¿Qué hace falta para ser un superhéroe?

heroes de internet

Por: Félix Manuel González Pérez (Tomado de Cachivache Media)

La humanidad no está preparada para tener superhéroes. Aún cuando nuestra pasión por la literatura, los cómics y las películas de acción puede indicar lo contrario, lo cierto es que, en el fondo, los odiamos tanto o más de lo que decimos amarlos.

Y si no ¿por qué los escondemos detrás de máscaras, atuendos y maquillajes extravagantes? ¿Por qué razón les otorgamos habilidades especiales cuando pudiéramos imaginarlos sencillamente humanos? La respuesta es simple: las máscaras y los súper poderes nos ayudan más a nosotros que a ellos.

Porque en el momento en que no vengan de Kriptón ni tengan la fuerza de cien hombres, o cuando sean incapaces de mover objetos con la mente, o detener el tiempo, o poseer fortunas desmesuradas para acceder a tecnologías de ensueño; en ese preciso instante en que sean vulgarmente normales como el resto de nosotros, se convertirán en un recordatorio insoportable de nuestras incapacidades, miedos y frustraciones. En una muestra intolerable de lo que podemos llegar a ser y no somos.

¿Nos hemos preguntado alguna vez qué hace falta para ser un superhéroe? ¿Qué habilidades se necesitan para ser un paradigma de generaciones? Estos cuatro hombres a continuación han demostrado que, en la Sociedad de la Información, basta con voluntad y conexión a Internet.

Aaron Swartz: el chico de Internet

Aaron Swartz fue escandalosamente joven para todo, incluso para morir. Aprender a leer y escribir de manera autodidacta con solo tres años probablemente no sea el hecho más notable en la efímera vida de este genio de la informática, que comenzó a programar antes de los diez.

Estando aún en la escuela primaria, Aaron desarrolló el concepto y las primeras nociones de una plataforma que buscaba la colaboración abierta y la participación colectiva en la construcción del conocimiento, algo muy parecido a lo que después sería la enciclopedia colaborativa más grande de la humanidad: Wikipedia. Pero como tantas otras cosas, la idea fue sepultada en el sótano de los Swartz por un profesor incapaz de comprender el potencial creativo del joven.

Desde temprano los aportes de Aaron a Internet fueron verdaderamente escalofriantes. Con catorce años de edad participó en el desarrollo de la primera versión estándar RSS cuando programó el código XML, que permitía a los internautas acceder y compartir contenidos en la red de redes.

Antes de los veinte años, Swartz fue coautor de otras muchas especificaciones RSS, fue miembro de la W3C y el RDF Core Working Group (consorcios internacionales que producen recomendaciones para la world wide web), trabajó en el diseño del lenguaje de programación Markdown, ayudó a crear el código de las licencias Creative Commons, fue el arquitecto principal del sistema Open Library, fundó la empresa Infogamy, que más tarde se fusionó con Reddit y se colocó a la cabeza de los sitios de marcadores sociales a escala global. Fue además uno de los líderes indiscutibles de la oposición a la ley SOPA en los Estados Unidos.

En su Manifiesto de la Guerrilla por el Acceso Abierto plasmó la ética que siempre lo caracterizó: “No hay justicia al cumplir leyes injustas. Es hora de salir a la luz y, siguiendo la tradición de la desobediencia civil, oponernos a este robo privado de la cultura pública”.

La lucha por el acceso abierto a toda fuente de conocimiento, así como por la liberación de contenidos y artículos protegidos por derecho de autor, fueron las más grandes motivaciones de Aaron, quien fue acusado de descargar de JSTOR, la celebérrima biblioteca digital, 4,8 millones de artículos y publicaciones científicas y académicas para garantizar su consumo masivo y gratuito.

