Benditos monstruos: Predator

Ilustración: Mayo Bous / Cachivache Media.

Por: Javier Montenegro (Tomado de Cachivache Media)

El cine está lleno de monstruos. Seres capaces de convertirse en un instante en parte de nuestros más profundos miedos, en referentes indispensables de la cultura popular. Criaturas que odiamos o amamos, en dependencia de nuestro nivel de degeneración. Monstruos que no solo clasificamos por su aspecto físico, sino también por sus acciones despreciables. El tipo de asesinatos, las atrocidades, la crueldad, el egoísmo. Son muchos los factores que nos llevan a clasificar a un ser de monstruoso. Y a amarlo.

Entre estas viles criaturas que nos conquistan en cuestión de minutos, se encuentra el Depredador, o Predator, como usted prefiera. Un asesino, sádico, que disfruta cazar a sus víctimas, coleccionar cráneos como trofeos y utilizar la avanzada tecnología que posee para disfrutar de un buen safari en la Tierra.

Me refiero, obviamente, al Predator de la primera cinta (nada de secuelas), donde el señor Schwarzenegger y un grupo de supermachos se enfrentaban a la bestia en una tupida selva. Una película que casi treinta años después de su estreno apenas ha envejecido. Ni siquiera los efectos especiales pueden considerarse “viejos”. Una buena copa de vino recomendable para cualquier noche con los ánimos bajos. O con la testosterona ida de revoluciones.

La trama es sencilla. Siete tipos duros, de los que no tienen tiempo para sangrar, deben ir a una selva de Centroamérica. La misión no está clara. Un supuesto rescate. Cuando llegan al punto, comprenden que les han tomado el pelo. Pero no importa. El verdadero enemigo aún no se ha revelado. Y ellos lo sospechan.

¿Quiénes son estos siete tipos duros? El exjugador de fútbol americano Carl Weathers (Dillon), el otrora actor porno Sonny Landham (Billy), el antiguo luchador profesional Jesse Ventura (Blain), además de otros tres chicos: Shane Black (Hawkins), Richard Chavez (Poncho) y Bill Duke (Mac), este último conocido por su imponente aspecto físico. Al frente de estos action-man está el señor Schwarzenegger. Un septeto de lujo para enfrentar a cualquier enemigo. Además de tener la autoestima por el cielo, estos soldados confían ciegamente entre sí: la escena en que Mac dispara a la selva y cada uno de sus compañeros llega a su lado y sin preguntar abren fuego en la misma dirección, además de ser una joya del cine de acción de los ochenta, es una prueba de ello. No son solo asesinos, sino engranajes de una muy bien aceitada máquina aniquiladora. Por ello el director John McTiernan demora cuarenta minutos mostrándonos qué tan bueno son estos chicos cuando se trata de matar, y a su vez, hace crecer aún más el aura alrededor de Predator, que con extrema simplicidad los elimina.

 

La narración del film es sencilla en extremo. Un monstruo que asesina uno a uno a un grupo de enemigos. Y lo disfruta. Con un dispositivo de camuflaje (cloaking device suena mucho más lindo) se acerca a sus presas, las estudia, aprende algunas frases del idioma, sin tener idea de qué significan, y las utiliza para engañarlos y hacer su tarea más fácil. Quizás esta forma de contar tan simple sea uno de los principales pilares de la película. Es la supervivencia del más fuerte. Cierto, algunas interrogantes quedan en el aire, pero con el vértigo y la rapidez con que transcurre todo, estas incógnitas crean una suerte de misterio alrededor de la bestia. ¿Por qué una criatura tan avanzada tecnológicamente viajaría hasta la Tierra solo para cazar humanos en la selva? ¿Por qué se molesta en pelear con Arnold mano a mano cuando puede eliminarlo, sino con un arma, con su fuerza bruta? Quizás está última interrogante sea una de las que nos revelan la maldad detrás de Predator, que por momentos recuerda a un niño que se entretiene con una lagartija mientras le da caza, la descuartiza, y sonríe mientras le realiza la autopsia.

A diferencia de lo que cabría esperar, mientras Predator elimina a cada uno de sus presas, los hombres de Dutch no entran en pánico. Preparan trampas, lo enfrentan. Sí, piensan en huir, pero no se desmoronan. Mientras más grande sea el enemigo, mayor será la victoria. Por lo tanto, la dureza del equipo de Arnold engrandece al monstruo, quien fracasa en su objetivo de aterrorizarlos con la eliminación one bye one, y aun así casi consigue la victoria. Pero ni en el cine ni en el deporte los casi son válidos.

