Maestro VS. Tecnología

tecnología aulas

Por: Yadira Álvarez Betancourt (Tomado de Cachivache Media)

Mi experiencia más perturbadora relacionada con niños menores de once años portando móviles y laptops la tuve en una escuela de Bogotá. Me impactó en primer lugar porque en nuestra realidad cubana un iPhone es algo demasiado delicado y caro como para ponerlo sin supervisión de un adulto en manos infantiles. Pero allí estaban, dueños de sus teléfonos inteligentes, de sus pantallas táctiles, de teclados con transmisión porbluetooth, perfectamente capaces de manejar todo aquello.

Poderes y carencias adquisitivas aparte, lo que me agitó del asunto –pasada la primera impresión– fue el poder que tiene el ser humano de incorporarse, desde edades muy tempranas, a la tecnología de la comunicación y la informática como un ente activo y creador.

No hay escape: todo ciudadano de la Tierra menor de veinte años es un potencial nativo digital, mientras que nosotros, nacidos entre las décadas del cuarenta al ochenta, somos migrantes digitales. Para los primeros es casi un idioma natal, adquirido gracias a la combinación entre la disponibilidad temprana de la tecnología y la curiosidad y plasticidad cerebral típicas de la infancia. Aunque prácticas, las categorías de migrante digital y nativo digital son parciales en el análisis del problema real ya que se limitan a factores externos, funcionales y cronológicos de la relación con la tecnología. Lo subyacente en esa correlación es la antigua discrepancia que persiste entre lo nuevo y lo viejo. Más cuando eso nuevo ha tenido un surgimiento y desarrollo a saltos, tan veloz que su asimilación no ha podido ser progresiva sino forzosamente rápida.

Hay algunas personas que por su edad y fecha de acercamiento a las tecnologías de la informática y la comunicación podrían ser calificadas como migrantes, y sin embargo en sus habilidades y tiempo de uso poseen mejores capacidades que muchos nativos. El dilema migrante digital versus nativo digital no tiene por qué persistir: es un imperativo del desarrollo que ambos grupos encuentren puntos de contacto e intercambio, porque, de hecho, tienen elementos valiosos que compartir y de su interacción exitosa todos podemos beneficiarnos con vistas al mañana y prepararnos para desafíos mayores.

Quién sabe si enfrentaremos un futuro completamente digital, o incluso interconectado (en caso de que alguna vez, por arte de la nanotecnología y el avance en la investigación neurológica, sea posible incluir algunas conexiones computarizadas y hasta interfaces orgánicas completas en el complejo sistema de inervación humana). Podría decirse que esto último aún es ciencia ficción pero, ¿ no ha sido la ciencia ficción alcanzada y dejada atrás por el desarrollo científico en muchas ocasiones?

Utilizando la metáfora más difundida para calificar a esas habilidades y jergas, digamos que el dominio de las tecnologías de la informática y la comunicación constituye un nuevo lenguaje, uno hecho de rutinas operativas, habilidades memorísticas y ejecutivas, así como el manejo y procesamiento de información a través de medios tecnológicos.

Nuestro idioma natal, las herramientas que normalmente utilizamos, tuvo siglos para generarse y evolucionar. Este otro ha nacido y se ha complejizado en algo menos de un siglo, y continúa creciendo a un ritmo cada vez más vertiginoso. Nosotros aprendimos ese idioma sobre la marcha, fuimos privilegiados testigos de su nacimiento y evolución.

Como parte de los migrantes digitales que con cierto esfuerzo hemos tenido que incorporar el nuevo lenguaje, están los maestros, tradicionalmente facilitadores del conocimiento y el aprendizaje. Estos se encuentran ahora ante una oleada de nativos digitales que a veces nos parecen alienígenas. Como le escuché afirmar en tono sarcástico a un maestro de enseñanza media: “Estos chiquitos nacen con cabeza, torso, extremidades y tablet.