En el documental The Internet´s Own Boy se detallan los elementos del juicio hiperbolizado que armó el gobierno norteamericano contra Swartz, a raíz de estos delitos menores. La fiscalía lo obligó a encarar una condena de 50 años de prisión y una multa de 4 millones de dólares; y Aaron, que había tenido varios episodios de depresión y pérdida drástica de la autoestima, acabó suicidándose, como quien se ha dedicado a programar toda su vida y está obligado también a programar su muerte. El 11 de enero de 2013 los forenses sacaron de su apartamento el cadáver ahorcado y anunciaron oficialmente la muerte de uno de los más grandes ídolos de Internet.

En homenaje a su obra, un ejército de hackers provocó un desfasaje en la página del MIT, lugar desde donde había realizado la descarga de los archivos de JSTOR, al tiempo que atacaron también los servidores del Departamento de Justicia, el cual se mantuvo varias horas sin acceso.

En un sitio web conmemorativo, su madre y su novia recuerdan que Aaron Swarts “usó sus prodigiosos talentos como programador y tecnólogo no para enriquecerse, sino para hacer de Internet y el mundo un lugar más justo y mejor”.

La Wikipedia, uno de los sitios que más ayudó a desarrollar, tiene más información sobre Iron Man que sobre su vida.

Julian Assange: el titán de Wikileaks

Todo el mundo sabe que filtrar documentos secretos sobre las condiciones de vida en el “centro de detención” norteamericano en Guantánamo, te garantiza un boleto en primera clase hasta una de las celdas acopladas en la base naval ilegalmente establecida por los Estados Unidos en Cuba. Si a esto le sumas la publicación de comprometedores correos electrónicos de la controvertida ex gobernadora de Alaska y candidata republicana a la vicepresidencia Sarah Palin, entonces puedes estar seguro que ni viviendo en Australia estarás a salvo.

Pero saber a lo que te enfrentas y aun así tener el coraje de hacerlo, es lo que coloca a Julian Assange, creador, director, redactor y principal vocero del sitio Wikileaks, en la lista de héroes de Internet.

Assange tuvo una infancia bastante agitada. Asistió a más de 35 escuelas diferentes –seis universidades incluidas– mientras crecía. Cursó Matemáticas en la casa de altos estudios de Melbourne, carrera que nunca terminó, porque se negó a pertenecer a una institución en la que se realizaban proyectos informáticos con fines militares, según alegó.

Quizás la misma rebeldía que lo llevó a abandonar la universidad terminó por conducirlo al periodismo, el hacktivismo y la lucha social por la libertad de prensa, la transparencia política y la búsqueda de la verdad.

Desde el lanzamiento oficial de Wikileaks en 2006, Assange fue automáticamente perseguido por el gobierno sueco y el gobierno estadounidense. El Pentágono lo declaró un peligro para la seguridad nacional luego de publicar información confidencial sobre el ataque aéreo en Bagdad del 12 de julio de 2007, los Diarios de la Guerra de Afganistán y losRegistros de la Guerra de Iraq, en los que denunciaba delitos consentidos por esta organización, que constituían peligrosas infracciones en la supuesta guerra contra el terrorismo.

Con la profunda y reveladora investigación El llanto de la sangre, Assange y el equipo de Wikileaks expusieron al mundo la delicada situación que existía en Kenia con la ejecución de asesinatos extrajudiciales que ponían en evidencia los procedimientos jurídicos en la nación africana. Este trabajo los hizo merecedores del Premio Amnistía Internacional de los Medios Británicos en 2009.

Assange, sin ser periodista de formación, cuenta con más premios y reconocimientos que casi cualquier otro miembro del gremio vivo. De hecho, su labor propagandística ha eclipsado sus dotes de programador, hacker y desarrollador de software. Pero Julian siempre ha sostenido una posición hipercrítica respecto a los medios de comunicación tradicionales, a los que acusa de no cumplir con la función social para la que están destinados.

