De la Comunidad del Anillo a SNET: las redes en la Tierra Media

SNET Cachivache Media
Print screen de SNET

Por: Félix Manuel González Pérez

Si esta publicación hubiese nacido el año pasado, probablemente habría escrito que Street Network (SNET por sus siglas en inglés), es una red informal autogestionada que se extiende desde el municipio capitalino del Cotorro hasta Bauta en la provincia de Artemisa, y conecta a todos los municipios de la capital por wifi o por LAN. Y esa descripción hubiese sido certera.

Sin embargo, como Cachivache Media nació en el año del mono de fuego, si alguien me pregunta por la Red de la Calle lo remito a la Tierra Media. Ya sé que es curioso -y hasta terriblemente irónico- que en lugar de volver sobre los grandes teóricos del concepto de comunidad, termine citando al creador de El Señor de los Anillos.

El reino de Tolkien es una metáfora sublime de la red. En ella puedes tropezar con trolls,[1] enanos, elfos, humanos, ogros y todo tipo de sustitutos digitales. Lo mismo te encuentras a Légolas y Saruman en un foro de noticias, que a Gandalf y Thranduil discutiendo sobre la Serie del Caribe en una partida de Call of Duty.

Por su naturaleza heterogénea y sus políticas inclusivas, SNET se ha convertido en una plataforma infocomunicativa de obligada referencia. De hecho, gracias a SNET, Cuba figura en la lista de países en los que funcionan comunidades de redes inalámbricas (wireless community networks), que son agrupaciones de usuarios, instituciones o empresas que libremente deciden construir una red informática para garantizar el acceso público a contenidos.

Si a esto le sumamos su carácter no gubernamental y su esfuerzo por sobrevivir durante más de 8 años en un contexto que desde el punto de vista legal y jurídico le es hostil, debemos reconocer que la Red de la Calle es un proyecto extraordinario, que además de poner a prueba los conocimientos y potencialidades de los usuarios asociados a la informática y las telecomunicaciones, vislumbra la gestación y consolidación de una verdadera cultura de los entornos virtuales en Cuba.

Si bien SNET nació para facilitar el uso de videojuegos en red, ante la imposibilidad de utilizar Internet para los deportes electrónicos, hoy día la Red de la Calle es mucho más que eso. Las prestaciones, servicios y aplicaciones que ofrece esta plataforma en la actualidad son verdaderamente sorprendentes.

La plataforma tiene redes sociales, ftp (file transfer protocol) para compartir contenidos, canales de radio con disc-jockeys, música streaming en vivo, páginas de descarga de aplicaciones para Android, iOS o cualquier otro sistema operativo, foros para desarrolladores e ingenieros que ayudan en la concepción de programas para la navegación, la búsqueda de información y el rendimiento de la plataforma, sitios para poesía, literatura, comics, deportes… La lista es gigantesca

Las páginas SocialHabana y Sígueme, son dos de los mayores atractivos de la red en la actualidad. Ambas funcionan como Servicio de Redes Sociales (SRS) bastante similares a Facebook, donde los usuarios pueden construir perfiles, actualizar su estado, chatear, compartir contenidos, comentar, etcétera.

Un aspecto a destacar de SNET es que tiene prohibido cobrar por los servicios que ofrece; o sea, es completamente gratuita. La conexión se mantiene por los esfuerzos de sus miembros, quienes no cuentan con apoyo de ninguna entidad estatal que les provea recursos para la comunicación en red, ni servidores o puntos de acceso a los cuales ensamblarse para ampliar la conexión.

Son los usuarios quienes compran los cables, discos duros, antenas, routers, Nanos M2 (dispositivo de conexión inalámbrica) y otros artefactos en comunidad, a partir de la comprensión de que su aporte solventa una necesidad colectiva.

Si la red ha sobrevivido todos estos años es en gran medida gracias al aporte de sus miembros y al cumplimiento de su reglamento, el cual impide hablar de política o religión, usar avatares sexualizados, tener prácticas irrespetuosas entre los usuarios o hacia los administradores, usar lenguajes vulgares, etcétera. En estos “mandamientos” está estrictamente prohibida la circulación de pornografía, o el uso de la infraestructura para conectarse a Internet. La violación de algunas de estas medidas supone la separación temporal o definitiva de la red, y el desconocimiento del reglamento no exime de responsabilidad al usuario.

Pero si algo nos ha enseñado la Filosofía, es que la satisfacción de una necesidad siempre acaba engendrando otra. Si bien SNET fue la respuesta ante la inexistencia de una plataforma para la comunicación pública, el intercambio de información y la interacción en entornos virtuales, su progresiva expansión generó otra necesidad inaplazable: abandonar el terreno difuso y alegal en que se encuentra.

Aunque en estos momentos la lucha simbólica entre SNET y los organismos del Estado que regulan las telecomunicaciones en Cuba, ha llegado -al parecer- a un punto de concilio, ya que el ministerio de la Informática y las Comunicaciones está elaborando un nuevo documento regulatorio que se espera consienta estas prácticas, la ampliación del marco jurídico existente, traería numerosas ventajas tanto para los ciudadanos como para el Estado.

En primer lugar, el gobierno pudiera valerse instantáneamente de una de las plataformas infocomunicativas más acabadas con que cuenta la Isla, que es capaz de ofrecer, en la actualidad, numerosas prestaciones y servicios. Y no es cualquier plataforma, es una plataforma en la que los usuarios confían.

La Red se convertiría, al mismo tiempo, en fuente de nuevos empleos para informáticos, comunicadores, periodistas, diseñadores, administradores de páginas web, y otros profesionales.

Un entendimiento entre las partes habilitaría nuevas propuestas de relacionamiento social. Se accedería a más de diez mil usuarios interconectados capaces de articular prácticas de participación ciudadana, con los que pudieran interactuar los medios de comunicación y otras instituciones del Estado. El gobierno pudiera gestionar nuevos servicios y cobrar impuestos por el uso del espectro radioeléctrico del país (que supuestamente se está violando).

La plataforma pudiera, además, facilitar el comercio electrónico al interior de la Isla, habilitaría nuevas formas de trabajo por cuenta propia, facilitaría la consecución de estrategias asociadas al aprendizaje electrónico (e-learning) y prepararía la transición hacia la concepción de un gobierno electrónico (e-government), como instancia superior en el desarrollo de las relaciones entre el gobierno y la población.

Un diálogo coherente y respetuoso, que atienda a las necesidades y aspiraciones de los actuales usuarios de la Red de la Calle, podría convertir a SNET en una herramienta de acceso abierto, legal y público, para beneficio de todas las partes. De nada valdría continuar limitando el crecimiento de una plataforma –ciudadana- que nació para resolver necesidades comunicativas que otras estructuras o instituciones eran incapaces de satisfacer.

No existe peor obstáculo que el miedo a intentar. En la Tierra Media también había Ojos de Mordor, Nazguls, y Lenguas de Serpiente, y aún así la Comunidad del Anillo cumplió su misión. Hagamos caso a Tolkien: “Donde no falta voluntad siempre hay un camino”.

NOTAS

[1] En el argot de las redes se les llama trolls a aquellos usuarios que se conectan a videojuegos para molestar, bromear y desestabilizar las partidas.

(Tomado de Cachivache Media)

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