Inside: comunidades de videojuegos en Cuba

Presentación de uno de los equipos durante el torneo Dota All Stars de exhibición efectuado en el cine Yara el 12 de marzo de 2016. Foto: Fernando Medina Fernández / Cachivache Media.
Por: Eileen Sosin Martínez

Por: Eileen Sosin Martínez (Tomado de Cachivache Media)

Las instituciones los miran de reojo, les hacen un guiño, y los dejan seguir. No los detienen, aunque tampoco los reconocen. En ese limbo del “sí pero no”, el ecosistema gamer cubano se ha organizado por sí mismo. A falta de alternativas oficiales, ha tenido que ser el árbol que su propio tronco endereza. 

En esa gran nación, las dos ramas más visibles quizás sean la Agrupación de Deportes Electrónicos de Cuba (ADEC), creada en 2007, y el grupo DotA Cuba, que mantiene una trayectoria vertiginosa desde hace poco más de un año.

Se parecen y se distinguen. La ADEC tiene experiencia, experiencia que da el tiempo, tiempo que cansa si es demasiado. El DotA va con la energía del corredor que acaba de recibir el batón: rápido, incluso más rápido que el relevo anterior.

Ambos buscan un marco jurídico que los ampare, sin renunciar a existir aun cuando no se formule una regulación específica para ellos. Los unos decidieron hacer limonada; los otros quieren más que limones.

El deporte, derecho del pueblo

Impulsar la cultura del videojuego en Cuba, visto como espacio de socialización, parte de lo que se ha llamado “recreación sana”. Esa es la filosofía matriz de la ADEC: que juegue todo el que le guste.

“Ya hoy existe un nivel de consenso que facilita mucho estas actividades, pero en aquel tiempo fue muy complicado, porque la gente no conocía ni qué eran los deportes electrónicos, pensaban que era algo negativo, hasta que perjudicaba las computadoras”, recuerda Javier Mena, del grupo gestor.

Desde el principio la Agrupación presenta una estructura flexible: no hay un listado de integrantes, los jugadores entran y salen. De hecho, el grupo gestor constituye más bien un concepto, una plantilla que ahora mismo está incompleta.

Los integrantes de este núcleo duro llevaron su idea hasta las últimas consecuencias. O al menos lo intentaron. Uno de ellos, abogado de profesión, redactó estatutos y otros documentos, para así iniciar el trámite que les permitiera convertirse en asociación. La respuesta fue que “eso estaba medio congelado”, que “por el momento no se estaban aprobando nuevas asociaciones” mientras no apareciera la nueva Ley. “Yo creo que la autorización viene por la vía de que a un ministerio le interese”, concluye Javier, algo desesperanzado.

En el INDER tampoco les hicieron mucho caso, porque –eso dijeron– los videojuegos no incluyen actividad física. Por suerte, la Universidad de La Habana abrió una puerta y pudieron realizar torneos en la casa de la FEU.

“Insistimos constantemente con los Joven Club de Computación, porque son quienes tienen mayor infraestructura para masificar los eventos –explica Ian Pedro Carbonell, presidente de la ADEC–. Ellos han sido los más receptivos hasta ahora. Por otra parte, su apoyo se ha visto limitado porque han sufrido un proceso de descapitalización que no les ha permitido renovar las máquinas, o lo han hecho en pocas cantidades”.

Organizar un tope conlleva dosis extra de energía, tiempo y recursos. Encontrar patrocinadores, el lugar indicado, que funcione la logística y la promoción puede convertirse en una verdadera carrera con obstáculos. No obstante, para ellos queda claro dónde están los límites.

“Siempre hemos sido celosos en mantener el proyecto sin ánimos de lucro –asegura el presidente de la ADEC–. Muchas veces nos han sugerido cobrar la inscripción en el torneo, pero hasta ahora todo ha salido bien y no hemos tenido necesidad de eso”.

Hablando de dinero, la posibilidad de autofinanciarse parece una lejana quimera. En el camino, no obstante, ya han pensado en algunas maneras: comprar premios con una parte del dinero recaudado por las entradas de los eventos, definir una tarifa de membresía, recurrir al crowdfunding… “Existen múltiples mecanismos para que esto sea sustentable, pero creo que pasa por la legalidad –comenta Ian Pedro–. Todo fuera mucho más fácil, incluso más transparente, si contáramos con personalidad jurídica o algo que transmita seriedad a las demás instituciones”.

 

El que lo coja, es suyo

Víctor Agrelo no es jugador de DotA. Trabaja en el Instituto Superior de Diseño (ISDI), y al notar la pasión de tantos estudiantes por el juego, decidió aprender. “Pero nada… no es mi fuerte”, reconoce. En el ISDI organizaba pequeños topes, hasta que un día el documental Free to Play le sirvió de inspiración, y pensó: “vamos a hacer un torneo más grande”.

