Los dioses, las redes sociales y la fe 2.0

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Por: Félix Manuel González Pérez

Dice la Biblia que Dios nos hizo a su imagen y semejanza. Pero yo siempre he creído que fue al revés. En un arrebato de cordura y egocentrismo, en uno de esos instantes en que conscientemente adoramos nuestros ombligos hasta creerlos el centro del universo, no encontramos otro remedio para saciar nuestras ambiciones que crear a Dios. Crear a Dios para convertirlo en herramienta.

Y lo pusimos a lidiar con todas las preguntas para las que no encontrábamos respuesta, y lo obligamos a castigar a aquellos sobre los que no teníamos autoridad, y le exigimos que perdonara cuando éramos incapaces de contener el rencor. Y construimos templos e iglesias para adorarlo e idolatrarlo, como quien pierde el control sobre su creación. Porque lo hicimos omnipotente, omnisciente y omnipresente. Lo hicimos “ovni” y perdimos el control.

ÉXODO y LEVÍTICO

En 2012 (tal vez porque según los mayas podía acabarse el mundo), el Papa Benedicto XVI hizo un anuncio sin precedentes. Declaró abiertamente que tenía intenciones de abrir una cuenta en Twitter bajo el usuario @Pontifex. Unas horas después, sin haber escrito ni una sola palabra, ya el perfil contaba con más de 350 000 seguidores.

Fue así como la Iglesia, una institución que se rige por un “código de ética” que explícitamente esboza la posibilidad de morir por lapidación si cultivas dos tipos de semillas diferentes en el mismo campo, o si vistes ropas con tejidos de hilos mezclados (Levítico 19:19); que puede condenarte a muerte si trabajas los sábados (Éxodo 35:2), o quemarte vivo por el simple hecho de tocar la piel de un cerdo y volverte impuro (Levítico 11:7), se zambullía de golpe y porrazo en una de las redes sociales más influyentes del mundo. O al menos eso parecía.

Pero la historia no empezó allí. E n 2006 el sitio MyChurch.org había inaugurado un servicio al que denominó “presencia confesional en las redes sociales de Internet”. Básicamente, los usuarios más fieles podían a partir de ese momento confesarse en línea. Esta iniciativa fue correspondida e imitada posteriormente por otros sitios como Gospelr.com, Xianz, GodKut, 4marks.com, Cathcommunity.org, Xt3.com, Catolink y Pope2you.com.

Este último lanzó en 2009 una aplicación en Facebook impulsada por el Pontificio Consejo para las Comunicaciones Sociales (esta gente es buena poniendo nombres) titulada El Papa se reúne contigo en Facebook, la cual permitía intercambiar postales religiosas, fragmentos de discursos, homilías, pensamientos y todo tipo de contenidos provenientes del Santo Padre, en una red social que Marc Zuckerberg había previsto para las comunidades universitarias.

En ese mismo año el movimiento Regnum Christi lanzó el proyecto Misioneros 2.0, una iniciativa con la que pretendían, y cito: “aprovechar las redes sociales como “lugares” para la evangelización”.

Desde entonces la participación de los creyentes en los Stios de Redes Sociales (SRS) no es nada despreciable. De hecho, un estudio denominadoChurchbook, la presencia de los consagrados en las redes sociales, demostró que en países como Italia, el 20 por ciento de los sacerdotes y religiosos, así como el 60 por ciento de los seminaristas, tienen un perfil en Facebook.

¿Quién necesita de un púlpito de una iglesia, un templo donde meditar, o una sinagoga a la que acudir, cuando los rezos, mantras y sermones pueden llegar a miles de personas, en cualquier parte y a cualquier hora, mediante las redes sociales?

Ciertamente para líderes religiosos como el Papa y el Dalai Lama, quienes cuentan con más de 12 millones de seguidores, estas plataformas se han convertido en una vía muy eficiente para socializar el evangelio. Tanto es así, que en la actualidad la religión es uno de los cinco tópicos más buscados en los SRS.

Pero las iniciativas religiosas en Internet no se han limitado a la creación de perfiles en Facebook, Twitter o MySpace. Para nada. Forman parte de una ofensiva mucho más profunda desatada en Internet, que va desde la promoción de reggaetón cristiano hasta el desarrollo de videojuegos católicos. La presencia de contenidos religiosos en la web es tan profunda que una rápida búsqueda en Google bajo el criterio de “religión”, desencadena 500 millones de resultados en aproximadamente 0.63 segundos.

La religión se apoderó completamente de Internet y los dioses, que estaban tranquilos en sus estatuas, sus estampillas y sus altares, fueron forzados a moverse a este nuevo entorno digital para obligarlos a cumplir con su trabajo de estar en todas partes.

APOCALIPSIS

Las maniobras de la religión en las redes sociales no son nada comparadas con lo que se le ocurre a los creyentes, los seguidores, los fieles y los fanáticos. Con bastante regularidad nos encontramos mensajes en nuestros muros, que a la usanza de aquellos antiguos correos spam, nos obligan a presenciar imágenes de accidentes, personas enfermas (en su mayoría niños), desastres naturales y otras eventualidades de este tipo, bajo la amenaza psicológica de que si no compartimos el contenido, entonces sufriremos el mismo destino (o incluso alguno peor).

Y lo mismo te visten a Jesucristo con bata verde de hospital y un estetoscopio al cuello bajo el reclamo de “abrirle las puertas de tu casa y aceptarlo como tu doctor”, que te ponen a una niña con cáncer, conectada a balones de oxígeno, sin fuerzas siquiera para abrir los ojos a la cámara, con la justificación de estar promoviendo la obra de Dios.

Por favor: si curar el cáncer fuera tan fácil como dar Me gusta y comentarAmén, los médicos perderían su trabajo y después habría que dar Me gusta y comentar Amén para que lo recuperaran. No caigamos en círculos viciosos.

Por suerte, Facebook incorporó otras reacciones que permiten mostrar nuestra inconformidad o nuestro descontento con los post de este corte, porque hasta hace unos meses la única forma de interactuar con las publicaciones era dándoles me gusta y/o compartiendo, algo que además de ridículo e infantil, era extremadamente retorcido.

Pero una cosa aún más imprudente que estas curas milagrosas, son los perfiles desde los que circulan la información. En la mayoría de los casos crean cuentas falsas, toman fotos de modelos eróticas con poca ropa y bastante pecho para darle a la situación y empiezan su “labor evangélica”.

Y yo entiendo que para muchas personas ese sea el cielo, pero también creo que la silicona, las tangas y la Biblia no riman en la misma ecuación. Sería demasiado engorroso hasta para un tema de reggaetón.

Estimado internauta: usted tiene total libertad para publicar cualquier contenido en las redes sociales. Cuenta con la absoluta independencia para profesar cualquier religión o adorar al Dios de su preferencia/conveniencia, pero tiene también la irrestricta responsabilidad de respetar los espacios digitales y los entornos virtuales públicos.

Compartir fotos de niños con enfermedades terminales no ayuda a salvarlos, al contrario, prolonga el dolor de sus familiares y es una expresión de lo peor de nuestras miserias. Recuerde que “todos los dioses, todos los cielos y todos los infiernos están dentro de nosotros” [1] y lo mejor es que permanezcan de esa manera.

NOTAS

  1. Esta frase fue extraída de Trece Horas, la última película de Michael Bay. (Sí, Michael Bay es más que explosiones).

(Tomado de Cachivache Media)

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