Hay un motivo más por el cual Predator perdura en el tiempo y aun funciona: la victoria pírrica de Arnold. La suerte se alía con el futuro gobernador de California, y en un giro al más puro estilo de Stan Lee y Jack Kirby en Los 4 fantásticos, por una casualidad del destino, el señor Schwarzenegger encuentra un punto débil de la criatura. Mientras más dura sea la victoria más magnificamos al villano. El mal puede vencer de vez en cuando, pero en realidad preferimos las victorias sufridas de los protagonistas, aquellas donde pierden algo. Dutch ha visto caer a todos sus hombres, y él está a punto de fenecer. Al Depredador solo le queda rematar a Arnold, y de pronto su presa desaparece.

Es el momento de la redención en el camino del héroe. El villano ya alcanzó la cumbre, ahora le toca caer. Pero su derrumbe debe ser verosímil, consecuente. Una vez más, John McTierman encuentra la nota exacta. Primero le quita la máscara. No es Darth Vader, es mucho peor. Es horrible. El rostro del Depredador no se olvida, se queda grabado del mismo modo que una quemadura provocada por un hierro al rojo vivo. Pero sobre todo, al quitarse la máscara descubrimos algo más… es vulnerable.

En ese combate final, Dutch no solo se ve superado una y otra vez por su enemigo, sino que cuando al fin logra derrotarle, con ingenio y no con fuerza bruta aunque se trata del señor Schwarzenegger, la despedida del Depredador es una bomba suicida. “Vale, me jodiste, pero te vas conmigo”. Así se crea un mito.

Ese fue el primer ladrillo. La primera pieza. Hoy Predator tiene cinco películas, y no todas como villano. Además, también tiene sus novelas e incursiones en el cómic, incluso frente a Superman y Batman –este último con guion de David Gibbons–. Eso sin contar el maravilloso mundo del fandom. Pero por desgracia, a pesar de ser uno de los villanos más terribles, tiene un duro contrincante en lo que a vida extraterrestre se refiere: el alien.

En lo personal no creo que Predator sea una reformulación del Alien de Ridley Scott. Sí, la idea es muy parecida. Un ser del espacio exterior amenaza a la raza humana. Pero a pesar de las semejanzas, ambos personajes tienen diferencias abisales. Yo solo quiero centrarme en una: la maldad existente en sus formas de obrar. En otras palabras: ¿cuál de los dos es más malo? El alien es una máquina de matar. No razona. Actúa por instintos. Para él todos son sus enemigos. Por decirlo de alguna manera, es una forma de vida programada para aniquilar. En cambio, Predator es un ser consciente y con una inteligencia superior a la humana.

Capaz de viajar por el espacio con suficientes gadgets para efectuar su cacería, nos es difícil entender por qué este ser prefiere asesinarnos en lugar de comunicarse con nosotros. No nos considera inferiores, sino un reto. Uno divertido. Y eso es lo más terrible. El alien era letal en espacios reducidos. Se sentía amenazado y atacaba. Necesitaba ser el único ser vivo del escenario. Predator está en una selva y aun así sus presas no tienen a dónde huir. Su ensañamiento, su capacidad de rastrear y su creciente colección de cráneos lo convierten en… bueno, en un depredador.

 

Quizás el único aspecto positivo de enfrentarse a este monstruo sea la posibilidad de tener éxito en tu futura carrera política. Arnold Schwarzenegger fue gobernador de California desde 2003 hasta 2011. Jesse Ventura estuvo al frente de Minnesota entre 1999 y 2003. A Sonny Landham no le fue tan bien al postularse en 2004 como posible candidato para gobernador de Kentucky, pero al menos lo intentó. Dos de siete. Las posibilidades son bastante buenas. Quizás ocurra lo mismo con el reboot-secuela. Tal vez en un futuro Adrien Brody se presente como candidato por el estado de Massachusetts, o mejor aún, Danny Trejo podría intentar ser el gobernador de Nuevo México. Quizás ese sea el verdadero legado de Predator, una banda de tipos duros, llenos de testosterona, que un día, después de triunfar en el cine de acción, deciden jugar a la política. A fin de cuentas, ¿qué tan difícil puede ser? Ya Reagan fue presidente. Y como está la política por estos días, si debo escoger entre Donald Trump y el señor Schwarzenegger, está de más que explique con quién está mi voto.

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