Así nació En La Habana DotA 2 Arena, poco más de un año atrás, en la Fábrica de Arte Cubano (FAC). “Cuando vi la magnitud de este tipo de evento, dije: vamos a seguir, y vamos a seguir…”, recuerda. Hoy la coordinación de DotA Cuba está a su cargo: alrededor de 12 personas, entre diseñadores, periodistas, fotógrafos, programadores… un equipo que él denomina “ultrafuerte, porque todo el mundo sabe lo que tiene que hacer”.

Después de aquella ocasión en FAC, se realizó el DotA All Stars, en marzo pasado, en el cine Yara; y hace apenas unos días, el Open TP, en el Riviera. Estos espacios demuestran por sí solos la popularidad del juego: el Yara tiene 1355 butacas, y el Riviera 913. Las entradas para el público cuestan 25 pesos, el precio acordado con el Proyecto 23 del ICAIC.

Aunque Víctor afirma que todo el dinero recaudado en la puerta se queda en las instituciones que acogen el evento, Rolando Alpízar, administrador del Yara, y Bárbaro Pérez, director del Riviera, aseguran que los organizadores del DotA conservan el 60 por ciento de los ingresos, y el cine recibe el resto.

También, durante el All Stars, se realizó una rifa entre el público con el objetivo de que los ganadores de la misma se enfrentaran a los jugadores del torneo, en un 10 contra 10. Los tickets para participar llegaban hasta el número 400 y costaban 1 CUC. “Se vendieron una pila”, según algunos que estuvieron allí. “¿Y qué hicieron con el dinero?”. “No sé, esas cosas no nos las dicen. Lo de nosotros es jugar y ganar”, dice uno de aquellos 10 jugadores pro.

El modelo de gestión de los torneos se mantiene como denominador común: un cuentapropista “apoya” a cada equipo –Víctor prefiere evitar la palabra patrocinio– suministrándoles almuerzo, agua, refresco, y un pulóver que los identifica y que también lleva el logo del propio negocio.

A su vez, existen quienes “apoyan” al evento como tal. Por ejemplo: Tigon ofrece sus bebidas energéticas y souvenirs a los jugadores, mientras carteles y banderas con la marca ocupan el lugar de la competencia.

De hecho, el Open TP se llamó así, por TecnoPremier, un taller de celulares. De acuerdo con Alejandro Carreras (Wally), de Infinite Flame, quien es además empleado de TP, el negocio aporta las computadoras donde jugar y busca patrocinadores para los equipos. Como sucedió con Tecnopremier, los próximos torneos tendrán los nombres de otros sponsors.

“Realmente es una red de colaboradores, un grupo de gente que se conoce y se ayudan unos a otros”, anota Fernando Arias, de Kroma Estudio, que se encarga de los audiovisuales en los eventos. Para su negocio, estar aquí repercute sobre todo en cuanto a relaciones públicas y visibilidad. “Dentro de la comunidad hay un alto por ciento de diseñadores, y es interesante que conozcan nuestro trabajo”.

 

Al terminar los partidos del Open TP, aparecen comerciales de DiHavana, Tic Tac Boquitas, Tracmóvil… El acomodador reclama que “hay que estar senta’o”, mientras en la entrada tres muchachas reparten flyers de los patrocinadores.

Para los negocios particulares la promoción constituye un ámbito desregulado, lleno de puertas traseras y atajos hacia el objetivo: darse a conocer, anunciarse… vender. Los cauces establecidos resultan escasos, así que la publicidad –como el agua– encuentra siempre por dónde fluir. Además, el DotA tiene algo que todos quieren: el público joven.

Ángel Pagán (Disast), del equipo Voltus V, confiesa que le da igual el almuerzo, el pulóver, la promoción y todo lo demás. “Ellos (los organizadores) lo hicieron así, y uno lo acepta y ya. Pero si no, lo hacíamos nosotros mismos, como antes; porque nos gusta”.

Sin embargo se juega

La ADEC y DotA Cuba comparten un sueño: representar al país en un torneo internacional de videojuegos. Cada grupo está dispuesto a colaborar entre sí, y con otras comunidades fuertes en Camagüey, Matanzas, Holguín… “La actitud de nosotros sería solidaridad total”, apunta Víctor.

“Debe existir más integración, para no repetirnos; además de una compatibilización de principios básicos, como no perseguir el lucro, entre otros”, señala Ian Pedro.

Este último tema sigue marcado en rojo. “Claro, se puede ser una organización no lucrativa, pero hay algo real: si alguien hizo una página web, o lleva las estadísticas, la organización, invierte tiempo en eso… merece algún tipo de retribución. Las asociaciones y las ONG le pagan a su gente: su objetivo no es obtener plusvalía, simplemente tienen que funcionar. Y eso es algo que en la ADEC no hemos logrado”.

Entretanto, un mundo de héroes virtuales continúa creciendo por cuenta propia. El gran proceso denominado “informatización de la sociedad cubana” pasa también por estos mapas, asegura Javier, y lo resume en dos palabras: “El juego y el deporte son algo de antaño, y van evolucionando con la tecnología. Hay bicicleta: ciclismo; hay computadoras: deportes electrónicos”.

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