DELTA: la historia de un proyecto

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Por: Yudith Vargas Riverón (Tomado de Cachivache Media)

I. Introito

“Convocar el llanto en una audiencia es sencillo, el verdadero reto es hacerle reír”. Mil veces he escuchado esa frase, y cuando el río suena… es porque se ahogó una orquesta en él. El humor puede mover voluntades, si se lo proponen los humoristas (los humoristas inteligentes, se sobreentiende) y si el público es –al mismo tiempo– tanto o más inteligente que el humorista en cuestión. Ese fue el reto para Fernando Rodríguez, cuando todavía era estudiante en la Facultad de Matemáticas de la Universidad de La Habana y no perdía oportunidad de colarse en cada evento –cultural o no– que le permitiese hacer uso de sus dos herramientas fundamentales: el humor y la sapiencia. Hoy, Fernando es profesor de la misma facultad, y es el principal responsable de un proyecto humorístico que a todos los friquis, nerds y geeksde esta bendita ciudad nos apasiona: el Proyecto Delta.

Pero la historia comenzó mucho antes. Recuerdo la primera vez que fui a una de las peñas de humor de MATCOM. Para mi sorpresa, el público –estudiantes en su mayoría– constantemente bombardeaba al presentador con papelitos cargados de preguntas, ideas ingeniosas y chistes complementarios que amenizaban la velada. Mucho después de terminada la función conocí que el presentador era un profe, y de los más respetados, además. ¿Cómo era posible aquello? Acostumbrada a una dinámica totalmente diferente (en mi facultad, la de Artes y Letras, a los profesores se les venera como a vacas sagradas) era incapaz de comprender la tremenda valentía de ese profesor expuesto a las bromas frontales de sus alumnos.

Eso sí, todo aquello giraba en torno al mundillo de las ciencias, las matemáticas, las tecnologías y otras impronunciables materias imposibles de comprender para una historiadora del arte menos iniciada que yo (por suerte, mis intereses se mueven en un espacio impreciso entre lo tecnológico-científico y las libertades expresivas del arte. El ejemplo más certero de ello es que cambié de carrera: de estudiar Ingeniería Informática muté a Historia del Arte). De manera que la sensación de pollo en su salsa se complementó con la de pescado en tarima cuando comenzaron aquellos chistes terminológicos, de lenguaje técnico híper especializado, alejados de mi formación académica.

Pero en mí siempre prevaleció el Lado Oscuro de La Fuerza, y seguí asistiendo a las peñas mensuales de MATCOM. Y cuando aquello creció, continué visitando al profe y su alumnado en el Cine 23 y 12; y seguí a la pandilla cuando permutaron hacia el Cine La Rampa, donde se encuentran actualmente. Soy, lo confieso, fan incondicional del Proyecto Delta. Porque es humor inteligente; porque es humor especializado, enfocado a un público específico que ha sido olvidado por las instancias oficiales del humor; porque más que reír, en el Proyecto Delta se aprende. Y mucho.

De estas memorias conversé con Fernando hace unos días. Él es tímido, dice. Pero la idea de la entrevista no le parece descabellada, y se siente como pez en el agua cuando se le pregunta de su proyecto.

Antes de la peña, no había DELTA…

Yudith Vargas (YV): A quemarropa: ¿de quién fue la idea de iniciar el Proyecto Delta? ¿Por qué?

Fernando Rodríguez (FR): Hay una historia que es casi leyenda: porque es antigua y porque la he contado muchas veces. Cuando yo entré como estudiante a la Facultad de Matemáticas, se hacía una peña todos los meses. Ese encuentro lo organizaba un profesor de Inglés, actual decano de la Facultad de Lenguas Extranjeras, Gilberto Díaz Santos, un tipo muy chévere. Era una peña esencialmente musical. Allí vi por primera vez algo de Les Luthiers. Por esos años estaban también en la facultad Jorge Bacallao, Luis Silva (Pánfilo) y Javier Hidalgo Gato, ellos organizaban las peñas y mi papel era el de soldado raso: entretenía con los malabares y tal. Estas peñas trataban un tema específico: la década de los setenta, las películas del oeste, la música, siempre con un enfoque humorístico.

Al graduarnos, Silva se quedó organizando las peñas de la facultad, pero desde hace seis años las organizo yo solo. También, de nuestra facultad es el grupo Misión Imposible, integrado por Silva, Berazaín (padre), Bacallao inicialmente, un mago muy simpático, un músico y yo, con mis malabares. Este grupo tenía una peña cada sábado en el Cine Riviera. En julio de 2008 fue la última función de Misión Imposible, así que son estos los dos antecedentes inmediatos del Proyecto Delta: las peñas de MATCOM y Misión Imposible.

YV: ¿Cuál es la parte difícil del humor?

FR: Hacer humor es fácil… siempre que tengas algo de qué hablar. Tú le propones un pie forzado a un humorista y él hace el show. En mi caso, lo difícil es encontrar –y elegir– un tema del cual hablar. De manera que encontré el tema ideal cuando me quedé organizando las peñas de la facultad: las matemáticas y la computación. Porque en ese entonces mi público meta eran los estudiantes y profesores de MATCOM. Pero olvidé un detalle: empezaron a asistir las novias de los estudiantes de la facultad, los novios de las pocas estudiantes de la facultad, y esas personas también entendían los chistes. No todos, evidentemente, pero siempre había alguien que podía explicar los chistes más “matemáticos”.

Incluso un día nos visitaron personas mayores, que eran los abuelos de alguien. Para nuestra sorpresa, los abuelos nos sugirieron organizar estas mismas peñas para un público más amplio. Como ya teníamos organizados varios temas con éxito comprobado en nuestra facultad, decidimos proponerle la idea a la misma persona que nos había ayudado con Misión Imposible. Desde el inicio, le resultó curiosa la idea de un proyecto humorístico de ciencias, tecnologías y matemáticas, y nos sugirió unirnos a una empresa que nos representara ante el Proyecto 23 del ICAIC.

Con este propósito, nos presentamos en el Centro Promotor del Humor, donde recibimos el apoyo de Quique Quiñones, quien ya me conocía de Misión Imposible. La idea le pareció buena, aunque –como todos– no entendía muy bien de qué iba la cosa. Y así empezó entonces el Proyecto Delta, el 13 de julio de 2013. Nuestros inicios fueron en el Cine 23 y 12, hasta que pasó a ser la sede de la Cinemateca de Cuba y entonces nos trasladamos al Cine La Rampa.

YV: El Proyecto Delta es resultado de varias colaboraciones. Ahora mismo, ¿tú y quiénes más lo están organizando?

FR: Somos alrededor de 12 personas a tiempo completo, o sea, están en la función en función de la función (carcajadas). Originalmente fuimos cuatro personas: yo y tres estudiantes que participaban conmigo en todas las peñas de MATCOM. Ellos eran David, Claudia (la novia de David) y José Javier. Una de las características de la peña de MATCOM son los famosos “papelitos”. La gente escribía en los papelitos, los lanzaba, y eso era parte interesante y complementaria de las funciones. Al trasladarnos al cine, quisimos mantener esa tradición, y así apareció la iniciativa de la WiFi, para mantener el contacto con el público.

Actualmente, los 12 apóstoles son: David, Andy –quien se encarga de todo lo que se rompe, su misión es correr a arreglar los desperfectos técnicos que puedan surgir durante el show–, Amalia –a cargo de arbitrar los comentarios que se leerán del público, los que se mostrarán en pantalla, etc.–, Pedro Ariel, Ernesto Cruz, Gabriela (nuestra Media Manager), Laura (la novia de José), la novia de Ernesto, quien nos aporta más objetividad como proyecto puesto que es contadora; y más recientemente se sumaron estudiantes de Matemáticas: Marcelo, Daniel, y Lisi, la voz en off que estamos probando ahora –y aclaro: NO es rubia–, y yo.

En varias ocasiones hemos tenido ayudantes transitorios. Han sido estudiantes cuyas tesis de licenciatura se concretaron luego en los sistemas que usamos en el proyecto: sistema de proyección de diapositivas y también el sistema de mensajería que simula los “papelitos” en las funciones. Durante casi 1 año estos muchachos fueron a cada función, porque cualquier desperfecto debía ser arreglado por ellos, de manera que les aportaba una visión más práctica de su contenido de investigación como parte de sus trabajos de diploma.

