Cuando el sueño de una ciudad produce monstruos

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Por: Darío Alejandro Alemán

La moda de narrar los “antes de…” llegó para quedarse. En la actualidad es inconcebible un éxito de taquilla sin una continuidad a manera de saga y con su respectiva precuela. Tal es el caso de Batman, de quien se han hecho varias películas, series animadas y videojuegos, todos alrededor de las nuevas aventuras del héroe. Sin embargo, entre quienes degustamos el placer de sus historias siempre quedó el vacío que encubre el fantástico origen del universo del murciélago. Para desentrañar los inicios del sombrío mundo iniciado por Bob Kane llegó Gotham, un serial televisivo lanzado por la cadena Fox (en conjunto con DC) que ya arriba a su segunda temporada. Si no la ha visto corra y búsquela, y si ya le dedicó unas horas, le invitamos a analizar algunos detalles.

A diferencia del resto de los filmes y teleseries del Caballero Oscuro, Gothamdecide ignorar la historia –harta ya de ser explotada- de por qué el traumatizado huérfano Bruce Wayne se convierte en Batman, y pasa a ahondar en el cómo. Más allá del conocido pasaje del asesinato de sus padres a la salida de un teatro, la intención gira alrededor de una génesis enraizada en el contexto donde se desarrolla. Por esto son los ojos de otro protagonista, el detective Jim Gordon, los que guían la trama.

Como en toda precuela, el propósito narrativo resulta jugar con lo que conoce el espectador de la trama. Una y otra vez la serie lanza guiños–algunos más evidentes, otros no- a lo que será en un futuro Batman y su larga lista de enemigos y colaboradores. La principal arma del guión no está en la sorpresa de un giro inesperado sino en maniobrar con las expectativas de una historia de sobra conocida. Gotham es un entramado artilugio de “atadura de cabos” que ingeniosamente recicla lo que ha sido manido y explotado en múltiples ocasiones.

El guionista (y productor junto a Danny Cannon) es Bruno Heller. A él debemos también The Mentalist, el comodín de las tardes de domingo cuando la televisión cubana esperaba por una nueva temporada de House M.D. Sin embargo, la obra que marcó el estilo de su más reciente producción fue Rome. La serie, ambientada en los últimos años de la Roma republicana, es una recreación a manera de precuela de los sucesos que dieron paso al imperio de Octavio Augusto, todo desde la óptica de dos legionarios irrelevantes y semificticios. El gancho de Heller radica en su adicción a reconstruir el pasado, técnica efectiva sobre quienes amamos los cómics y la historia.

¿Mi villano favorito?

La trama se desarrolla desde la perspectiva de un joven James Gordon que recién comienza su carrera en las fuerzas del orden público. El papel es interpretado por Benjamin McKenzie, en una actuación que poco convence al espectador. En vez de personificar al detective que funge de trapecista en la delgada cuerda divisoria entre el bien y el mal, nos presenta un personaje sonso y con matices forzados. Este no es el primer acercamiento del actor al universo del Caballero Oscuro pues en el 2011 su voz dio vida a Batman en el largometraje animado Batman: Year One.

Y ya que hablamos de caracterizaciones es necesario hacer un aparte con el decepcionante Bruce que nos regala esta entrega. David Mazouz encarna un Batman que parece ser demasiado joven para lo que Heller quería lograr. El heredero de la fortuna Wayne, un tanto enclenque y demacrado, deja entrever retazos de lo que sería la psicología típica de un adolescente mientras desarrolla la oscura personalidad que lo caracterizará. En la primera temporada sorprenden sus tempranas dotes de genio investigador mientras en la segunda solo atinó a ponerse en peligro varias veces debido a su inmadurez y su actuar precipitado. Los cambios emocionales en ocasiones son demasiado bruscos y tienden a perder los capítulos en subtramas algo vacías y obstinantes.

Por suerte, el fiel mayordomo Alfred Pennyworth fue bien pensado, a excepción de un pequeño desfasaje en su edad. El “padre adoptivo” de Batman ganó esta vez protagonismo gracias a la mención de su pasado como militar de élite en el ejército británico y su responsabilidad en la crianza de Bruce. El actor Sean Pertwee logró reproducir con éxito el toque aristocrático inglés que grandes como Michael Gough, Michael Caine y Jeremy Irons han ejecutado magistralmente.

Si fuésemos a hablar de Batman como historieta es inconcebible dejar a un lado a sus villanos; si vamos a hablar de Gotham es hasta preciso despreciar los héroes. En la serie (como en el cómic) los “malos” se llevan los lauros, aunque en esta ocasión el jackpot fue para Pingüino. El némesis del murciélago es el Joker, sin embargo, en esta oportunidad se apostó por seguir las peripecias de Oswald Cobblepot en su camino para alcanzar el liderazgo de las mafias de Gotham. La apuesta fue acertada. La nueva versión del Pingüino (Robin Lord Taylor) compite con la de Danny DeVito sin tener que hacer uso de la extravagancia propia de Tim Burton y consigue ahondar en la psicología de un individuo que representa el espíritu de una ciudad carcomida por la corrupción. Taylor, además de recordar fisionómicamente un Pingüino, asumió a la perfección el papel del hombre que cambió la lógica del crimen organizado en la ciudad para brindarle un matiz más oscuro y a su vez carnavalesco, donde no rige el dinero sino la anarquía y el miedo.