A decir del Prof. Ignacio Hernaiz, Director de Canal Encuentro de Argentina, y Gerente General de educ.ar:

“Los estudiantes no solo han cambiado con respecto a los del pasado, ni se han simplemente apropiado de una nueva jerga, cambiado el estilo de la ropa, los adornos corporales o sus estilos de interacción, como ha sucedido siempre con las generaciones anteriores; sino que el surgimiento de nuevos sistemas de comunicación, caracterizados por la inmediatez, la rápida difusión global y la interactividad en tiempo real, están cambiando nuestra cultura a una gran velocidad y, en consecuencia, introducen nuevos interrogantes y desafíos en el sistema educativo”.

Puede pasar que algunos de los que no hablan un idioma se sientan en inferioridad ante los que lo hablan, y algunos de estos últimos pueden experimentar una sensación de superioridad e impaciencia hacia los no hablantes. El modo en que ambos grupos responden a estos sentimientos enfrentados de inferioridad y superioridad estará determinado por factores como la empatía, la capacidad de adaptación, la necesidad, la experiencia y la voluntad real para promover una aproximación a través de aprendizajes mutuos.

Lo cierto es que las nuevas tecnologías constituyen un sistema de herramientas que nos provee de nuevos acercamientos y medios para modificar e interactuar con la realidad. Este sistema es uno más que se suma al arsenal necesario para ampliar el universo de las capacidades humanas. Partiendo del supuesto de que cada actividad que realizamos (cantar, bailar, escribir, leer, esculpir con plastilina, pintar, destornillar, comer con palitos, etc.) involucra sectores especiales del sistema nervioso central y crea en nuestro cerebro puentes neuronales y rutinas específicas, teclear, cifrar, programar, usar el mouse o los teclados virtuales, navegar, interpretar informaciones gráficas, deben estimular también la aparición de rutinas neurológicas específicas que se basan en otras o las complementan. El punto es integrar todas las vías y rutinas que se puedan, no desechar ninguna, aun cuando parezca que de alguna manera es obsoleta, (escribir a mano, por ejemplo, no será nunca una actividad obsoleta)

Para contribuir a cerrar la brecha de rechazo/ineptitud/fobia en el uso del nuevo lenguaje, un elemento fundamental que resultaría determinante (sin mencionar la disponibilidad, la cual constituye el elemento objetivo por excelencia) sería la educación. Educación escolar, familiar, social; y para apoyarla desde la legalidad y las institucionalidad, políticas públicas, dirigidas al uso, control y distribución de dichas tecnologías modernas de informática y comunicación y sus productos.

Si tomamos en cuenta que las habilidades base más fuertes y definitivas para el desarrollo de un ser humano se adquieren en la infancia, es casi una perogrullada decir que una generación digital capaz de manipular creativa, sana y sabiamente las nuevas herramientas solo puede ser educada en una escuela donde se manipulen estas herramientas de forma creativa, sana y sabia.

¿Es la escuela digital? No sé las demás, pero la nuestra no es una escuela digital, sino una escuela pura y duramente analógica, porque no basta con tener un laboratorio de computación, televisores en cada aula y un instructor de informática. La disponibilidad ayuda, pero no basta. Los maestros son, en un porciento bastante grande, muy analógicos. No porque se lo propongan y quieran per se mostrar una cara amarga y apática ante lo digital, sino porque es un segmento poblacional con ciertas carencias materiales y muy poco tiempo para dedicar a nuevos aprendizajes. Es una laguna neurálgica, ya que el maestro enfrenta diariamente, los once meses de cada año, un promedio de treinta nativos digitales, algunos poseedores incluso de un dominio avanzado de este idioma gracias a una mayor disponibilidad en sus hogares y comunidades.

El maestro ya está bastante presionado por inspecciones, plazos, planificaciones, dosificaciones, controles de conducta y orientación a padres. Encima, encuentra que existen herramientas aprovechables para hacer su enseñanza más interactiva, plena y grata, y descubre que su dominio de estas herramientas, su conocimiento del nuevo idioma, es prácticamente cero, hasta el punto en que sufre cierta desventaja ante su grupo escolar.

