No olvides tu toalla

la guia del autoestopista galactico
Portadas de Guía del autoestopista galáctico. Foto: ochancoco191

Por: Yadira Álvarez Betancourt

Algunos somos proclives a la depresión o al malgenio hasta el punto de haber sido desahuciados por familiares, psiquiatras, jefes y otros seres queridos. No hay medicación que funcione y la única posibilidad es buscar terapias alternativas si se desea mantener el estatus de familiar, amigo o subordinado. Unos crían gatos, otros pintan cuadros de dudoso valor artístico y hay quien teje crochet o cose frazadas con retazos. Yo leo de forma incansable, apasionada y, en ocasiones, suicida.

Hace poco más de diez años descubrí algunos títulos que sumé a mi terapia con el fin de asegurarme al menos un día de buen humor. El primer lugar en esta lista lo tiene esa hilarante saga de Douglas Adams iniciada por la novelaLa Guía del Autoestopista Galáctico.

Descubrir a las malas que no somos la única especie pensante del Universo es un tema que la literatura de ciencia-ficción ha explotado hasta la saciedad en más de un millar de obras de calidad narrativa variable. Más o menos en los sesenta comenzaron a atreverse los autores a convertir ese accidente en un asunto no tan serio, en un intento de popularizar el género al despojarlo de la solemnidad apocalíptica a la que monstruos como Arthur Clark, John W. Campbell, Úrsula K. LeGuin y Herbert G. Wells habían acostumbrado a los lectores. Pero aún nadie se había atrevido a lanzar una ciencia-ficción humorística con todas las de la ley, o al menos nadie llegó tan lejos con este engendro contradictorio como Douglas Adams.

Entrar en la piel de Arthur Dent, un ciudadano inglés de lo más común (si es que se puede decir realmente que “inglés” y “común” son una pareja coherente de gentilicio y adjetivo) y vivir en primera fila la “demolición” del planeta Tierra para construir una autopista intergaláctica ya es bastante absurdo. Salvarse gracias a un viejo amigo, quien en realidad es un ente alienígena cuya actividad profesional combina las prestaciones de sobreviviente, corresponsal y explorador de tierras desconocidas, comienza a ser extraño. Pero entrar de incógnito en una astronave vogona, ser sometido a una lectura de la peor poesía del universo, escapar por un milagro probabilístico (improbabilístico más bien) de morir en el vacío, convertirse en el compañero de viaje de un autoestopista galáctico y recorrer un universo lleno de criaturas disímiles dispuestas tanto a darte la mano como a comerte, ya es una aventura disparatada en regla.

En este universo una toalla es el instrumento más valioso del autoestopista, con excepción de la Guía… Es en este valioso libro editado en formato de micromesón portátil por las grandes compañías editoriales de Osa Menor donde se refiere, para beneficio de los viajeros de a pie, las especies, política, costumbres, accidentes probables y precios de la cocina nativa de todos los planetas de la Galaxia descritos en ella. En esta guía se advierte que una toalla, además de sus usos prácticos, tiene un enorme valor psicológico:

“hará que todos piensen que cualquier ser que haga autoestop a todo lo largo y ancho de la galaxia, pasando calamidades, divirtiéndose en los barrios bajos, luchando contra adversidades tremendas, saliendo sano y salvo de todo ello, y sabiendo todavía dónde está su toalla, es sin duda un hombre a tener en cuenta”.

La Guía… es ya un clásico del humor en la ciencia ficción. Originalmente fue creada para la radio y se transmitió en la BBC por primera vez en marzo de 1978. Su éxito fue tal que el autor decidió convertir lo que había sido un guion radial en una novela que llegara todo el público y en octubre de 1979 se publica el libro. En su estilo narrativo persisten algunos de los recursos propios del guion y, de hecho, leer algunos parlamentos en voz alta y con las entonaciones correspondientes a la situación narrada es incluso más hilarante que leer la novela en silencio y soledad: esta es una lectura para compartir con novias deprimidas, novios estresados, hijos aburridos y amigos en desgracia necesitados de una buena carcajada.

