Realidad virtual: un (impresionante) primer acercamiento

 

Por: David Vázquez (Tomado de Cachivache Media)

Un bote, de esos que se construyen a partir del tronco de un árbol. Una ciénaga, agua, plantas acuáticas, árboles. Estoy parado justo en el centro de la embarcación, miro a los lados y disfruto el paisaje. El bote se mueve. Miro hacia atrás y me asusto. En la esquina del bote, un niño –cuya presencia no había notado– lo empuja y lo hace navegar. El niño me mira a los ojos, mientras mueve lentamente la embarcación con una pértiga. Pareciera que de verdad estoy en ese bote, en esa ciénaga, con ese niño. Pero no es así. Estoy en una oficina del Vedado, en nuestra redacción. Cuando me quito el Google CardBoard de la cara veo a mis compañeros, esperando una reacción mía. Fui el primero en probar la Realidad Virtual.

“Descomunal; prueben esto”, fue lo único que pude decirles. Como sabía que nunca más tendría una primera vez traté de apreciar cada detalle y recordar cada sensación. Solo pasados unos minutos, y luego que toda la redacción lo probara, volví a tomar en mis manos el aparato.

La experiencia de la Realidad Virtual es muy superior a lo que uno se espera. En este caso fue solo un video del NY Times con la Google Cardboard. Digo solo porque se trata de una pequeña caja de cartón, lo juro, de cartón, donde introduces el smartphone y reproduces el video. Unos lentes te ayudan a “ver mejor” el video en 360 grados y sentir que estás dentro del escenario. No quiero ni pensar qué pasará cuando pruebe un Oculus Rift o cualquiera de los otros nuevos gadgets que ya andan por el mercado.

De todas formas, no dejen que mi pedestre descripción de la cajita de 3,99 dólares los desanime con la RV. Todo lo que lean al respecto es cierto. Para empezar porque realmente entras en otra realidad. Imaginen por un momento que todo tu entorno desaparece, solo ves y escuchas lo que reproduces desde el smartphone. Es una experiencia distinta, con ventajas y desventajas. Las ventajas… bueno, ya lo dije: estás en otra realidad, ves todo lo que ocurre a tu alrededor. La principal desventaja está en que es una realidad que no puedes tocar o cambiar, y hay muy poca interacción. Además, mientras miras y disfrutas del niño que empuja el bote dejas de ver el resto del “video”, y si miras hacia delante no ves al niño; cada experiencia elegida va en detrimento de una pérdida del 80% (cálculo mío con estadística inventada para dar a entender que es mucho) del resto de la narración.

Hasta ahora he visto tres tipos de materiales, los videos del NY Times, algunas apps con juegos y un excelente reportaje de The Guardian. Los videos del medio norteamericano son reales, no son generados en 3D en una computadora. Existen varias cámaras en el mercado para este tipo de videos y básicamente capturan todo el entorno, prácticamente sin punto ciego. Eso sí, tienes que salir de la habitación o saldrás en el ¿plano?

Gracias a esas cámaras puedes estar en el centro de un aula destruida por los bombardeos de una guerra. Puedes girar tu cabeza en cualquier dirección y ver los horrores de la guerra. O estar bajo el agua, 30 o 40 metros de profundidad. Mirar hacia arriba y ver un bote navegando en la superficie mientras bajo tus pies nadan tranquilamente 10 delfines que te “hablan” y miran. Todo con imágenes reales. El sonido espectacular, abrumador. Evidentemente, el sonido es fundamental en la experiencia.

El reportaje de The Guardian sí es generado en 3D y aunque el gráfico no es el mejor, algo así como un videojuego de 1998, la experiencia es aún más sensacional. “6×9” es un reportaje dentro de una celda de confinamiento solitario en una prisión norteamericana. Durante 20 minutos los realizadores intentan acercarte al dolor y trauma de 80 mil presos en EEUU.

En el inicio anuncian que la participación en esta experiencia es a nuestro propio riesgo, y que no podemos reclamar al medio por ningún trauma sicológico. Además de excesiva, la advertencia funciona como spoiler alert y uno se predispone para lo que viene. De todas formas la experiencia llega a ser escalofriante; por momentos logran que sufras el aislamiento y el encierro de esas paredes de concreto digital. Además, es periodismo puro y duro. Un reportaje contado en Realidad Virtual utilizando imágenes en 3D, interacciones con objetos de la celda y las voces de especialistas y víctimas que van narrando la problemática.

Mientras se narra la historia, el escenario cambia. Con la mirada puedes seleccionar varios objetos, detalles que hacen más vívido el sufrimiento del preso en solitario. Una carta para tu hija encima de la cama, donde reconoces que no sufres, pero te preguntas todos los días quién eres y cuál es tu lugar en el mundo. Imágenes de tu pasado, con tu familia, que se proyectan en la pared. Quizás el momento mejor logrado, por su crudeza, es cuando la voz de un preso real cuenta que a veces siente como si flotara y mira desde el aire la pequeña celda. Y uno también flota y observa lo mismo que la voz cuenta. Y justo en ese momento las paredes comienzan a agrietarse. El trauma sicológico del aislamiento casi que puede sentirse en la misma piel.

Los juegos, por su parte, hasta ahora han sido los más pobres, con unos gráficos muy poco realistas, de los malitos de verdad. No merecen aún muchas líneas. No obstante, reconozco que es divertido manejar un carro con los movimientos de tu cabeza. Recuerdo cuando era niño que mi primo se burlaba de mí porque movía el cuerpo a la vez que doblaba a la derecha en Mario Kart. Me encantaría saber qué diría ese primo cuando pruebe la Realidad Virtual.

Este no es el primer boom de esta tecnología. En la década del ´80 se crearon los primeros artefactos de Realidad Virtual. Pero nada importante sucedió, nada que prometiera realmente cambiar el mundo y la percepción que tenemos sobre la realidad. ¿Qué cambió desde entonces? Mucho. Desarrollo tecnológico, abaratamiento de los costos de producción, inyección de dinero en áreas innovadoras como esta y el surgimiento de nuevos modelos de negocios, un conjunto de factores que pudieran resumirse en la creación del smartphone, el dispositivo perfecto para el despegue de esta experiencia. 
Millones de personas en el mundo tienen un celular en sus manos que los convierte en un potencial usuario de la Realidad Virtual. “El desarrollo del giróscopo, acelerómetro y magnetómetro permiten al teléfono conocer su orientación exacta en el espacio”, según explica un ingeniero consultado. Por lo tanto, si giras la cabeza (o el teléfono en el Google CardBoard) la app entiende perfectamente tu movimiento y la nueva información que debe mostrarte. Por otro lado, ahora tenemos en nuestros bolsillos una gran capacidad de procesamiento para generar en tiempo real imágenes 3D o proyectar en alta resolución videos y sonido.

Filmar videos en 360 grados o generar escenarios virtuales tampoco es labor de ciencia ficción. Cada día se hacen más accesibles las tecnologías para crear estas realidades. En Cuba algunos ya se ilusionan con filmar películas o videos clips de esta manera. No estamos lejos del día en que veremos la serie de turno en forma de Realidad Virtual o veamos el clásico Barça-Madrid desde el centro del campo.

Por lo pronto, desde Cachivache Media disfrutamos de la cajita de cartón, de los videos del NY Times y hasta de las caídas de mi celular al piso cada cierto tiempo. Todavía son pocas las apps y los materiales que podemos consumir, pero comprendemos que estamos ante tecnología disruptiva, de la que puede realmente hacer que te cuestiones qué es real.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *