Guámpara Music, con los pies en Santiago y la mirada en el continente

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Por: Rafael González Escalona (Tomado de Cachivache Media)

La primera vez que supe de Guámpara Music fue durante la primera edición de AM-PM “América por su Música”, un encuentro de profesionales de la industria de la música del continente que sesionó durante 4 días en La Habana, en junio de 2015. Allí tuve la oportunidad de conocer a algunos de sus miembros y de verlos robarse el show durante una sesión de pitching de proyectos, con su presentación divertida y original de este joven colectivo dedicado a la producción y promoción de la música urbana de Santiago de Cuba. Pero más que eso, fue la oportunidad de escuchar y bailar hasta bien entrada la madrugada al ritmo de Golpe Seko, una de las agrupaciones que compone su catálogo, y quedarme pensando en cómo es que La Habana no estaba disfrutando más de esto.

Decir que Guámpara Music es un proyecto naciente es contar una verdad a medias. Porque lo cierto es que las mujeres y hombres que lo integran llevan más de una década trabajando en la producción y promoción de la música urbana de su Santiago de Cuba natal. Basta escucharlos por un rato –a ellos y a su música–para convencerse de que este colectivo tiene un par de cosas que decir en la escena musical contemporánea.

El cuartel general de Guámpara es una habitación de Centro Habana, repleta de discos vinilos y discos compactos. Cuando no está haciendo música en alguna parte, como solista o como parte de YISSY & Bandancha, podemos encontrar ahí a Isnay Rodríguez (DJ Jigüe), a quien no hay que darle demasiada cuerda para que empiece a hablar apasionado de este ambicioso y prometedor empeño que busca oxigenar la escena urbana local a golpe de talento, buenas letras, y un conjunto de sonidos de recia raíz caribeña y oriental.

Háblame de los orígenes, del contexto en que surge Guámpara Music.

A ver, compadre, aunque es un proyecto con poco más de un año de creado, es el resultado del trabajo que hemos venido desarrollando desde el 2000; y tiene que ver con la participación directa de gran parte del colectivo de Guámpara Music en el movimiento del hip hop en Cuba.

En Santiago de Cuba habíamos desarrollado varios proyectos que tenían como objetivo fundamental promover la cultura hip hop en Cuba –con todos sus elementos artísticos: el grafiti, el break dance, el arte del DJ, el rap, etcétera– y el impacto que tiene el rap como fenómeno sociocultural. Es decir, cómo el hip hop puede ser una herramienta de transformación social en barrios y comunidades cultural y económicamente desfavorecidas.

Siempre hemos sentido que la visibilidad del movimiento urbano de Santiago de Cuba en el resto del país (y fuera de Cuba) es un problema. La escena de nuestra provincia tiene características que la hacen diferente, por la cercanía que tenemos con el Caribe, la influencia de Jamaica, el reggae y otros géneros como el raggamuffin, que viene de Panamá y República Dominicana y es un poco como el antecedente del reguetón.

De ahí surge la idea esencial de crear Guámpara Music, un proyecto centrado en la promoción de la música urbana hecha específicamente en Santiago de Cuba. La intención es formar una base con una calidad que propicie llevar ese producto, que es como un diamante en bruto, a los públicos tanto en Cuba como fuera de ella.

Actualmente Guámpara está formado por cuatro agrupaciones, tratando de cubrir el espectro de lo que se hace en Santiago de Cuba. Kamerun el Akademico, que se mueve por el R&B, el hip hop y las variaciones del reggae; Golpe Seko, una pareja más centrada en la música rap pero igual influidos por la música caribeña; Niño Fony, que hace una música más cercana al raggamuffin; y yo (Dj Jigüe), que trabajo más dentro de la música experimental y electrónica con una tendencia hacia el afro futurismo, pero igual marcado por los ritmos caribeños. Esas cuatros agrupaciones son la cara de lo que pretende defender Guámpara Music.

Como emprendimiento independiente, ¿qué propuestas positivas y qué retos tiene Guámpara, desde el punto de vista cultural, económico y legal?

En este momento ese es uno nuestros puntos débiles, por llamarlo de alguna manera. Desde el punto de vista legal, no tenemos un carácter oficial mediante el cual pudiéramos firmar contratos con terceros; no estamos reconocidos como una institución dentro del mercado de la industria discográfica en Cuba.

Pero, al mismo tiempo, el ser un proyecto independiente nos da muchas otras ventajas, sobre todo asociadas a la libertad de hacer las cosas que queremos hacer de la manera que las queremos hacer. Esto nos ha permitido involucrarnos y concentrarnos solamente en procesos creativos en los cuales tenemos fe; no hay una disquera, ni una empresa, ni una trasnacional que nos diga “esto tienen que hacerlo así, porque así es como es, porque así se vende, así son las reglas”.

Y entonces, ¿cómo los ven las instituciones cubanas, si es que los ven?

