Cuando despertamos, Isliada estaba allí

isliada
Ilustración: Kalia León/Cachivache Media.

Por: Rafael González Escalona

“La Isla es Comala y los escritores cubanos de la actualidad son una raza de zombies.”
Manifiesto de Isliada

Cuba –a pesar de lo que digan los preciosistas de la geografía– es casi una isla. Y la literatura cubana contemporánea –a pesar de lo que digan sus preciosistas hagiógrafos– es casi un marasmo. Y no lo es por completo gracias a un puñado de glitches que siempre han contribuido con su empeño particular a que el alma de la literatura made in Cuba no termine devorada por su propio aburrimiento. Entre esos errores se puede contar a Isliada, un proyecto que de la mano de Rafael Grillo, Leopoldo Luis y Escael Marrero pretende desde hace cinco años discutir sobre los sinuosos caminos por los que discurre la literatura contemporánea cubana.

Como en todo buen cómic, en el camino a Islíada le han ido apareciendo antagonistas y compañeros de toda laya; a veces durante todo un tomo, a veces no pasan de la página. El proyecto, al margen de premios, ataques y cualquier otra consideración, sigue caminando; se parece bastante a Rocky Balboa a la altura del decimoquinto asalto, una pulpa informe de músculos y sangre que pide le abran un ojo para seguir dando pelea.

Invitamos a nuestra redacción a Rafael Grillo, periodista, escritor y uno de los artífices de Isliada, para hablar de cómo han ido las cosas en este primer quinquenio de la publicación, porque ahora estamos envalentonándonos y a cada rato escuchamos de una nueva revista que nace –Estornudo,Hipermedia Magazine, El Oficio (aún nonata pero ya anunciada)–, pero no deberíamos olvidar que cuando despertamos, Isliada estaba allí.

“Cuando yo fundé mi página”, nos cuenta Grillo, “lo primero que hice fue crear un boletín, que empecé a circular a través del correo electrónico. Entonces comenzaron a llamarme del ISSN, “porque tú estás usando la plataforma nacional para divulgación y un boletín es un medio; tú tienes que registrarlo”. ¿Y qué fue lo que hice? Me busqué un espacio en internet que me ofreciera el servicio de boletín”.

¿Y te dan la posibilidad de registrarlo si quieres?

En teoría sí, pero cuando me di cuenta de cuál era la jugada dije “yo no voy a entrar por este carril”. Tenía que buscarme una institución que me avalara. Busqué en su lugar un espacio en internet que me diese la posibilidad de generar listas de correos y ya no me pudieron decir nada, porque los correos llegaban del exterior. Más nunca se metieron conmigo. Al punto que mi página, que es un medio colocado fuera de Cuba, en una plataforma independiente, ha recibido el premio Palma Digital, en el 2013.

Siempre digo que tengo más independencia que nadie, ¿por qué?, porque tengo línea editorial propia, no tengo subvención de instituciones ni el proyecto pertenece a ninguna, no tengo ingresos por publicidad, ni patrocinios de ningún tipo. Eso es la libertad más grande a la que puedes aspirar, porque no hay quien te pueda pedir cuentas.

Claro, esa libertad tiene su precio. ¿Cómo financias un sitio así? Manteniéndolo con tu propio bolsillo. Y con ingresos mínimos que obtienes por los anuncios de Google, que son centavos, y alguna vez que puedas hacer algo que alguien quiera remunerar, siempre desde los presupuestos del sitio. No le hago publicidad a nadie.

Hay que buscar alguna vía de subsistencia, parte de tus energías debes dedicarlas a encontrar la solvencia. Se puede intentar la vía delcrowdfunding (micromecenazgo), aunque hasta ahora, para que esto funcione en Cuba, está el problema de cómo cobrarlo acá, sin una cuenta desde el exterior. Además que habían — ¿hay? — muchas plataformas decrowdfunding cerradas para Cuba.

Existe otra vía, la de generar productos específicos con fines de lucro; crear productos para ganar dinero y sostener el proyecto.

Si se abre Amazon y PayPal para Cuba, probablemente se abra un camino interesante para la venta de libros y revistas cubanos a través de internet. Claro, esto implicaría no solo el esfuerzo de crear productos, sino también de promocionarlos, para que sean rentables. Otro de los mecanismos en boga hoy es el pago de cuotas de suscripción, para un usuario que quiera consumir tu producto de manera sostenida. Funciona tanto con editoriales, como con publicaciones periódicas.

¿Por qué hacer una publicación de ese tipo en Cuba teniendo en cuenta la poca penetración de internet en el país y lo específico de su tema?

Espacios como Isliada tienen cabida en un momento como este en el que sí, van a haber medios globalizados, que son los que tienen grandes espacios de lectores, pero hay también pequeños nichos que pueden ser ocupados por otros medios, ahí es donde hay que trabajar con otra perspectiva. Ese es mi espacio.

