Breve diario de una convención de cómics

silicon valley cubana
Esculturas del Museo Madame Tussaud en Silicon Valley Comic Con. Fotos: María Elena Marcelo/Cachivache Media.

Por: María Elena Marcelo

Lo primero que me pasa por la cabeza es “Darth Vader me está mirando de una forma un tanto sexual”. Me siento halagada, Darth Vader es una cosplayer con unos senos y una cintura que parecen listos para hacer cameo en un anime. Mientras camino hacia la entrada del San Jose Convention Center, la cola para registrarse en el primer Silicon Valley Comic Con le da la vuelta a la esquina. “Nada mueve a la gente de esta área como la tecnología y la cultura geek”.

El Silicon Valley es la región que bordea el sur de la bahía de San Francisco; aquí nacieron Google, Apple, y Pixar. La fuerza –y la proporción de geeks con gente normal– es fuerte en estas ciudades. Hasta este año, los amantes del manga, el anime y la ciencia ficción teníamos que ir hasta Anaheim o San Diego para disfrutar de un Comic Con decente. La cercanía y el patronaje del cofundador de Apple, Steve Wozniak, han hecho del evento todo un éxito de taquilla que ha tenido a la comunidad de seguidores de estos eventos con las expectativas por el cielo. Los hoteles y los bares de San Jose están llenos, las carreteras son un infierno, los cosplayers desfilan sus disfraces por las calles.

A la 1:00 pm hay una multitud abrumadora, no tan grande como en elComic Con de San Diego, pero sí lo suficientemente grande como para sentirte parte de una comunidad. Afuera, los que esperamos para entrar vamos planeando qué áreas visitar, y quién creemos que va a ganar el concurso de cosplayers. Una vez dentro, después de recorrer todas las salas de exhibición noto que hay más puestos de artistas que en el Super Con de Florida, pero menos vendedores de comida –y la poca que hay se parece alrootleaf stew que Yoda le ofrece a Luke en la Guerra de las Galaxias–. Pero la principal diferencia entre esta y otras convenciones es la presencia de la cultura de tecnología que emana el Silicon Valley.

Luego del registro, los voluntarios te dan una manilla con tecnología de radiofrecuencia (RFID) para entrar a las áreas de exhibición. Es un precioso alarde tecnológico, pero hace el proceso de entrar y salir de cada salón mucho más lento que lo necesario. Me siento como una vaca llevada al matadero, forzada a esperar en “una línea” mientras voy del área de los vendedores hacia el área de las celebridades.

El museo de cera Madame Tussaud trajo esculturas de Jennifer Lawrence como su alter ego Katniss, y Chris Evans como Captain America, pero la muchedumbre se agrupa cerca de las esculturas de Steve Jobs, Wozniak, y Mark Zuckerberg como polillas a la luz. Solamente en el Silicon Valley personalidades de la vida real podrían competir con personajes imaginarios en una convención de cómics.

Pero las verdaderas zonas de guerras son las áreas de realidad virtual. La compañía Matter VR nos promete la “verdadera experiencia emocional” del primer vuelo de los hermanos Dwight, aunque a mí –mientras me maravillo con la improvisada pista de aterrizaje y me da lástima con los descoloridos espectadores impacientes– me parece que lo que destaca es el largo proceso que lleva a las grandes invenciones. Google se encarga de engatusar a niños y adultos por igual con Spotlight Stories. Tactical Haptics, Monster VR, entre otras compañías, tienen listas de espera para dejarnos hacer tareas tan mundanas como recoger frutas, tareas que en realidad virtual hacen latir al corazón más fuerte.

Pero todos los caminos llevan a Roma, y como en todos los Comic Cons a los que puedo asistir hago honor a quien honor merece, voy a los estantes tranquilos donde me esperan mis personajes favoritos. A los vendedores de cómics les falta el glamour de los otros stands, no tienen estantes llamativos ni artistas renombrados –porque los dibujantes y guionistas tienen su área propia–, pero aquí me siento como en casa. Los pequeños libritos se amontonan en cajas que los dividen por categoría: Spiderman, Wonderwoman, Independientes, DC, Marvel, y New Marvel.

La gente pasa por delante de los cómics y parece que pensaran: “No hay nada que tocar, no hay realidad aumentada, nadie merecedor de un momento en mi Snapchat.” Hasta un vendedor de pancakes tuvo más público en cierto momento que los vendedores de cómics. Las colas para tirarse fotos autografiadas con Nathan Fillion, Michael Fox o Jeremy Renner son enormes. Pero los ojos me brillan como a una niña cuando me lo encuentro a él… mi Before Watchmen, usado, en la pila de libros que están en rebaja porque los snobs sólo compran Watchmen si son ediciones de 1985. Una nueva adquisición, un nuevo libro, un viejo universo, un viejo placer, unas horas más con mis personajes preferidos.

No me malinterpreten, no tengo nada en contra de la tecnología ni el cine; voy a ver películas más de lo que le conviene a mi billetera, vivo en el Bay Area, me emocionan las posibilidades de la realidad virtual o aumentada, y leo Wired religiosamente, pero en un evento llamado Comic Con, esperaba más personajes 2D que 3D. Quizás soy anticuada. Aunque bajando las escaleras del San Jose Convention Center tengo sentimientos mezclados, me anima un libraco pequeño y medio desvencijado, de los que nadie miraba, de los que estaban tirados en la pila de un dólar, que me acompañará esta noche lo suficiente para recordarme por qué vengo a estos eventos.

(Tomado de Cachivache Media)

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