La Revolución hacker de Mr. Robot

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Por: Sergio Alejandro Gómez

El marxismo propuso una idea revolucionaria. ¿Si toda la riqueza viene del trabajo, por qué la ganancia no se reparte entre quienes aportan el desgaste físico o intelectual? Ese sencillo razonamiento disparó el cambio social en tres siglos distintos y todavía conserva su potencial transformador.

Pero, ¿qué tiene que ver Carlos Marx con hackers y una serie de televisión de USA Network seguida en masa por los amantes del género? La respuesta corta: mucho.

Mr. Robot, un thriller psicológico cuya primera temporada se aireó el verano del año pasado, busca llevar a código binario el espíritu de los miles de jóvenes estadounidenses que protestaron ante la decisión del gobierno de rescatar a los bancos en detrimento de los ciudadanos como parte del movimiento Occupy Wall Street.

A base de monólogos interiores y una fuerte dosis de paranoia, Elliot –el brillante y trastornado ingeniero protagonista de la historia– le da desde el inicio un tono aparentemente antisistémico a la serie.

“Hay un grupo poderoso de personas ahí fuera que secretamente dominan el mundo. Hablo de tipos de los que nadie sabe nada. Tipos que son invisibles. El 1% del 1%. Tipos que juegan a ser Dios sin permiso. Y ahora, creo que me están siguiendo”. Primer capítulo.

El villano de la historia es una trasnacional llamada E-Corp, que gestiona desde recursos naturales hasta las tarjetas de créditos y el sistema financiero del país. La E, que para Elliot significa Evil (malvado), parece a todas luces un guiño a Enron, una empresa real de los Estados Unidos que en 2001 llevó a cabo un gigantesco fraude y dejó sin trabajo a miles de personas. Como después se demostró, los principales ejecutivos de la firma estaban conscientes de la inflación de las cuentas y pasaron a ser símbolos de la codicia empresarial en los Estados Unidos.

Elliot, interpretado magistralmente por Rami Malek, trabaja en Allsafe, una compañía de mediano tamaño dedicada a la ciberseguridad. Pero su personalidad se desdobla en una organización secreta llamada Fsociety y liderada por un álter ego suyo, Mr. Robot (Christian Slater), quien entre otras pequeñeces quiere “cambiar el mundo”.

El plan es destruir los servidores donde E-Corp registra billones de dólares en deudas y hacer “la mayor redistribución de riqueza de la historia”. El hackeo, que se consigue al final de la primera temporada, tiene un impacto en la economía global pero no echa por tierra el sistema capitalista.

La serie descarga ráfagas contra el conformismo, el estilo de vida postmoderno, el adormecimiento de la conciencia y la doble moral de la sociedad, pero no va más allá. Cuando Krista, la psiquiátra de Elliot, le pregunta al inicio de la serie qué lo decepciona tanto de la sociedad, esta es su respuesta:

“No lo sé. A lo mejor es que todos pensamos que Steve Jobs fue un gran hombre incluso sabiendo que ganó billones a costa de niños. O a lo mejor es que sentimos que todos nuestros héroes son falsos. El mundo en sí es una gran patraña. Nos espameamos los unos a los otros con continuos comentarios; mentiras enmascaradas como si en realidad pensáramos así. Redes sociales que nos hacen pensar que de verdad tenemos intimidad. ¿O es que hemos votado para esto? No con nuestras amañadas elecciones, sino con nuestras cosas, nuestras propiedades, nuestro dinero. No estoy diciendo nada nuevo. Todos sabemos por qué hacemos esto. No porque los Juegos Del Hambre nos hagan felices, sino porque queremos estar sedados. Porque duele no fingir, porque somos cobardes. Qué se joda la sociedad”.

Al igual que el movimiento Ocuppy Wall Street, Mr. Robot diluye su discurso antisistema en la crítica del problema y no en sus causas. Y, por supuesto, tampoco presenta una alternativa.

Concentra sus denuncias en los excesos de los megamillonarios, pero no profundiza en las implicaciones de frases como “el dinero es el sistema operativo del mundo”, que suelta el protagonista en el primer capítulo.

Elliot odia a E-Corp, entre otras cosas, porque su padre murió de leucemia por un derrame tóxico que era de conocimiento de la empresa y no fue reportado. La misma suerte corrió la madre de su amiga de la infancia y colega en Allsafe, Angela (Portia Doubleday).

Sus razones para querer destruir el sistema financiero internacional no son claras. Los traumas de la infancia y los maltratos maternos luego de la muerte del padre se superponen a las ideas y principios que defiende Elliot (al menos cuando parece cuerdo). A veces da la impresión de que actúa más por ira y venganza que por una clara convicción de la necesidad del cambio.

Tampoco en el resto del variopinto equipo de Fsociety, que para mayor “representatividad” cuenta con un afromericano y una musulmana, se encuentra una justificación clara de los móviles de la operación. Se llega hablar incluso de que uno quiere “hacerse famoso” y el otro solo “está buscando amigos”.

Esto no es sorpresa dentro del aparato cultural estadounidense, que juega con la cadena pero no con el mono.

Como mismo sucedió cuando perdieron la virginidad política en la década del setenta del siglo pasado con el escándalo Watergate, la crisis financiera de 2008 está en proceso de asimilación por parte de la industria cultural norteamericana, muy eficiente en convertir el descontento social en un producto rentable.

EL POTENCIAL REVOLUCIONARIO DE LA LOCURA

Ninguna de las razones anteriores impide el disfrute de Mr. Robot, una serie que al menos está poniendo a pensar a algunos.

Los expresivos ojos de Malek y su semblante demacrado aportan una alta dosis de credibilidad al introvertido y psicótico personaje de Elliot, un narrador para nada confiable a través del cual el espectador filtra a retazos toda la historia. A veces los paralelos con Fight Club son más que evidentes.

Los trastornos mentales del protagonista son también un constante recordatorio de la falsa salud de una humanidad suicida, que no es capaz de responder ante amenazas como el cambio climático o la desigualdad social.

Mr. Robot también aporta una dosis de realismo al mundo hacker, representado usualmente en la televisión con interfaces fantasiosas y maratones imposibles con el teclado.

Los golpes más importantes se llevan a cabo explotando el factor humano, más allá de la pericia en el conocimiento del código.

“Hackear no es tanto sobre el código como sobre encontrar sus vulnerabilidades. Es más como una ingeniería social”, declaró recientemente Sam Esmail, el joven director de la serie, cuyo guion inicial era para una película.

Esmail ha recibido elogios entre los especialistas por la representación realista de los hackeos. Es común ver el terminal cotidiano y los códigos básicos para el manejo de las redes. Incluso a la hora de tomar posesión de un teléfono Android se utiliza el SuperSu, una aplicación que no pocos cubanos utilizan para ganar acceso root en los celulares.

También se evita por todos los medios esos diálogos donde un personaje le explica a otro sin motivo aparente qué cosa es un malware, un rootkit o un ataque DDOS. En la era de Internet, lo que no se conoce se googlea.

Pero quizás el mayor valor de Mr. Robot y por lo que vale la pena seguir la propuesta de Esmail es la vigencia de las cuestiones que aborda.

La conflictividad del sistema político y económico actual está lejos de desaparecer, tal y como predijo Marx en El Capital, la mejor definición que se ha escrito del código fuente del capitalismo y sus graves problemas de programación (hecha sin una computadora, por cierto).

Cada vez nos adentramos más en la sociedad de la información y una nueva revolución industrial impulsada por los robots, que puede traer aparejado un aumento inédito en la desigualdad incluso en las economías desarrolladas.

De acuerdo con un estudio del Foro Económico Mundial, las profesiones de programador y analista de datos serán de las más lucrativas y demandas al igual que aquellos dedicados a la ciberseguridad. Entretanto, las labores monótonas y que conllevan fuerza bruta serán susceptibles de ser reemplazadas por máquinas. Esa realidad se combina con las nuevas formas de comunicación en un mundo globalizado y la lucha por el acceso al conocimiento, el principal motor de la nueva sociedad.

El potencial verdaderamente revolucionario de la tecnología ha estado presente desde el inicio. Se expresa, por ejemplo, en la lucha entre software libre y privativo y está también en toda la cultura hacker de la que hace galaMr. Robot.

La pregunta es si la segunda temporada, actualmente en emisión, nos traerá una verdadera revolución hacker o Elliot seguirá rasgando la superficie del poder del 1%.

(Tomado de Cachivache Media)

One thought on “La Revolución hacker de Mr. Robot

  1. Bueno, acabo de recibir un “tuit”, se escribe así, que barbarismo de idioma, bueno al asunto. Tengo en mi HDD un filme, con los protagonistas reales de esas historias y resulta que según algunos lo de Occupy Wall Street fue una acción encubierta del FBI y la NSA. Cierto, no lo sé. Pero no me fio de los Robots que inhalan cocaina o de los “okupas”, vaya con las palabritas, Este verano recomiendo algo más real, más digámos a lo FBI y la NSA…La ex STASI o la ex KGB…Vean CyberWar, de VICELAND.

    Lean en http://huxley.cubava.cu/

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