La brecha entre maestros y alumnos se profundiza. Todas las posibles discrepancias sociales, culturales, de experiencia y hasta religiosas, reciben la carga adicional de la contradicción maestro vs tecnología. Si la educación debe contextualizarse en todo momento y evolucionar al mismo ritmo que el desarrollo, entonces es una necesidad que el maestro incorpore el nuevo idioma. Es un modo de promover y participar en el desarrollo estimulando las inquietudes investigativas y creativas que pueden conducir más allá.

Algunos maestros optan por meter la cabeza en la arena como el avestruz, esperando que, por no mencionarla, la diferencia desaparezca. Pierden oportunidades valiosas de compartir conocimientos y espacios con sus alumnos y de establecer los necesarios puntos de contacto para mejorar elrapport que requiere todo proceso de enseñanza-aprendizaje. Erigiéndose en administradores del conocimiento, desde una posición escolástica, excomulgan hasta la mención del tema o le restan importancia.

Otros maestros, sobre todo los más jóvenes y algunos de la vieja escuela –poseedores de la imprescindible visión de futuro que debe tener toda persona que escoja la profesión magisterial–, comprenden la complejidad y el potencial del nuevo lenguaje. Entonces apuestan por tender puentes y construir un espacio común, donde el migrante digital y el nativo digital se enseñen mutuamente a navegar por las mismas aguas, compartan el aprendizaje, adquieran de manera interactiva habilidades, valores y conocimientos hasta un punto en que se deslíen las fronteras entre migrantes y nativos.

Incorporar realmente las nuevas tecnologías a la enseñanza, sin conformarse solo con tenerlas bajo el mismo techo o con utilizarlas con fines recreativos, no significa derogar la pizarra y las libretas, o abogar por un Realengo Digital 1.8 en la escuela, sino aprender, incluso aceptando humildemente que los alumnos también tienen algo que enseñar, creando en conjunto formas novedosas y útiles de trabajar con el nuevo idioma. Implica el desarrollo de un pensamiento alternativo y la adquisición de rutinas de trabajo colaborativas y proyectivas, además del uso provechoso y organizado de los medios que el desarrollo actual nos pone al alcance.

Además, la escuela como institución social tiende velozmente a la inclusión. La equidad y la diversidad son las bases de una filosofía en la que deberían fundarse las interacciones de nuestras sociedades. Muchas herramientas informáticas y hardware tienen potencialidades para ser usadas por personas con capacidades especiales o han sido concebidas precisamente para disminuir el impacto de la discapacidad. Asimismo se impone una nueva mirada a la diversidad y el pensamiento alternativo para que los maestros se apropien del nuevo lenguaje, de la tecnología y complementen con ella las otras vías de enseñanza. Y es de utilidad vital para la difusión de teoría, estrategias de trabajo y metodologías que podrían serle útiles a profesionales de todo el mundo. Hay un cúmulo inmenso de conocimiento, incontables vías para acceder a él y muchas habilidades diferentes que desarrollar. Utilizar de modo creativo y extensivo todas las herramientas y lenguajes posibles permite que nadie quede fuera de los actos de aprender y compartir.

Tal vez mi sueño de respuesta a una tarea de biología del futuro sea que un profesor pida a los equipos que le muestren o le compartan las carpetas con imágenes tomadas de un terrario habitado, donde una colonia de hormigas desenvuelve sus estrategias de supervivencia. Dichas imágenes deben haber sido procesadas con un programa para señalar en colores diferentes a las obreras, las larvas y las hormigas soldados. Cada equipo compartirá, además, un resumen explicativo en el formato que quiera (documento escrito, secuencias de imágenes, video, grabación de sonido, esquema) sobre las actividades que realiza cada tipo de hormiga. La evaluación es diferenciada, se entiende que nadie lo hará del mismo modo: cada miembro del equipo domina habilidades diferentes y en el proceso de construir el resultado terminarán todos por adquirir además el conocimiento acerca del tema estudiado. Que la evaluación de la tarea incluya además del contenido de las respuestas y la calidad de las imágenes tomadas, el dominio de las herramientas tecnológicas, la precisión y claridad de las explicaciones y la originalidad en la ejecución de la tarea. Y al final, como parte del ciclo y acto de validación del conocimiento adquirido y las habilidades probadas, compartir por las redes los mejores productos del trabajo para que otros aprendan a su vez.

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