana y el universo.

Espiral (1980) −parte de una trilogía, junto con Una leyenda del futuro(1985) y El año 200 (1990)−, de Agustín de Rojas, narra la visita a otro planeta de un selecto equipo de científicos que arriesgan su vida por salvar a una civilización devastada. Los especialistas analizan con sorpresa ese mundo que va renaciendo de entre las ruinas de la radioactividad.

Según la crítica, este libro deviene “verdadero hito aún no superado del género en Cuba, que aúna lo mejor del estilo anglosajón en cuanto a diseño de los personajes y ambientación imaginativa (mutantes, monstruos, androides)”.

Este corpus literario −cada vez más prolífero−, la mayor implicación de los escritores y público con el género, así como un mejor proceso de selección de las editoriales, permiten un poco de optimismo y esperar buenas cosas, una prueba de que la ciencia ficción en Cuba –con sus altos, con sus bajos– no es cosa de ciencia ficción.

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