En el caso de Isliada, desde el principio yo sabía cuántos iban a ser los inconvenientes de un sitio como este, y a pesar de ello lo he mantenido y ha ido creciendo a un ritmo previsible, teniendo en cuenta que no estoy dispuesto a hacer determinadas concesiones. Si yo me hubiese dejado llevar por la tendencia mundial de generalizar y globalizar, Isliada no sería una web de literatura cubana, sería una web de cualquier cosa, y tuviera personas de dondequiera publicando; pero el tema es Cuba, voy a seguir promocionando literatura cubana, aunque sé que eso me quita un enorme sector de posibles usuarios de una página de literatura más generalista.

El consumidor más importante que tiene Isliada actualmente son los medios académicos internacionales, porque es común que en muchas universidades haya un departamento de estudios latinos. De ahí han surgido muchos encuentros y espacios con autores cubanos, porque los han descubierto a través de Isliada.

Esto se entiende si explico un poco de dónde sale la idea de Isliada. Un lector extranjero que acceda a los sitios cubanos que promueven literatura cubana se va a encontrar un primer gran sinsentido. El mercado editorial cubano es un mercado nacional, nuestras editoriales producen para el lector cubano. Aquí no se exportan libros, hay un contacto mínimo con las ferias internacionales, en sentido general el libro cubano no sale de aquí.

¿Cómo se promueve el libro desde Cuba? A través de reseñas, para libros que no puede leer otro lector que no sea el cubano. O sea, ese autor publicado por una editorial cubana no va a ser conocido fuera de Cuba porque, aunque lean la reseña sobre su libro, no van a tener acceso al mismo. Entonces, lo que hice fue crear un espacio para publicar algunas reseñas, pero sobre todo relatos y fragmentos de novelas, piezas de la narrativa cubana como tal.

Cuando se funda Isliada yo quería ofrecer literatura cubana, que el lector llegara a cuentos, a poemas. En la página hay un espacio de reseñas pero es lo que menos actualizo y menos me interesa. Porque te das cuenta que el lector de internet es un lector distinto; el usuario que se mueve en las redes ya se acostumbró a consumir directamente, intenta pasar por encima de la mayor cantidad de mediadores posibles. En el contexto particular de la literatura se habla mucho de la crisis de la crítica, pero creo que es un reflejo de la crisis de la mediación; la gente no quiere leer el ensayo sobre un libro, quiere llegar directamente al libro, probarlo.

Tú no crees en la necesidad de la crítica.

A ver, yo no hablo del deber ser, no estoy haciendo un juicio de valor, estoy hablando de un hecho. En Amazon o en muchas otras librerías, el usuario puede “probar” un capítulo, de manera gratuita. Si le gusta, compra, si no, sigue a otra cosa. Ese es el concepto de probar el producto, es lo mismo que echarse un poco de perfume en la tienda. El lector en internet está acostumbrado a eso, a recibir una mediación más emotiva, que venga del círculo de amigos, del like de las redes sociales, de las experiencias de lectura compartidas.

Vuelvo con lo que me preguntabas anteriormente. Otra cosa que quería conIsliada era romper cierta visión de la literatura de culto que existe en Cuba, cierta división de que los géneros populares como el policiaco, la ciencia ficción y la novela romántica son mala literatura. Esos son los géneros que venden en el mundo y en Cuba es lo que menos se publica, hay todavía una visión alto-modernista –que ya vendría a ser tardo-modernista– de gran literatura y baja literatura.

La página tiene una sección específica de policiaco, de ciencia ficción; con esto quería motivar el desarrollo de esos géneros en Cuba, que están estancados. En nuestro país hay una producción interesante de ciencia ficción, es uno de los espacios mejor organizados; tienen grupos, generan eventos, que pudieran ser favorable para que la literatura de ciencia ficción cubana sea visible en el exterior.

El prólogo de la recopilación que hice a partir de lo publicado en Isliada de literatura policial, La Isla en negro, me lo publicó la revista Books como un ensayo. Te das cuenta que cosas como esas les interesan, como el cómic, que es un espacio de culto y objeto de estudio. Hoy los estudios culturales están analizando la producción literaria del momento, las nuevas formas de la novela romántica, como el chick-lit y el man-lit. Entonces yo no quería crear algo que partiera desde mi visión del deber ser literario, sino que estuviera en función de un contexto que está ahí, que se puede acceder a él y en el que se puede proyectar la literatura cubana.

A mí no me interesaba hacer crítica literaria al uso, como sucede con todas las revistas literarias cubanas, que analizan el libro hacia adentro de la lógica del proceso artístico y no de lo social, del contexto. La literatura cubana no es solo los libros, es también el funcionamiento institucional, editorial, de distribución y promoción del libro. Eso es algo que he potenciado dentro de la página. Intento analizar todo ese contexto, abrirlo, mostrarlo y exhibirlo, cómo se siente el escritor cubano en ese contexto editorial, qué puede leer, qué no puede leer, cuáles son sus influencias, cuáles son las experiencias del lector.

Hemos destripado, en el mejor sentido del término, la Feria del Libro y las presentaciones de libros. Cualquier evento particular que se celebre aquí, contamos cómo es por dentro.