Cuando creamos en Santiago el proyecto G12K nos propusimos establecer una relación directa con las instituciones. Si desarrollábamos un taller, intentábamos que la dirección de Casas de Cultura lo supiera; y si querían participar eran bienvenidos. Invitábamos a la prensa local a los conciertos. Llegamos incluso a dar talleres acerca de la cultura hip hop a los metodólogos municipales de educación. Siempre tratábamos de sostener esos intercambios, con el objetivo añadido de que conocieran la esencia del fenómeno hip hop. Esa actitud, a fin de cuentas, nos ayudó; logramos relacionarnos con muchas instituciones que anteriormente se negaban a cooperar, porque desconocían el fenómeno del hip hop y actuaban basándose en los pocos conocimientos que tenían.

Pienso que ahora sucede lo mismo. Mucha gente no sabe siquiera qué es la música urbana en Cuba, su desarrollo, su historia, y solo tienen algunos referentes o prejuicios aislados y actúan sobre esa base. El desarrollo de proyectos como los que estamos haciendo contribuye a que todo el que se acerque pueda ampliar su conocimiento sobre este fenómeno, lo que puede ayudar a cambiar la manera de pensar de la gente sobre eso.

¿Cómo aprecian el desarrollo del proyecto hasta hoy, en términos de sustentabilidad y crecimiento y en relación con el público, y la escena del hip hop en la capital?

Luego de trabajar muy duro en los primeros tiempos, creo que, tras los logros obtenidos, se puede percibir un impacto de ese esfuerzo. A partir de la divulgación que se ha hecho en la red y en los medios nacionales, ya se puede decir que Guámpara es conocido dentro y fuera del país.

Con nuestro primer producto musical realizado, el disco Golpe Seko Brothers del grupo Golpe Seko, obtuvimos el premio Cubadisco al mejor disco de Hip Hop en el año 2015. En el mismo certamen, además, conseguimos una nominación en el apartado de mejor disco de música electrónica con Metamorfosis (Dj Jigüe), mi primer fonograma. Otro logro fue el premio Lucas al mejor video de música electrónica con el clip Electrotumbao.

También ha sido importante la participación de Golpe Seko en varios festivales nacionales como AM-PM, y Musicabana, y mi participación como Dj-productor en festivales como Manana, realizado en Santiago de Cuba, y Afrolatino, en Nueva York.

El nuevo mapa que está trazándose en Cuba, a raíz del proceso de restablecimiento de las relaciones diplomáticas entre Cuba y Estados Unidos, está generando muchas expectativas en torno al futuro de las industrias culturales en Cuba. ¿Qué peligros y qué posibilidades tiene un proyecto como el de ustedes, en este contexto en el que mañana puede haber una avalancha y establecimiento de las grandes empresas norteamericanas?

No podemos valorar un contexto así porque no sabemos cómo funciona, cuáles son sus pros, cuáles son sus contras, qué pudiera venir de eso. Pero sí pienso que el hecho de esa apertura que se avecina –o se supone que se avecina– de Cuba hacia el mercado exterior, específicamente en la música, va a ser positivo para todos los artistas, porque va a dar la posibilidad de entrar en contacto directo con un mercado al que han intentado acceder por años.

Aunque Cuba, por un lado, no ha tenido esa agresión comercial del arte, por otra parte sus instituciones no han tenido la visión comercial respecto a fenómenos contemporáneos que se desarrollan en nuestro país. Esa falta de visión no ha permitido que estéticas como la que nosotros defendemos se hayan desarrollado, como ha sucedido en el resto del mundo; y no hablo solamente del rap. El hecho de que haya una apertura les daría a los artistas la oportunidad de tener otras alternativas para poder canalizar lo que hacen. Quedaría por supuesto la tarea de hacer una buena música, que pueda ser atractiva y tener un impacto fuera de Cuba.

El mundo de la industria de la música puede ser injusto. ¿Qué crees que tiene el proyecto de Guámapara Music para salir adelante?

Hay mucho talento en Cuba, muchos artistas con calidad que pueden establecer al país como un referente en el mercado de la música urbana, donde nuestro país ya es un referente pero no ha entrado a competir comercialmente, por esa falta de visión de las instituciones que no han hecho su trabajo.

Siempre pongo el ejemplo del éxito de Orishas, una galleta en nuestra propia cara; y no era el único proyecto interesante que había en ese momento. Orishas demostró que concibiendo un producto de calidad se puede entrar al mercado y establecerse.

Cuando he estado en países como Brasil, Venezuela y México, que están dentro del mercado y tienen su propia dinámica comercial en la música urbana, he comprobado que para ellos Cuba es un referente. A diferencia de los del resto de Latinoamérica, los artistas cubanos no tienen muchas oportunidades de participar en festivales bien organizados, de poder hacer giras por diversos países y ganar dinero por sus presentaciones, vender discos, etcétera. Y a pesar de eso somos un referente para ellos. Está demostrado que es posible que un artista latinoamericano de música urbana puede vivir de su trabajo, porque existe un mercado para ello; en lo que más nos diferenciamos es en la ausencia de gestión, para ubicar comercialmente ese producto, y eso depende de la gente. Y ahí está la esperanza de Guámpara.

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