Assange ha asegurado en más de una ocasión que Wikileaks ha sacado a la luz pública más documentos e informaciones que todos los medios de comunicación del mundo, y en declaraciones oficiales ha expresado que eso no lo dice “para demostrar su éxito, más bien, muestra el alarmante estado del resto de los medios de comunicación. ¿Cómo es que un equipo de cinco personas ha llegado a mostrarle al público más información a ese nivel, que el resto de la prensa mundial junta? Es vergonzoso”.

Por la connotación política de sus acciones, Assange ha tenido que vivir en aeropuertos, jugar al fugitivo, pedir asilo en varios países y refugiarse al margen de la ley. Aún bajo estas condiciones, ha sido candidato político en su país natal con el Wikileaks Party, ha escrito algunos libros y hasta tuvo su programa de televisión El mundo del mañana, en el que presentaba figuras influyentes que deberían gobernar el planeta en el futuro.

Porque es una realidad que Julian Assange disfruta del show. La fama ha alimentado su personalidad egocéntrica de tal manera que muchos de los grupos que al principio lo apoyaban acabaron dándole la espalda. Assange se ha convertido en un divo de la propaganda y la exhibición mediática desde su refugio en la embajada de Ecuador en Inglaterra, y en el camino ha puesto en riesgo la credibilidad de Wikileaks.

El famoso colectivo de hackers Anonymous retiró públicamente su apoyo a Assange, luego de que apareciera una página de donación automática en un portal de acceso a documentos filtrados. La mayoría de los usuarios no podían acceder a estos contenidos sin antes haber depositado dinero a manera de “donación” a Wikileaks.

Pero, incluso cuando el funcionamiento controvertido del sitio, unido al cuestionable comportamiento de Julian han restado legitimidad al proyecto, el mérito de Assange y el equipo de Wikileaks sigue siendo indiscutible, por su aporte al cambio radical de las nociones de acceso y circulación de la información en la sociedad contemporánea.

Así que, aunque la gente quizás recuerde primero a Chris Hemsworth en su rol de Thor o a Hugh Jackman como Wolverine, cuando se hable de superhéroes australianos habrá que mencionar, por méritos propios, al titán de Wikileaks.

Kim Dotcom: el Mega-héroe

Kim Dotcom parece cualquier cosa menos lo que es. Tiene aires de rapero, usurero y mafioso presumido. A sus 42 años de edad es, al mismo tiempo, un empresario exitoso y la caricatura de ese empresario. Un superhéroe con apariencia de villano. Un Joker de Internet.

Dotcom se divierte rompiendo las reglas. Participa en carreras casi-ilegales de autos, abusa de la información para inflar los mercados de acciones, hace videos musicales y hasta tiene un álbum de 17 canciones de música electrónica.

Lo acusan de piratería y responde creando una empresa de seguridad informática (Data Protect). Lo pintan de delincuente y malversador y limpia su imagen con un proyecto de fibra óptica gratuita para toda Nueva Zelanda.

Pero el mundo lo recordará siempre por ser el fundador de Megaupload, el gigantesco sitio web de alojamiento virtual. Megaupload permitía a sus usuarios hospedar y descargar contenido en los servidores mediante un sencillo proceso de registro libre de costo. A pesar de que la inscripción era gratuita, los usuarios Premium pagaban una cuota fija para descargar sin límite de velocidad, sin restricciones por el tamaño del contenido, y con muchos privilegios para consumir videos streaming por períodos de tiempo indeterminados. Con este sencillo esquema de negocio, Dotcom hizo una gran fortuna que acabó atrayendo la atención del FBI, quien lo obligó a cerrar la página por supuestas violaciones al derecho de autor.

Kim pasó algunas temporadas en la cárcel y cuando salió, lo primero que hizo fue crear otro sitio idéntico al primero, pero con un sistema de encriptación de archivos mejorado y un nombre mucho más atractivo: Mega. Al parecer, la cárcel le permitió meditar y rectificar (algunos de) sus errores.