Algunas personas piensan que Isliada es una revista, porque ven una cierta regularidad de la actualización, pero yo no quería hacer una revista sino una base de datos de la literatura cubana que estuviese accesible en cualquier momento, y engendrar productos a partir de esa base de datos.

Una de las primeras cosas que hice en Isliada, con apenas seis meses de fundada, fue enviarle a todos los usuarios un libro en formato PDF que consistía en una compilación de cuentos aparecidos en el sitio que además tuvo, desde su propia concepción, una idea muy del contexto digital.

Lo que hicimos fue colgar una encuesta para que los usuarios del sitio escogieran los 21 cuentos que más le hubieran gustado de los espacios de narrativa del sitio, y con los más votados armamos un libro de descarga gratuita. Con esto no solo empezamos a producir libros, también logramos que el usuario lea desde la página; no nos preocupaba que el producto fuera libre, si no generar esa interactividad con el lector, que participara en la creación del libro.

Después empezamos a colgar libros en Amazon, pero nos dimos cuenta que para que eso fuera productivo era necesario un gran esfuerzo y dinero; y no estábamos en condiciones de ello en ese momento, sobre todo porque el equipo se disgregó.

Hemos publicado primicias de libros que están por salir, algo que nos interesa mucho. Por ejemplo, El País e Isliada fueron los dos primeros lugares donde aparecieron fragmentos de la novela Herejes, de Leonardo Padura, antes de que saliera al mercado –también La Gaceta de Cuba publicó un fragmento, pero como sale en papel, demoró más–.

Tambien hemos incorporado un canal en Youtube, Isliada Canal, con productos específicos para este. Ahí encuentras reseñas, entrevistas, trailers, tratamos de fomentar la experiencia de lectura en formato audiovisual.

¿Ha variado algo de la pretensión inicial del proyecto?

No sé, pienso que hemos sentido cada vez más la necesidad de interactuar con el espacio real, trascender el ámbito digital, sin perder la noción de que nosotros básicamente somos un proyecto virtual. Por ejemplo, el libro El martillo, la hoz y otros cuentos que preparamos se convirtió en libro de papel, publicado por una editorial en Cienfuegos. Además estoy haciendo una trilogía de antologías –el segundo libro debió salir en esta Feria del Libro– que son Isla en negro, Isla en rojo e Isla en rosa. Al año de estar online, hicimos un evento para reunir todos los proyectos que estaban usando internet para promover la literatura. En aquel momento contamos con el auspicio de la UNEAC, pero sería bueno hacer otro evento de este tipo. De esos encuentros siempre nacen ideas. El año pasado participamos en la organización de un taller sobre literatura digital impartido por el destacado investigador español Vicente Luis Mora.

Además, con un sistema parecido al de El Paquete Semanal, hice cincuenta paquetes de libro, de 30 libros cada uno, para un total de 1500 títulos, pero no tuve la suerte de que la gente en la calle promoviera el producto. La idea era diseminar un paquete de 30 libros semanales, por un precio mínimo, sin perder la lógica comercial incluso. En cualquier caso, también se lo di al Instituto Cubano del Libro para que ellos también lo compartieran.

Pensamos también abrir un café literario, Isliada Café, pero eso necesita un gran capital y una fuerte dedicación. La idea es pensar en cómo cambiar la venta del libro en el contexto físico, diseñar un lugar donde el libro y la literatura sean lo central, pero no necesariamente la venta del libro. Un espacio de encuentro para que las personas lean, se conecten, vean los videos de Isliada Canal, si quieren compren un libro, si no lo lean un rato y al final, por lo menos consumen tres cafés. Pero no pudimos llegar hasta ahí, el equipo se desmembró.

No obstante, la idea es mantenernos como un proyecto sobre internet, aunque sí me gustaría hacer una Isliada Antológica, que reúna lo mejor de los cinco años, siguiendo la lógica de las listas, con los mejores relatos, las mejores entrevistas, etcétera.

¿Qué reacciones ha encontrado el proyecto, tanto por parte de los lectores de los espacios académicos fuera de Cuba, cómo al interior de Cuba?

Lo más significativo para mí es que llevo cinco años sin pagar un medio por las colaboraciones y todavía sigo publicando textos; la gente me ofrece cosas, incluso primicias, para publicar en el sitio, independientemente de la remuneración. Eso da una idea de la validación del sitio.

Se siguen haciendo cosas por amor a la literatura.

No solo por amor a la literatura; eso te da una idea además de que ven el sitio, ven que es importante estar ahí, eso es capital simbólico. Una de las cosas que gana un espacio es capital simbólico e Isliada tiene bastante. Las personas relacionadas con este mundo si no la han leído por lo menos la conocen de oídas.

Además ha sucedido algo muy curioso, las personas que han publicado por primera vez en Isliada de manera casi inmediata han ganado premios, reconocimientos, han publicado libros. Más que un acto de legitimación, creo que publicar con nosotros les sirve a los autores como estímulo para seguir escribiendo.

(Tomado de Cachivache Media)

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