La Interfaz de Cuba

Kalia León / Cachivache Media

Por: Maite López Pino (Tomado de Cachivache Media)

La primera edición de la Bienal de Diseño convirtió a las ciudades de La Habana, Camagüey y Santiago de Cuba en espacios múltiples de intercambio, con la mirada en el diseño y la prosperidad; un espacio nacido con el objetivo de promocionar la importancia del diseño en la construcción de una sociedad más auténtica. 

La Bienal tuvo entre sus metas desentrañar los aportes del diseño y su implementación estratégica en el desarrollo conceptual de la economía, sociedad y cultura cubanas. Sin delimitar estatus geográficos de los diseñadores, los cerca de medio millar de implicados se dieron a la tarea de impregnar de diseño estas jornadas.

Pedro García Espinosa, diseñador de profesión y exdirector de la Oficina Nacional de Diseño (Ondi) aseguraba a medios como Cubahora que “el diseño por esencia es una profesión humanista. En el caso del modelo social cubano, la visión humana del asunto debe prevalecer. Ello significa poner a disposición de la gente, a través de los productos, de los mensajes y de las ideas, lo mejor del conocimiento profesional, y de esta forma llevar el bienestar a una mayoría”.

Con esta interpretación, la bienal presentó un abarcador programa que imbricaba exposiciones, premios, talleres y un evento teórico: todo ello para refrescar y modernizar esta vertiente creativa. Un trabajo a varias manos que contó con la Ondi, empresas, estudios particulares de diseño, agencias de publicidad y escuelas de diseño… todos sacaron a la luz pública proyectos, soluciones de diseño y diversos productos comunicativos.

De entre las propuestas presentadas, resalto la muestra patrimonial de la obra de Clara Porset, una de las diseñadoras cubanas más relevantes del siglo XX, a decir de los organizadores. Otra exposición destacable es la que acogió la sede de Fundación Ludwig de Cuba, una serie de trabajos de diseño de la autoría de estudiantes y graduados de la Universidad de Arte y Diseño en Halle, Alemania y el ISDI, Casa de las Américas y el Instituto Superior de Arte cubano.

En el casco histórico de la capital, en la Galería Taller Gorría, se mostró el lado más arquitectónico del diseño con las propuestas de cinco estudios y su visión sobre la arquitectura contemporánea en Cuba.

Desde la teoría emergieron los workshops donde se debatieron temas relacionados con el desarrollo de productos desde las miradas industrial y comunicacional y eventos teóricos como el I Coloquio de Industrias creativas, el Simposio Iberoamericano de Diseño, el Congreso ALADI (Asociación Latinoamericana de Diseño) y el VII Encuentro de Políticas Públicas y Diseño. Bajo la guía de profesionales e invitados foráneos se debatieron ideas cuyo fin recaía en la diversificación y actualización del pensamiento de las jóvenes generaciones de diseñadores. Uno de los momentos más provechosos fue el taller para estudiantes de diseño y profesionales de la comunicación que estuvo a cargo de Juan José Posada, jefe creativo de Geometry Global, empresa especializada en mensajes de bien público.

La I Bienal de Diseño deja un sabor optimista en todos los que la vivieron, la sensación de un camino creado. En este espacio también se reconoció la labor de profesionales y estudiantes del ramo con la entrega de los premios Ondi 2016 en Diseño industrial.

En la categoría Muebles premiaron la Colección Sillas VIBRA, de Raiko Valladares Nogueras y José A. Villa Sené y el proyecto Banco GEM, de Omar David Pérez (Grupo Ensamble). En Diseño de espacio el galardón fue para el stand Mármoles Cubanos Roca Real, del grupo Proporciones, y en Proyecto integral, Café tranvía, de Roberto Oscar Pla y Carlos Mondeja.

Los estudiantes también fueron premiados en Diseño industrial: en Mueble, CUBIMOD, de Vanessa Toledo Rodríguez, y en Producto, el Proyector Manolito, de Adrián García Álvarez.

Resulta en extremo interesante el premio obtenido por Sandra Haug Morales y Gisela Herrero García en el apartado de comunicación visual por su trabajo en la construcción de la identidad y branding del Manual de marca país Cuba. Este proyecto unifica el mensaje Cuba y establece un símbolo común para emplazar el producto cubano en el mundo, ya sea la industria turística, cultural, o incluso desde el punto de vista más empresarial.

Los medios recogieron la opinión de Roberto Miguel Torres, director del Departamento de imagen y promoción de la Ondi, quien aseguraba que la I Bienal “es una iniciativa que reclama un lugar para los cubanos en el mundo de las soluciones útiles y estéticas para la industria, por ello lo han concebido desde el concepto de que Diseño es prosperidad. El diseño es forma, es función y es contenido adaptado a las necesidades personales y sociales. Esa es la llave del diseño”.

Y es que el diseño debe tener como fin el reconocimiento, la comodidad y la mejoría de la calidad de vida de todas las sociedades. Resultaría simplista pensar que la revitalización del diseño en Cuba pasa por la emergencia de proyectos particulares y su necesidad de promoción; el diseño en Cuba hoy resulta una cuestión de redefiniciones, de marcar identidad en espacios donde prevalece lo kitsch y el mal gusto.

Con respecto al mundo, Cuba está atrasada en materia de creación y utilización del diseño en las principales esferas sociales. El diseño nacional puede y debe incidir más en el mundo material; si este proviene “del trabajo de las empresas cubanas”, aseguraba Pedro García Espinosa, “será una manera de decirle al mundo lo que Cuba como país es capaz de hacer, y eso es directamente proporcional a la confianza y la credibilidad del modelo económico del país”.

“Por otra parte, el diseño es innovador por naturaleza y cuestionador del presente. De esta forma, representa una inversión porque puede prever un mejor producto y pulir a través del proyecto cuál es el mejor concepto o la mejor idea para satisfacer las necesidades de un público determinado”. Espinosa considera que en Cuba el diseño aún es interpretado como un asunto cosmético y esta bienal ha demostrado que el reto no está en conceptualizar “cosas bonitas” si no definir calidad y confort… el diseño es una inversión dentro de las estrategias de desarrollo.

A largo plazo, la Bienal también servirá de piedra angular en la promoción del trabajo de diseño en Cuba pues, aunque existe un elevado índice de formación profesional –el quehacer de las graduaciones del Isdi así lo avalan–, ello no se corresponde con lo alcanzado en materia de diseño en el país.

Durante mucho tiempo, para mostrar su trabajo, el diseño cubano tuvo que escudarse y encontrar acomodo en los espacios de la consagrada Bienal de La Habana. Pero necesitaba más. Necesitaba su propio espacio. El diseño, si bien tiene altas dosis de arte, también se traduce en estrategia de desarrollo y satisfacción de públicos en general.

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