Desde entonces ha estado involucrado en tantos juicios que hasta parece disfrutarlo. Mega, como su creador, ha sufrido también muchos problemas legales. Ha funcionado intermitentemente y por momentos ha tenido que cerrar. Dotcom, que parece no aprender la lección (o haberla aprendido demasiado bien) anunció que en 2017 estará disponible una nueva versión del sitio. El próximo objetivo de Kim es construir una red que sea la sucesora de Internet, para la cual ya escogió el nombre. Sí, ese mismo: Meganet.

Edward Snowden: el ciudadano cuatro

Existen tres grupos de superhéroes: los que nacen con poderes, los que los desarrollan con el tiempo, con entrenamiento o con ambos, y un tercer grupo que los obtiene después de vivir un trauma. Un trauma que puede ir desde la mordedura de una araña radioactiva hasta el contacto con desechos tóxicos, una eventualidad que cambia para siempre el futuro de la persona. Edward Snowden es de este último grupo.

Si Snowden no se hubiese roto las dos piernas durante un entrenamiento en las fuerzas especiales, quizás hubiese tenido una vida sin complicaciones y hasta pudiera contar con algunos grados militares por pelear en batallas sin gloria contra enemigos imaginarios, pero este hecho le cambió radicalmente la vida.

Después del accidente, Snowden empezó a trabajar en la Agencia de Seguridad Nacional de los Estados Unidos, en un puesto ligado a la vigilancia mediante sistemas computarizados, gracias a sus habilidades como programador. Desde esta posición, Edward se percató de que la NSA (National Security Agency, por sus siglas en inglés) había llegado demasiado lejos en sus actividades de vigilancia y comenzó a elaborar un dossier donde reunió documentos perturbadores sobre las prácticas invasivas de la organización, asociadas al control y la inspección de ambientes domésticos en todo el mundo.

Cuando tuvo una gran cantidad de documentos incriminadores, programó una reunión clandestina con periodistas de The Guardian para hacer públicas estas informaciones, entre ellas una orden de la Corte de Vigilancia Extranjera donde explícitamente obligaba a la compañía telefónica Verizon a brindar información sobre las actividades de sus usuarios.

El 21 de mayo de 2013, The Guardian y The Washigton Post publicaron una gran serie de documentos filtrados por Snowden. El infierno se desató.

Inmediatamente, el gobierno de los Estados Unidos respondió condenando a Edward por robo de la propiedad del gobierno, comunicación no autorizada sobre defensa nacional y venta de información clasificada a personas no autorizadas. Las dos últimas acusaciones basadas en los estatutos del Acta de Espionaje.

La respuesta de Snowden ante estas peligrosas acusaciones fue categórica: “Estoy dispuesto a sacrificar mi antigua vida, porque no puedo permitir que el gobierno de los Estados Unidos destruya la privacidad, la soberanía de Internet y las libertades básicas de las personas alrededor del mundo con la máquina de vigilancia masiva que están construyendo secretamente”.

Desde entonces Edward Snowden ha tenido que vivir en el exilio. Sus peticiones para poder volver a los Estados Unidos han sido infructuosas. En 2015 el documental de la célebre realizadora Laura Poitras Citizenfour, obtuvo el máximo premio de la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas de Estados Unidos. De esta manera, la historia de Edward Snowden se convirtió en la primera película de un superhéroe real en ganar un Oscar.

Cuatro superhéroes de Internet

Aaron Swartz, Julian Assange, Kim Dotcom y Edward Snowden son la muestra de que Internet también tiene superhéroes, y no son como los pinta Hollywood. No tienen historietas, ni protagonizan series de televisión. Los chicos no los imitan, ni coleccionan sus figuras de acción. Por apatías irracionales la sociedad los excluye y los margina con frecuencia. Y aún desde el aislamiento que provoca la incomprensión, reservan fuerzas para luchar por las libertades colectivas y las causas justas, como quien ha entendido –junto con Victor Hugo– que “no hay más que un poder: la conciencia al servicio de la justicia y no hay más que una gloria: el genio al servicio de la verdad”.

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