Algunos críticos y editores temieron que el humor de la historia resultara demasiado inglés o que la traducción a otros idiomas hiciera perder mucho del encanto de la obra, pero esta tuvo una acogida igualmente destacada en su edición española. Un año más tarde se publica El Restaurante del Fin del Mundo, la cual obtuvo el mismo éxito y fue adaptada también de previos guiones radiales escritos por Douglas Adams. Entre 1982 y 1992 el autor escribió tres obras más como continuación, y aunque insistía a cada entrega que “esta era la última” sus fans le exigían que no abandonara la historia. Las últimas tres novelas se titularon: La Vida, el Universo y todo lo demás;Hasta luego y gracias por el pescado; y La tierra: fundamentalmente inofensiva.

En enero de 1981 la BBC programa una miniserie basada en La Guía… cuyo guión escribió el propio Adams. A lo largo de la década la popularidad de la historia se multiplicó y fue repetida varias veces tanto en radio como en TV, pero La Guía… siguió dando qué hacer cuando, avanzado el tiempo, fue editada en LPs que llegaron a superar a algunos artistas de música pop. Douglas Adams fue el segundo autor en publicar cuatro libros en formato de Libro Parlante después de Shakespeare, y La Guía… leída por él fue nominada para un Grammy. Además fue el primer audio-libro en CD, la primera producción radial de la BBC en editarse en CD, en MP3 y en el sistema surround 5.1; y su versión televisiva es la primera serie británica en transmitirse en estéreo. En 2003 esta novela se colocó en el 4to. lugar de preferencia de los lectores británicos, solo superada por El Señor de los Anillos, Orgullo y Prejuicio y la trilogía de La Materia Oscura de Philip Pullman.

Douglas Noël Adams, nacido en Cambridge el 11 de marzo de 1952, fue un autor de curiosa trayectoria profesional en sus inicios. Desde muy pequeño se inclinó por la literatura y las artes y ya en 1974 se graduaba de Master en Literatura Inglesa en la Brentwood School. Sin embargo, no fue este el principio de su carrera como escritor: su primer trabajo, a mediados de los setenta, fue como guardaespaldas de una familia árabe radicada en Inglaterra. Ahí comenzó a reunir anécdotas curiosas y a escribir sus primeros guiones para radio. Tras el éxito de La Guía… decidió que aquello era lo suyo y después de haber escrito el libro de igual nombre, continuó produciendo guiones radiales y televisivos entre los que destacan los primeros capítulos de Dr. Who. No obstante, este autor no era tan prolífico como le exigían el público, los productores y los editores, por lo que en su corta carrera pasó momentos bastante amargos .

Además de ser escritor, se destacó su poco en el campo de la música y llegó a tocar algunos temas con Pink Floyd en ocasión de su 42 cumpleaños, ya que era amigo personal de David Gilmour. Este lo invitó a tocar con la banda en el concierto del 28 de octubre de 1994 en Londres. Incluso se dice que el nombre del álbum de 1994 de Pink Floyd The Division Bell parte de una idea de Adams. Entre otros proyectos estuvo vinculado en la creación de varios juegos de computadoras y fue quien escribió el guion y los conceptos para el filme que se estrenó en el año 2005, cuya premiere no pudo disfrutar debido a su prematura muerte. Douglas Adams murió de un infarto cardíaco en el 2001 y de tal magnitud fue la estimación que alcanzó entre sus compatriotas que en su memoria el 25 de mayo es conocido como el Día de la Toalla en Londres. Adams, también conocido por sus iniciales DNA o como Bop Ad o Bob por su firma ilegible, dejó tras su muerte un universo de humor en sus libros y guiones que quizás sean fuente de inspiración para muchos otros creadores.

Con independencia de lo divertido, absurdo o bizarro de sus personajes, situaciones y parlamentos, la saga del autoestopista galáctico tiene interesantes toques críticos a la realidad actual. Con total irreverencia cuestiona la inflexibilidad burocrática, la falta de sentido del humor, el exceso de solemnidad y nuestra tendencia a magnificar lo negativo o no valorar las alternativas y posibilidades de crear nuevos caminos. Se parodian los componentes más tópicos del género de la ciencia ficción, sin perder de vista una trama cimentada en esos mismos elementos clásicos. Pero lejos de la parodia simplona, Douglas Adams lanza una mirada irónica sobre el género, repleta de humor inteligente y aventuras imposibles, una sátira atrevida sobre la creación de la Tierra, las preguntas básicas del Universo y el porqué de nuestra existencia.

(Tomado de Cachivache Media)

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