El resto de los villanos aparecen y desaparecen en cada capítulo a voluntad del guionista. Las atribuciones tomadas por la serie nos permiten comprender la pretensión de ofrecer una historia alternativa que escapa de la línea del cómic, lo cual resulta idóneo para explorar la esencia de esta urbe y sus más destacados ciudadanos. Los atrevimientos de Heller van desde acabar de forma prematura con algunos personajes hasta introducir otros nuevos.

Alejarse del canon establecido por las historietas ha demostrado no ser un desacierto, ejemplo de ello es la temprana muerte del mafioso Salvatore Maroni y la llegada de Fish Mooney (quien nunca es mencionada en las viñetas), lo que sirvió para resaltar la figura del Pingüino en el impresionante final de la primera temporada.

Los constantes cambios a la historia original hacen de la serie un producto diferente sin renunciar al relato clásico. Las pistas sobre el futuro de Batman sobran y descubrirlas es, a la postre, lo que mantiene al espectador aferrado a la trama. Algunos personajes ya se han revelado. Selina Kyle, con la anticipada sensualidad que le impregna el rostro casi felino de Camren Bicondova, será Catwoman; el forense Edward Nygma ya despunta como el psicópata luego conocido por The Riddler; la pequeña pelirroja amiga de Selina nos adelanta en su gusto por las flores a Poison Ivy mientras el incorruptible fiscal Harvey Dent quizás muestre algo de la bipolaridad que muchos años después desencadenará a Dos Caras…

El resto de los villanos han sido comodines para rellenar capítulos, aunque de una u otra forma sus apariciones han afectado el rumbo de Gotham. Criminales como Mr. Freeze, Luciérnaga y el Ogro no pasaron de abruptas apariciones y precoces despedidas, sin embargo, los laboratorios de Hugo Strange (curiosamente presentado como asiático) se preparan para reciclar a los enemigos de Gordon y futuros rivales del murciélago. El ingenio de Heller ha sido suficiente para lidiar con una considerable cantidad de personajes, pero no puede hablarse de Batman sin mencionar al Joker, y este cabo aún anda suelto.

Los orígenes del legendario payaso son un misterio en los cómics. Mucho se ha especulado sobre su génesis y pocos se han atrevido a dar sus versiones. Sobre la aparición del Guasón en la serie Heller no quiso dar adelantos y se limitó a decir que la extraordinaria interpretación de Heath Ledger es muy reciente como para recrear nuevamente al personaje. No obstante, Gotham ha dejado varios guiños en estas dos temporadas. Dos de ellos resultan bastante obvios: el primero es el legado de un criminal apodado Red Hood, que conecta a uno de los posibles comienzos del Joker como asaltador de bancos y el segundo gira alrededor de Jerome Valeska.

La última de estas referencias dejó al público boquiabierto ante la actuación de un Cameron Monaghan cuya sonrisa histriónica encajó perfectamente con el perfil del némesis de Batman. Todo indicaba la llegada de un nuevo Joker: la risa, la vestimenta, el sádico sentido del humor… El terror desatado por Jerome en las calles de Gotham marcó el clímax de la serie hasta su prematura muerte. A partir de este momento se ha levantado una ola de cientos de teorías sobre el futuro del personaje. ¿Aparecerá un posible sustituto? ¿Malgastó Heller una buena carta al desaparecer a Jerome? Quién sabe.

La ciudad y sus monstruos

A diferencia de otras series Gotham logra mantener oculto a su protagonista sin acudir a enredadas tramas ni complejas técnicas narrativas. Podríamos pensar en Jim Gordon, pero este solo sirve de hilo conductor. La primera pista sobre la identidad de este personaje es bastante obvia, la serie lo declara en su título: la ciudad.

Gotham no es la historia de Batman. El futuro héroe se nos presenta, más allá del traumático asesinato de sus padres, como fruto de su entorno. Bruce intenta comprender el contexto desde su perspectiva de gentlemanaburguesado y para ello se involucra cada vez más con una realidad que lo consumirá hasta convertirlo en un vigilante. La ciudad moldea a sus villanos y salvadores a la vez que difumina las diferencias entre estos.

Esta ficticia metrópoli viene a ser una parodia muy seria de New York. Además de las semejanzas en cuanto a posición geográfica y la distribución arquitectónica de sus rascacielos, comparten el hecho de estar volcadas hacia un vertiginoso desarrollo económico y tecnológico que deja atrás una estela de corrupción y hedonismo responsable de sus más extravagantes criminales.

Los enemigos del Caballero Oscuro son una adaptación de aquellos malhechores de la década del 30 (cuando Bob Kane creó Batman) que se hicieron famosos a costa de asaltar bancos a plena luz del día y disparar con sus metralletas desde la ventanilla de un Ford. La lógica de los villanos de Batman heredó de estos bandidos el aura heroica impregnada en sus brutales actos. El imaginario popular norteamericano tiende a divinizar y convertir delincuentes en héroes. Los “malos” son con frecuencia las estrellas de los relatos no solo en los comics, sino en la realidad. Tal es el caso de Jesse James, Billy el Niño, la mítica pareja de Bonnie y Clyde o Al Capone.

En Gotham los villanos se desatan porque su asfixiante realidad los consume y el caos es su manera de rebelarse contra el desajustado orden imperante. Batman solo puede detenerlos momentáneamente porque la raíz del mal no está en las trastornadas mentes de sus enemigos, sino en el sistema y eso, su alter ego millonario no puede advertirlo. La locura y la muerte parecen ser imparables en una urbe donde las oscuras calles solo alcanzan a gestar monstruos: algunos disfrazados de payasos, otros de murciélago.

(Tomado de Cachivache Media)

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