YV: Para ti, ¿qué importancia tiene impulsar un proyecto que defiende un humor más nerd y geek, alejado del tipo de humor que se nos muestra en televisión?

FR: En efecto. Nos proponemos hacer un humor muy específico, que tiene que ver con nuestros propios temas de interés y también con los del público.Hacemos un humor en el que encuentras a gente que entiende tu sentido del humor y comprende de qué le estás hablando. Como siempre digo: “en el Proyecto Delta tienes un nicho donde encontrar especímenes como tú” (carcajadas).

YV: ¿Cuáles son los retos que enfrenta el Proyecto Delta? ¿Les preocupa que en determinado momento no asista el público, por ejemplo? Yo siempre veo el cine bastante lleno…

FR: O bastante vacío, en dependencia de tu optimismo: cine medio lleno, cine medio vacío… Así asista una sola persona como público, nuestro deber es ofrecerle la mejor función y el mejor humor posible. Me consta que hacemos un humor que no es apto para todo el mundo, pero sé que en La Habana habrá al menos mil personas que disfrutan ese tipo de humor. Y para mí con eso basta. El Proyecto Delta es el hobby de todos nosotros: le dedicamos horas y horas de trabajo, pero todavía no hemos ganado (dinero) con eso. El efectivo que hemos ido recaudando se guarda en una cuenta destinada a los routers,tablets, equipos, etc. que hacen falta reemplazar y que son imprescindibles en las funciones.

Todos nosotros hacemos el Proyecto Delta porque es divertido. En palabras de David, uno de sus momentos memorables fue hacer reír a más de 200 personas con un chiste muy inteligente. Lograr que 200 personas se rían con humor muy inteligente, en verdad vale la pena. O sea, el público no es una preocupación.

Los mayores retos… durante los dos últimos espectáculos recibimos ciertas protestas del público con motivo de los premios otorgados. Como sabes, se premian simbólicamente aquellas respuestas y comentarios más ingeniosos a las preguntas que lanzamos nosotros. Los premios pueden ser desde galleticas y chocolates hasta condones. En fin, que en la pasada edición recibimos comentarios del público en desacuerdo con los premios. Y ese es ahora mismo un desafío: queremos darle mucha más participación y poder de decisión al público.

Mi meta más inmediata es lograr que sea el público quien vote por la mejor respuesta. Nosotros propondríamos los candidatos al premio, pero que sea el respetable quien tenga la última palabra. De manera que pueda mostrarse en pantalla las estadísticas de estas votaciones, para hacer el proceso mucho más democrático. No obstante, cuando hemos coincidido en criterio en las votaciones, el público ha aplaudido nuestra decisión. No todo nos sale mal.

YV: ¿Cómo se eligen los temas que tratarán en las funciones? ¿Cómo deciden cuándo incluir un tema nuevo, nunca antes abordado en espectáculos previos?

FR: Nosotros tenemos funciones ya preparadas que se repiten, pero atendemos a las solicitudes de temas nuevos, siempre que nos parezcan interesantes.

YV: Ustedes tratan de mezclar cosas muy locas, desde la risa, el chocolate y el sexo hasta los espaguetis y las sagas fantásticas. ¿Puedo sugerirles que hablen del síndrome premenstrual, las hamburguesas y las rarezas de los japoneses?

FR: (Carcajadas). ¡Por supuesto! Hay temas que son muy fáciles de abordar: la creatividad, la belleza, la inteligencia, esos son los más populares. Nuestro lema es: “De lo cotidiano y lo insólito”. Buscamos un tema cotidiano y le damos un tratamiento y connotación más insólita. En el Proyecto Delta tenemos más de 20 espectáculos con temas que se repiten cada cierto tiempo, pero más o menos una vez al mes incluimos un tema totalmente nuevo, como el de las sagas fantásticas, sugerido por uno de nuestros miembros.

Inicialmente me mostré receloso, pero luego preparé el espectáculo en torno a las sagas fantásticas y resultó ser un éxito. Eso me dio fuerzas para atreverme con otros temas que tal vez se alejen de la matemática, pero no de la inteligencia.

YV: Hasta la fecha, ¿cuál ha sido el tema más popular?

FR: ¡Ah! Los temas de las relaciones de pareja, y para mi grata sorpresa, las temáticas geek. Los dos espectáculos sobre este tema fueron muy bien recibidos por el público. Hablar sobre todas las cosas raras y extrañas vinculadas con esa cultura ha sido muy satisfactorio para mí. Si bien es cierto que en su mayoría nuestro público es geek, muchas veces asisten personas que no comparten esta filosofía de vida, y puede que no entiendan los chistes o se queden “fuera de contexto”.

Lo que sucede con los temas de ciencia, sobre todo los más complicados, y su inaccesibilidad para determinadas personas está relacionado con la culturageek: a la gente poco a poco se le va pegando ese espíritu. Al final la gente empieza a familiarizarse con esos temas de una forma –digamos– menos traumática.

YV: En este sentido, ¿qué temas te gustaría incorporar que aún no has tratado?

FR: Lo que te decía antes, la parte más difícil es elegir el tema. Yo estoy en una búsqueda constante de nuevos temas. Cada vez que veo una imagen motivadora, o una frase, o leo una idea interesante, pienso cómo puedo incluirla en el espectáculo. En mi computadora guardo carpetas llenas de ideas para el proyecto. Cuando encuentro algo aprovechable, dedico horas de búsqueda en internet sobre ese tema, chistes o memes afines, y luego empiezo a investigar cómo relacionarlo con las matemáticas. Generalmente, los temas que se relacionan con las matemáticas, la química, la física, etc. –por extraños que parezcan– terminan formando parte de una función.

Por ejemplo, a mí me resulta muy divertido el tema de los vampiros y las matemáticas. La moda que arrastró la saga de Crepúsculo me inspiró a buscar un nexo vampírico-matemático. Para mi sorpresa, encontré un trabajo acerca de cómo serían los vampiros, con modelos de ecuaciones diferenciales, basado en uno hecho previamente sobre zombies. Ambos partían de la siguiente idea: ni los zombies ni los vampiros existen. Pero si existieran, estas pudieran ser sus características en tanto en la película X y el libro Y se comportan de esta manera. Y partiendo de dicha premisa analizaban cada caso por separado, con ecuaciones verificables.

YV: Eso me recuerda un artículo que leí acerca del erotismo y el sexo en El Señor de los Anillos

FR: Anjá, por ejemplo, cosas tan descabelladas –en apariencia– como esa. Lo más importante es anotar todos los temas para no olvidarlos, y no descartar alguno por muy irracional que parezca. De hecho, me gustaría explotar más estos temas de fantasía. O “los japoneses son raros”… ahí serías tú la invitada (carcajadas). Muchas veces me sugieren o se me ocurre un tema. Como este de los japoneses y sus rarezas, y puede resultar fácil escribir 30 páginas sobre eso. El reto es mantener la atención del público durante hora y media, con chistes, datos y hechos acerca del tema en cuestión.

A estas alturas de la conversación, la memoria de mi teléfono no aguantó un dato más y dijo “basta”. Fernando habla en plural; para él, Proyecto Delta se traduce en el trabajo de equipo, si bien es su responsabilidad encarar a la audiencia cada viernes, de 8:00 pm a 9:30 pm. Admira la inteligencia del público que asiste a sus espectáculos. Su premisa es producir un humor distinto, perspicaz, alejado de los aplatanados patrones humorísticos a los que nos malacostumbra la televisión.

Al Proyecto Delta acuden como invitados prestigiosos investigadores y profesores de las más disímiles materias: desde sexólogos, físicos y biólogos devenidos en escritores de Ciencia Ficción, hasta directores de cine o guionistas que alguna vez estudiaron Historia del Arte. Ellos, junto a Fernando, convierten ese espacio en un momento de convergencia entre las ciencias, las tecnologías, la cultura y el buen humor. Reír, reflexionar, compartir ideas, y –sobre todo– retar al intelecto, son de las más importantes misiones del proyecto. No importa tu lugar de origen, o tus ingresos monetarios (la entrada cuesta 10 pesos, moneda nacional): solo tu mente es el límite. Con Delta, lo que no sabes, lo aprendes. Y si lo aprendes, entonces serás inmune a la neuroapatía. Por los siglos de los siglos. Amén.

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